Lula y Lieberman no ocultan diferencias

Israel repitió en Brasilia su exigencia de poner fin al programa nuclear iraní y Brasil convidó a Tel Aviv a desmontar su propio arsenal atómico. El mandatario brasileño ratificó ayer que recibirá a su par de Teherán, Mahmud Ahmadinejad.
Amablemente en desacuerdo. El balance provisorio de la reunión celebrada ayer por Luiz Inácio Lula da Silva y el canciller israelí, Avigdor Lieberman, indica que entre ambos países predominan las divergencias. Mientras Brasil ratificó ayer que recibirá al mandatario iraní, Mahmud Ahmadinejad (desembarcará en estas tierras "más temprano de lo que se piensa", prometió el embajador iraní), el canciller israelí consideró al líder persa una amenaza a la paz de Medio Oriente y el mundo. Israel repitió ayer en Brasilia su exigencia de poner fin al programa nuclear iraní y Brasil convidó a Tel Aviv a desmontar su propio arsenal atómico.

Los desencuentros no terminaron allí: Brasil planteó el levantamiento del cerco establecido por el ejército israelí sobre Gaza, sugerencia desoída por Lieberman, que prefirió eludir el tema en la conferencia de prensa ofrecida en el Palacio Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores. Hasta allí las perspectivas divergentes exhibidas en público por brasileños e israelíes, pero en diplomacia –explicó el canciller Celso Amorim ante los ojos vivaces de su colega Lieberman– "no se dialoga sólo con quien se acuerda en todo".

Es decir, lo que cuenta es saber qué ventaja sacó Brasil de este encuentro con un interlocutor con el que hay poca afinidad. Al recibir a un enviado del premier Benjamin Netanyahu, Brasil obtuvo el reconocimiento israelí para hacer sentir su voz en los diálogos de paz, aún sin fecha cierta, de Medio Oriente. Amorim resumió en pocas líneas cuál es el modelo que propone para aquella región en llamas: "Un Estado palestino sin restricciones y económicamente viable (conviviendo) con un Estado de Israel que se sienta seguro, que no se sienta amenazado". Por tanto, la audiencia de "cortesía" concedida por Lula a Lieberman fue otro logro del Palacio del Planalto en la carrera pertinaz para ensanchar su radio de influencia hasta aquella región.

Un paso importante en ese sentido había sido dado tres semanas atrás, cuando Barack Obama, igual que lo hizo ayer Lieberman, sugirió a Lula que disuada a Mahmud Ahmadinejad de continuar con sus ensayos atómicos. Lula, hasta donde se sabe, no pretende ser mandadero del demócrata Obama ni del primer ministro ultraderechista Netanyahu, pero el haber recibido ese pedido demuestra que se le reconoce a Brasil status de interlocución en el mundo musulmán.

En su contacto con la prensa, Amorim no hizo menciones elogiosas hacia Netanyahu, pero sí para el presidente Shimon Peres, quien será recibido por Lula en noviembre. Lieberman, por su lado, anunció que en 2010 espera recibir al mandatario brasileño en Israel, prácticamente el único Estado de Medio Oriente que aún no visitó.

Lieberman, el primer canciller israelí que pisó Brasilia desde 1987, también fue elegante pero claro: "Es obvio que tenemos algunos desacuerdos, hay algunas incomprensiones, tal vez porque faltaba un diálogo directo, intentaremos ser más activos". Lo cierto es que su gira, que hoy continúa por la Argentina, desde donde seguirá viaje hacia Perú y Colombia, es una contraofensiva tardía al despliegue diplomático iniciado por Teherán hace más de un año y que tendrá como retribución la visita de Lula en 2010. Si éste y su ministro Amorim se ajustaron a lo que prescriben los ritos diplomáticos expresando desacuerdos sin perder la elegancia, eso no impidió que el oficialista Partido de los Trabajadores calificara al visitante como un "racista y fascista", en artículo publicado el lunes en el diario israelí Haaretz.

Ayer, Valter Pomar, secretario de internacionales del PT, volvió a la carga, esta vez contra todo el gobierno de Tel Aviv, al que caracterizó como de "derecha y extrema derecha" en entrevista a la agencia italiana ANSA. Sólo un observador empecinadamente ingenuo creerá que el partido fundado por Lula emplearía expresiones de ese calibre ante dos medios internacionales sin la venia de su líder.

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