Con Lula, Obama ingresa en la región

Por Carlos Pagni

Barack Obama presenta su aparición como líder regional, en la V Cumbre de las Américas, como el regreso de los Estados Unidos a la región. Está en todo su derecho. Se trata de un presidente estelar que reemplaza a alguien tan desprestigiado como George W. Bush. Además, el ataque a las Torres Gemelas obligó al gobierno republicano a tratar una agenda que lo alejaba del continente. Sin ir más lejos, durante la presidencia de Bush sucumbió la iniciativa más ambiciosa de la diplomacia norteamericana para el continente, el ALCA, cuya acta de defunción se firmó en Cancún en 2003, y cuyos funerales se realizaron en la anterior edición de la Cumbre de las Américas, la de 2005, en Mar del Plata, en la que Bush fue insultado por el dueño de casa, Néstor Kirchner.

Pero conviene no exagerar el alcance de esta reinserción de los Estados Unidos en la escena continental. Obama está subyugado por otro derrumbe, el de la economía, que también impone su programa. Además, en el campo de la seguridad internacional, sus desafíos son muy absorbentes. Por ejemplo, el 75% del territorio de Afganistán fue reconquistado por los talibanes, y el gobierno de Paquistán está al borde de una crisis política, sitiado por un ejército que simpatiza con los musulmanes radicalizados. En la frontera de ambos países se refugia Bin Laden.

Quiere decir que tampoco a Obama le resultará fácil volver los ojos hacia América latina. Por eso, en la cumbre que se inicia hoy, habrá indicios de la estrategia de la administración demócrata para reponer el vínculo continental a pesar de esas dificultades.

El primer signo es que la peripecia mexicana será para Washington acaso la única que demande una atención directa. México estuvo siempre, por la mera vecindad, en el tope de la agenda del Departamento de Estado. Pero ahora ese interés aumentó: el gobierno de Felipe Calderón lucha contra los narcotraficantes de los carteles de Juárez y Sinaloa, que ya controlan buena parte del norte del país. Las fuerzas de seguridad han sido inutilizadas por la infiltración y hubo que arriesgarse a contaminar al ejército en la pelea. La preocupación de Obama es evidente: encargó a su amigo y jefe de gabinete, Rahm Emanuel, la regularización de millones de inmigrantes de México; designó allí a su embajador antes que en cualquier otro país, y envió a Hillary Clinton a Ciudad de México hace 15 días. El mismo visitó a Calderón, ayer, de paso hacia Trinidad y Tobago. Obama y la señora de Clinton produjeron una innovación llamativa: señalaron a los Estados Unidos, en tanto país consumidor, como parte del problema.

Tercerización

La segunda señal importante que llegará desde la cumbre es crucial para la Argentina: los Estados Unidos han decidido tercerizar en Brasil el tratamiento de algunos problemas sudamericanos. El gobierno brasileño, que fue el causante del fracaso del ALCA, parece convertirse ahora en una especie de intercesor regional ante una superpotencia demasiado demandada en otras áreas del planeta.

La novedad fue notificada en la cumbre del G-20 de Londres. Cuando le preguntaron si se sentía el líder con mejor imagen mundial, Obama contestó: "No; ese lugar lo ocupa aquel muchacho", y señaló a Lula da Silva. Antes de esa declaración, Obama se había reunido con Lula en Washington, y antes había recibido en secreto a su ex profesor, el ministro brasileño Roberto Mangabeira, para hablar sobre los problemas más urticantes de América del Sur.

No debería extrañar, entonces, que el gobierno cubano hubiera decidido hacerse representar en la reunión de hoy por el Brasil de Lula y no por la Venezuela de Hugo Chávez. Es la pista más clara de que en alguna mesa secreta los Estados Unidos y Cuba están negociando los nuevos términos de su relación. Pero no habrá definiciones al respecto en esta cumbre. La Casa Blanca pretende descubanizar el encuentro, y por eso modificó el sistema de visitas y remesas de los ciudadanos norteamericanos a la isla antes de que comiencen las sesiones. Obama aclaró que no habrá levantamiento del embargo hasta que La Habana no produzca reformas democráticas en su régimen político. De cualquier manera, también el lobby anticastrista de Miami ha comenzado a flexibilizar su postura: el hijo del célebre Jorge Mas Canosa, Jorge Mas Santos, fue uno de los financistas de la campaña de Obama, quien ganó las elecciones en Florida prometiendo un reacercamiento con la Cuba de los Castro.

Lula se propuso un objetivo más ambicioso: durante la cumbre del G-20, trascendió que hoy podría reunir a Obama con Hugo Chávez. El canciller Celso Amorim justificó esa gestión, que casi seguro no será exitosa. A diferencia de los Castro, el emir bolivariano ha cometido dos pecados imperdonables para Washington: coquetear con el fundamentalismo iraní y con la narcoguerrilla colombiana. De todos modos, antes de salir hacia Puerto España, Chávez mantuvo una amigable reunión con el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, en la que afirmó no ser "ni amigo ni enemigo de las FARC". También en Caracas se registran mutaciones.

Este cambio de paisaje interpela a la Argentina. Los Kirchner fracasaron en su promesa de "contener a Chávez". Y Washington decidió tomar como referencia regional a Ciudad de México y a Brasilia, con lo que Buenos Aires abandonó el clásico trío que integraba con esas capitales. Por eso, Jorge Taiana y Héctor Timerman encontraron tantas dificultades para conseguir la foto con Obama que les había encomendado su jefa, Cristina Kirchner.

Este nuevo orden se proyecta sobre el área que más inquieta hoy al gobierno argentino: la asistencia financiera para zafar de la asfixia fiscal. No en vano, México y Brasil fueron los únicos países de América latina que recibieron este año una ayuda de la Reserva Federal.

Sin embargo, es posible que entre las bambalinas de la cumbre la señora de Kirchner recoja una buena noticia: el embajador norteamericano Anthony Wayne no será jubilado, sino que volverá a Washington para ocupar una oficina clave para las relaciones económicas internacionales. Esa promoción es impulsada por el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, quien se desempeñaba como subsecretario internacional del Tesoro cuando Wayne se encargaba del área comercial del Departamento de Estado. Un detalle alentador para los atribulados Kirchner, quienes acaso encuentren en este diplomático a su propio intercesor.

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