Lula comprará los cazas a Francia y no a EE.UU.

Según la prensa, los prefiere porque además París le transfiere tecnología.
El presidente Lula da Silva ya dio su última palabra sobre la compra de 36 cazas bombarderos. Según el diario Folha de Sao Paulo, optó por la oferta francesa del modelo Rafale, fabricado por Dassault. Fue después de haber llegado a un acuerdo con la compañía, que permitió reducir el precio final de las máquinas de 8.200 a 6.200 millones de dólares.

De acuerdo con el matutino paulista, Lula tomó esa decisión en conjunto con el ministro de Defensa Nelson Jobim, pero éste desmintió ayer la versión. Sostuvo que "esa noticia no tiene fundamento" ya que el país todavía no llegó a ninguna decisión.

Más temprano la Fuerza Aérea Brasileña, que había aconsejado la compra del modelo Grippen de la sueca Saab, dijo que no le habían informado al arma sobre la decisión.

Dassault tampoco quiso hablar del asunto dado que aguarda "una comunicación oficial" que no se produjo. Otro competidor, además de la sueca, es Boeing, que ofreció su F-18 Super Hornet.

No deja de ser llamativo que la opción brasileña por la tecnología francesa haya trascendido el mismo día que el presidente recibió al embajador estadounidense Thomas Shannon, quien le presentó las credenciales y ayer, en una conferencia de prensa, no perdió el tiempo en referirse al tema: "Todavía no hay una decisión. Desde nuestro punto de vista, el producto de Boeing se merece la atención de Brasil. Estados Unidos confía en Brasil", enfatizó el embajador.

La opción brasileña por los Rafale tiene explicaciones, a pesar de que cuesten más caros que las máquinas de sus competidores. La preferencia pasa por la cesión de tecnología y la posibilidad de fabricar componentes y montar los aviones en territorio brasileño. Pero también por el hecho de que Dassault le dejará a los brasileños el mercado de América Latina para esas aeronaves.

En la Fuerza Aérea, sin embargo, habían dictaminado que la versión del caza que más se aproximaba a los parámetros definidos para la selección es el sueco Grippen: es el más barato pero todavía no salió de un prototipo.

Ese es el aspecto que enarbolan los críticos: "Lo barato puede salir caro", dijo hace un mes el ministro Celso Amorim cuando le preguntaron en París por el asunto.

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