Lula reaccionó a desplantes de la gestión Kirchner y cerró las fronteras al comercio

El presidente brasileño transmitió hace tres meses a Cristina la preocupación por el incumplimiento de los acuerdos. Ahora limitó importaciones. Giorgi y Moreno reparten culpas
La Argentina y Brasil quedaron enfrascadas en una nueva batalla comercial que pondrá en peligro la continuidad del Mercosur, en medio de acusaciones cruzadas de incumplimiento de acuerdos y después de haber fracasado las gestiones encaradas a nivel presidencial.

La Cancillería convocó ayer al embajador de Brasilia, Mauro Vieira, para expresarle la preocupación por las demoras en la frontera para autorizar el ingreso de camiones con productos frescos correspondientes a exportaciones argentinas.

Pero lo que hizo Brasil fue llevar a la práctica la advertencia que el presidente Lula da Silva transmitió a Cristina Fernández en la reunión bilateral que mantuvieron paralela a la última cumbre del Mercosur, en julio pasado en Asunción, Paraguay. Desde hace una semana –aunque el conflicto estalló por la calidad de perecederos de los productos involucrados–, aplica las mismas licencias no automáticas que se usan para frenar a los exportadores brasileños.

Según la Cancillería, están frenados en la frontera camiones con frutas de Río Negro, ajo de Mendoza y productos congelados, toda mercadería perecedera que obligó a una rápida reacción oficial y a una comunicación del secretario de Comercio y Relaciones Económicas, Alfredo Chiaradía con el embajador Vieira y la citación para que esta tarde se presente en el Palacio San Martín.

La presidenta Cristina Fernández afirmó ayer que "una asociación estratégica debe tener ventajas para ambos socios. Estoy segura de que en la próxima visita de Lula vamos a poder tratar este tema y llegar a un acuerdo", durante un acto en la planta de la fábrica de camiones Iveco en Córdoba, que exporta a Brasil.

Pero cuando esta tarde concurra a la Cancillería, Vieira recordará que en Asunción la Presidenta había asumido el compromiso de respetar los acuerdos comerciales alcanzados entre los secotres privados. Sin embargo, las trabas continuaron. Los sectores que más se quejan son textil, calzado y muebles, pero también alcanza a fabricantes de baterías, línea blanca y televisores.

Todos los sectores involucrados están afectados por la vigencia de licencias no automáticas que debe firmar el secretario de Industria, Eduardo Bianchi, uno de los funcionarios de confianza de la ministra de Industria y Turismo, Débora Giorgi. En la cartera dicen que cumplen con los plazos y compromisos asumidos con Brasil, pero que las licencias se demoran por la falta de rúbrica de autoridades de Comercio Interior, que depende de Guillermo Moreno. La disputa entre los funcionario llegaron al despacho del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, quien tampoco logró que Moreno agilice las firmas.

Entre los industriales brasileños el malestar se generalizó a partir de declaraciones adjudicadas y que nunca desmintió Moreno, en las que planteaba a importadores argentinos que solo iban a poder ingresar productos en la misma proporción que exporten.

El discurso oficial "el que no exporta no importa" potenció el reclamo del ala dura de los industriales paulistas que exigen el mismo trato.

Las grandes industrias textiles y de calzado brasileñas que invirtieron en el país para complementar con producción local las importaciones también se quejaron del cambio en las reglas de juego.

La reacción de la administración Lula de ordenar frenar en la frontera a camiones argentinos tiene el fin de forzar a la Argentina a cumplir acuerdos, y evitar que en Brasilia triunfen los halcones anti Mercosur

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