De la maceta al jardín

Como Pinochet o Scilingo, también Massera fingió demencia para eludir el juicio. Los peritos forenses argentinos aceptaron la simulación, pero el médico legista italiano Piero Rocchini lo puso al descubierto. El test de Bender descubrió el engaño. El juez puede reabrir el proceso y pedir la extradición a Italia. ¿Qué pasará con los juicios en la Argentina?
El ex comandante en jefe de la Armada Emilio Massera está en condiciones de ser sometido a juicio y los síntomas que presenta son ficticios, dictaminó el perito médico forense enviado por los tribunales de Italia para verificar su estado actual de salud. De acuerdo con ese dictamen del perito Piero Rocchini, el juez Marco Mancinetti podría ordenar la reapertura del proceso que se le sigue en Italia por la desaparición de Angela Aietta de Gullo, Giovanni Pegoraro y su hija Susana, además del secuestro de la hija de ésta, nacida en cautiverio. Por esos mismos delitos ya fueron juzgados y condenados a cadena perpetua en rebeldía los ex oficiales Jorge Eduardo Acosta, Alfredo Ignacio Astiz, Jorge Raúl Vildoza, Antonio Vañek y el envenenado Héctor Febrés. En tal caso, la República Italiana solicitaría la extradición del ex dictador. Massera pasó la mitad de las últimas dos décadas bajo suaves formas de arresto, en unidades militares, en moradas bien y malhabidas y en el Hospital Naval.

Las conclusiones del peritaje dicen que “Massera, quien experimenta una moderada declinación psíquica, causada por una inicial demencia vascular, con acentuación de las manifestaciones sintomatológicas a causa de una concomitante perturbación ficticia con síntomas psíquicos, o de un cuadro de simulación, debe ser considerado plenamente en condiciones de ser sometido a juicio, pese a posibles intentos manipulatorios, más o menos conscientes, actuados por medio de exageraciones, incluso espectaculares, de síntomas psíquicos ficticios”. Este dictamen contundente también abre un interrogante sobre los peritos argentinos que dictaminaron que sufría un estado de involución mental tras haber sufrido en 2001 un derrame cerebral (“hematoma subdural”) y la jueza María Servini, quien sobre esa base lo declaró “insano” e incapaz de enfrentar un proceso penal, lo cual fue avalado por la Corte Suprema de Justicia.

En Italia no le creyeron

Esos peritajes argentinos fueron puestos en duda en Italia. El especialista internacional Luigi Cancrini cuestionó el test con dibujos practicado a Massera, que sirve para evaluar la afectividad de los niños. También consideró normales sus dificultades para hablar, pero no por el derrame cerebral que sufrió sino debido a los numerosos medicamentos que consume (Rivotril, Zoloft, Intelec, Lotrial y Sintrom). Por ello el juez Mancinetti envió en 2007 al perito Roberto Tatarelli, quien luego de sortear los obstáculos que le puso el entonces juez y ahora ministro de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, hijo de un almirante de la Armada, pudo realizar las pruebas necesarias el 5 de marzo pasado. Aun así, Montenegro no permitió la toma de un encefalograma a Massera. El perito Tatarelli concluyó que Massera padecía una forma de demencia cerebrovascular de gravedad media e inestabilidad emotiva, con elementos de exageración, que no le permitirían afrontar un juicio. El juez Mancinetti suspendió el proceso y estipuló una revisión periódica para evaluar posibles cambios en su salud. En noviembre del año pasado, Mancinetti envió al perito Piero Rocchini para que actualizara la situación de Massera. La jueza Servini de Cubría autorizó el nuevo examen, que se realizó en el domicilio del ex dictador el 3 de diciembre de 2008.

“No lo torturen más”

El trámite duró tres horas y fue interrumpido varias veces por los gritos de Emilio Esteban Massera, hijo del ex marino. Ni él ni su madre, Delia Lily Vieyra, prestaron colaboración. Cuando Massera contestaba las preguntas rutinarias sobre el nombre de sus padres y sus hijos y las fechas centrales de su vida, ellos no las corroboraban, alegando que no lo recordaban. Sólo dijeron que no bebía, pero Massera los desmintió: “Bebo vino todos los días. Mi especialidad es el cognac. Me gusta el cognac”. Esposa e hijo son los tutores judiciales de Massera, pero cuando el perito les pidió los exámenes médicos posteriores a 2004 dijeron que ignoraban su existencia o que no sabían dónde estaban. Ante una pregunta sobre sus progenitores, Massera dijo que su padre murió en 1920, cinco años antes de que él naciera, que fueron envenenados en 1925 y que los mataron los peronistas en 1955. Los gritos de la mujer y el hijo: “¡Basta de torturarlo!” (sic) alteraban a Massera y obligaron a retirarlos de la habitación. Durante el examen clínico, Massera se puso de pie con ayuda del perito y de la enfermera, pero luego caminó sin colaboración de un extremo a otro de la habitación, regresó al primer lugar y se sentó. Arrastraba ligeramente el pie derecho. Durante el examen neurológico mostró buena comprensión de las órdenes, buena conservación del esquema corporal y pasó sin dificultad todas las pruebas, como llevarse el dedo a la nariz, mantener los brazos extendidos, cerrar los ojos, cerrar la mano, succionar, con fuerza y tono muscular normales para un hombre de 83 años.

El tono irónico

La simulación se hizo evidente en el análisis psíquico, realizado mediante un intérprete. Massera estaba lúcido y consciente pero se declaró desorientado en el tiempo y el espacio, con lagunas de memoria sobre personas y situaciones, “más marcadas en el largo plazo que en el corto, al contrario de lo que se encuentra aun en las más avanzadas demencias”. Ante preguntas banales, ya fuera sobre hechos recientes o antiguos, su respuesta más común fue “no recuerdo”. Cuando suministró datos incorrectos sobre los miembros de su familia, luego los rectificó. Cuando le preguntaron sobre el juicio en Italia se mostró sorprendido, pero en tono irónico agregó: “Me viene a ver tanta gente”, en referencia a los distintos peritajes a los que fue sometido. Habló siempre con voz calma y muy conectado con el interlocutor. “Se expresó en forma fluida, con frases bien construidas, nexos lógicos casi siempre bien conservados y lenguaje pertinente”. Pese a sus declaradas lagunas de memoria “la ideación fue normal, en forma, contenido y velocidad”. Dados los repetidos “no sé” de sus respuestas, el perito no pudo profundizar su capacidad de crítica y análisis de la realidad, aunque “a menudo respondió con buen sentido de la ironía, comentando con propiedad y lógica, por ejemplo, un proverbio. En ningún momento aparecieron elementos que pudieran indicar la presencia de desórdenes psico-sensoriales. La voluntad aparece discretamente conservada”.

La simulación se comprobó en forma que el perito considera irrefutable con el test de capacidad visomotora de Bender. Según su propio creador, es imposible con esta prueba simular un daño orgánico. “El simulador tiende a distorsionar la reproducción de las figuras propuestas según su propia interpretación errónea de la enfermedad”. Si el test se repite unos días después, el sujeto no recuerda los errores que cometió la primera vez e incurrirá en otros distintos. Esto es lo que ocurrió con Massera, pese a que sólo medió un par de horas entre su primera y su segunda respuesta al test. La repetición del mismo error sugiere una lesión orgánica, su ausencia la descarta. “Errores marcados en una prueba estuvieron ausentes en la otra, y viceversa. Por ejemplo, la figura 4 fue bien seguida en un caso y tan mal como para que fuera difícil reconocerla, en el otro; en una muestra el sujeto se mostró incapaz de hacer que las líneas de la figura 6 se cruzaran, pero en la otra la gestalt se mantuvo en forma correcta”. Según el perito, Bruhn y Reed demostraron que este test es infalible para descubrir la simulación, “sin posibilidad de error”. Massera también tuvo un desempeño muy superior al de la prueba realizada en marzo de 2008 en el test MMS (mini mental score).

Perturbación ficticia

Durante toda la entrevista, Ma-ssera mostró conciencia de la situación, “discriminando roles e identificando correctamente las diferentes figuras profesionales, a pesar de haber declarado al principio una significativa desorientación en el tiempo, en el espacio, en las personas y en las situaciones. En ningún momento se mostró incoherente o desconectado relacionalmente”. No se detectaron déficit ni anomalías del lenguaje espontáneo, ni dificultades ideativas, ideomotrices, motoras, constructivas o verbales, ni siquiera leves. “Su intento de representar una enfermedad neuro psicopatológica grave, aunque no tenga esa entidad, puede calificarse, a la luz de las informaciones disponibles y dada la comprensible dificultad diagnóstica en un sujeto no colaborativo, como perturbación ficticia sobre síntomas psíquicos o como un verdadero cuadro de simulación de enfermedad mental.” La diferencia es que en la perturbación ficticia las motivaciones son inconscientes y en la simulación, plenamente conscientes. Pese a su declaración inicial de ignorancia sobre el procedimiento, “se lo vio consciente de la situación legal en que se encuentra; reconoció y distinguió el rol de las diversas partes involucradas en el procedimiento, comprendió bien la finalidad de la investigación a la que fue sometido y tenía conocimiento de que se lo procesa por hechos que la ley considera como delitos. Pese a reconocer la credibilidad de un moderado decaimiento psíquico causado por una inicial demencia vascular, la presencia de suficientes elementos cognitivos de comprensión y análisis del contexto en que se encuentra, llevan a considerarlo procesalmente apto. En efecto, no tiene una patología psiquiátrica que en términos médico-legales puedan comprometer su capacidad volitiva y de comprensión, de modo de impedir su participación consciente en el proceso”.

Estrategia deliberada

Según Rocchini, “su actuación responde a una estrategia interna de comportamiento, desconocida pero no por ello exenta de raciocinio, y en tal sentido no carente de una comprensión cognitiva del contexto jurídico relacional. La misma capacidad de representación voluntaria y deliberada de la enfermedad, con el propósito de obtener posibles beneficios, demuestra, más allá de cualquier duda razonable, la suficiente integridad de su funcionamiento cerebral y mental, para participar en forma consciente del proceso. Por otra parte, el esfuerzo deliberado de Emilio Eduardo Massera de construirse la coartada de una enfermedad mental mucho más grave de lo que realmente presenta lo pone en condiciones de mantener esa representación, lo cual podría comprometer su participación activa en el juicio, si bien esto no se debería a una patología mental de interés médico legal, sino única y exclusivamente a causas dependientes de su voluntad. Aunque persistiera en esa actitud, es capaz de entender y de desear, a los fines de su aptitud procesal”. La principal dificultad consignada por el perito italiano es que Massera no controla sus esfínteres, pero ese no es un obstáculo insalvable para el desa- rrollo del juicio.

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