Macri y el Fino Palacios: lo que viene

Por Pablo Alabarces.

Lo que buscan es reprimir –la protesta social, el hambre en las calles, tantos y tantas sin techo– y, para eso, los pocos antecedentes conocidos del tipo son más que suficientes.

Hace algunas semanas, exactamente cuando Macri designó a ese tal Jorge "Fino" Palacios como jefe de su nueva policía personal –después de las elecciones, porque tuvo el cuidado de esconderlo antes, no sea cosa de que–, una querida y respetada colega que trabaja en la UBA y en el CELS me hizo una consulta sobre su pasado como jefe de seguridad, o algo así, de Boca Juniors. Estaban preparando la impugnación del nombramiento, y como todos estos zurditos desestabilizadores son bastante serios, querían acumular todos los datos posibles. La carta resultante, que puede verse en la página del CELS (Cels.org.ar), es impecable, cuidada, sesuda y mesurada. No puede decirse lo mismo de las respuestas airadas de sus defensores, desde el propio Macri, que le tiene confianza personal porque le resolvió un par de entuertos años atrás, o el secretario Montenegro, que alega conocerlo desde hace mucho: toda una garantía.

Lo cierto es que los argumentos a favor del sujeto de marras son bastante débiles: las condecoraciones alegadas, por ejemplo, son fórmulas de cortesía –¿o hace falta que enumeremos las que tiene Videla?– y el respaldo de la DEA y el FBI puede funcionar como cualquier cosa, menos como respaldo. Las objeciones, en cambio, son muchas: que lo hayan desprocesado por haber salido a reprimir el 20 de diciembre de 2001 no puede esgrimirse como mérito, si consideramos que también lo absolvieron a De la Rúa –y los muertos de ese día siguen sin tener un solo responsable–. Lo de la AMIA todavía está en veremos y es demasiado grave como para tolerar el nombramiento, en un país serio, claro. En éste, estar acusado de encubrimiento en el mayor atentado terrorista de nuestra historia te permite ser presidente. Pregúntenle a Menem, por ejemplo.

Hay varias cosas llamativas más en este desaguisado. Por ejemplo, que a raíz de la consulta de mi colega comencé a rastrear el currículum del tipo en internet: supuse que una figura de tanto prestigio exhibiría sus méritos en la web, que cualquier googleada lo resolvería. Más: imaginé que el Gobierno de la ciudad, orgulloso de la trayectoria del tipo, habría colgado sus antecedentes para que cualquier ciudadano atento pudiera jactarse de lo bien cuidada que iba a estar su seguridad. Y bien: en un mes de búsqueda no pude encontrar una mísera línea con la foja de servicios de nuestro nuevo Ubaldo Martínez (¿alguien recuerda ese film de 1967, Ya tiene comisario el pueblo?). Si este buen señor tiene algo parecido a un currículum, esa cosa mínima que te piden en cualquier trabajo, lo tiene bien escondido. A esta altura del partido, una reseña de la vida no se le niega a nadie: los académicos, por ejemplo, tenemos una página organizada por Ciencia y Técnica (http://www. sicytar.secyt.gov.ar/) donde se puede rastrear nuestra vida y producción. De este tal Palacios, en cambio, no podemos saber ni siquiera si ascendió de cabo a comisario, cosa que ya ocurrió una vez en la historia argentina.

Tanta búsqueda tenía que ver, como dije, con la consulta que me hicieron: parece que, en una época (después de que lo echaran de la Federal, porque además lo echaron de la Federal…), Macri lo conchabó como jefe de seguridad del club Boca Juniors. Yo sigo buscando eso: quiero saber las fechas, quiero saber las funciones, quiero saber de qué se jacta. Porque, como dice la carta del CELS, ese antecedente "no puede no hacernos conjeturar acerca de su pertenencia activa en las bien conocidas tramas de ilegalidad y violencia entre las hinchadas de fútbol, determinadas comisarías de la Capital y punteros políticos". Hasta donde yo sé, el paso de Palacios por esas funciones de seguridad deportiva no permitió, justamente, el desmantelamiento de la barra de Boca, que ya ha sido objeto de dos fallos judiciales –la cárcel de José Barrita, primero, y la de Rafael Di Zeo, más tarde– sin que sus actividades hayan cesado: quizás precisamente porque los encargados de la "seguridad" del club (entre Macri y Palacios, por ejemplo) no tienen el menor interés en que eso ocurra.

En fin: cuando Palacios afirma que es objeto de una campaña de desprestigio, omite señalar cuánto ha colaborado él mismo con esa campaña; que en realidad, esa campaña es innecesaria, porque ya está desprestigiado por su propia trayectoria. Más bien, comparto lo que Cristian Alarcón escribió en este diario el viernes pasado: lo que buscan es reprimir –la protesta social, el hambre en las calles, tantos y tantas sin techo– y, para eso, los pocos antecedentes conocidos del tipo son más que suficientes. Eso sí: a juzgar por su desempeño en Boca –lo que hemos podido saber de eso entre tanto ocultamiento vergonzoso y vergonzante, indigno de una democracia y de la publicidad de los actos de gobierno–, aquellos que confían, junto a Macri, en que Palacios va a "combatir la inseguridad", pueden olvidarse de esa expectativa. Para eso no sirve.

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