Lula pone en marcha en Brasil un fuerte plan de emergencia

Por: Eleonora Gosman

Sin anuncios oficiales, el presidente Lula da Silva ya puso en marcha un plan de emergencia que contempla cuatro prioridades: asegurar créditos para exportación, para la agricultura, para las obras públicas y más recursos para el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social.

Además de los refuerzos financieros que recibirá hasta fin de año -los recursos suplementarios totalizan 11.000 millones de dólares-, la entidad será consolidada en 2009 con otros 30.000 millones.

El jefe de Estado brasileño anticipó ayer que pretende llevar al Congreso brasileño el debate de medidas más amplias que las implementadas para colocar a Brasil en condiciones de enfrentar el "tsunami norteamericano". A pesar de sus declaraciones negadoras del impacto de la crisis mundial, Lula sabe que se le viene encima un momento muy complicado y por eso considera que una buena discusión parlamentaria será fundamental para tranquilizar a los brasileños. No obstante, los datos que se filtran de la realidad no permiten serenar los ánimos: los exportadores, por ejemplo, calcularon que perderán 15% de sus ventas al exterior. Eso por cuenta de la menor demanda de bienes en Estados Unidos y Europa. Algunos sectores se verán más fuertemente afectados que otros; así, la Compañía Siderúrgica Nacional estimó que podrá mandar a los mercados mundiales 5% de su producción, cuando un año atrás la demanda internacional le llevaba 33%.

En función de ese nuevo escenario, la industria vuelve sus ojos al mercado interno, donde cree que podrá encontrar en 2009 un nivel de consumo suficiente como para reemplazar lo que deja de vender en el exterior. En el mundo de las organizaciones patronales suponen que el Mercosur y particularmente Argentina podrán también ser receptores de buena parte de las exportaciones que Brasil no logre canalizar hacia mercados europeos, asiáticos y de América del Norte. Esto podrá acicatear tensiones entre los socios, ya que cada país se verá compelido a proteger su propia producción.

Nadie se anima a pronosticar qué puede ocurrir en el interior del bloque sureño. Por el momento, los cuatro socios están más preocupados con acolchonar a sus respectivas grandes compañías. Y hay razones de sobra para alarmarse con la falta de sustento. En el caso de Brasil, la deuda externa de las empresas brasileñas trepó a fines de agosto a 133.000 millones de dólares. Entre las que más deben están la estatal Petrobras y la siderúrgica privatizada Vale, cada una con una deuda de 15.000 millones de dólares.

Pero le siguen inmediatamente atrás el banco Itaú, una de las 10 top brasileñas; el grupo siderúrgico Gerdau y la empresa de electricidad estatal Eletrobrás. Son en total 133 empresas de capital abierto las que están comprometidas con créditos en el exterior que ya nadie les irá a refinanciar.

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