Lula celebró pero con cautela

El desenlace provisorio de la crisis hondureña prueba que Brasilia leyó acertadamente la situación cuando decidió concederle refugio a Zelaya el 21 de septiembre. Pero las corporaciones mediáticas descalificaron el papel de Lula.
Si el refugio concedido a Manuel Zelaya en la embajada de Tegucigalpa puede ser entendido como el gesto más osado de la diplomacia brasileña contemporánea hacia Centroamérica, la aún incierta restitución del presidente depuesto demostraría además que Brasilia le propinó una amable derrota política a Washington.

En Venezuela, en el marco de una visita a su colega Hugo Chávez, el presidente Luiz

Inácio Lula da Silva celebró con cautela el viernes el entendimiento entre Zelaya y el mandatario de facto Roberto Micheletti. "Ocurrió lo que debía ocurrir, prevaleció el sentido común que era llegar a un acuerdo, convocar a elecciones y volver a la normalidad, queda como lección que nadie acepta un golpe militar, todo el mundo defiende el fortalecimiento de la democracia, hubo un acuerdo y espero que sea cumplido."

"Estamos haciendo fuerza para que el Congreso de Honduras adopte una posición favorable a Zelaya", completó, sin disimular sus reservas hacia el Legislativo hondureño que el 28 de junio bendijo la deposición del gobierno democrático.

El desenlace provisorio de la crisis hondureña prueba que Brasilia leyó acertadamente la situación cuando decidió concederle refugio a Zelaya el 21 de septiembre. Con Mel y 60 militantes establecidos en la legación diplomática de Tegucigalpa, la resistencia al golpe ganó aliento y el régimen se vio obligado a negociar, algo que difícilmente hubiera hecho si Zelaya permanecía Nicaragua o El Salvador.

Fue una decisión tomada al filo del vértigo mientras Lula volaba hacia Nueva York para participar en la Asamblea de la ONU. Después de cobijar al presidente derrocado Zelaya, Lula da Silva, a través de su asesor Marco Aurelio García, le recomendó a Barack Obama que actuara con más vigor para desalojar a los golpistas.

El brasileño se conduce generalmente con realismo, sin romper lanzas con Washington. Y ese realismo brasileño vale especialmente para el caso hondureño. La intransigencia calculada de Lula ante el gobierno "ilegítimo" (así lo llamó) de Micheletti parece haber sido más eficaz que los gestos por momentos contemporizadores de Washington y la OEA. Finalmente el dictador Micheletti tuvo que entender que el subsecretario para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Thomas Shannon, enviado por Washington a negociar un acuerdo, no se iba a ir de Honduras con las manos vacías.

Aunque las tesis diplomáticas de Brasilia hayan probado ser correctas, aún son objeto de descalificación por parte de las corporaciones informativas brasileñas, que adhieren casi al unísono al "gobierno interino" de Micheletti.

Al frente mediático se sumó la previsible derecha brasileña representada por el Partido Demócrata que cobija a los herederos políticos de la dictadura brasileña y los socialdemócratas del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, quienes llegaron a definir (durante sesión del Senado brasileño) a la dictadura de Micheletti como un "contragolpe" para frenar el "golpe" de Zelaya e impedir el afianzamiento del chavismo en Centroamérica.

Es un dato que merece ser registrado, pues Brasil realizará elecciones presidenciales en 2010 y su política externa podrá dar un giro si se alza con la victoria el frente socialdemócratasdemócratas, que lidera las encuestas con holgura.

Comentá la nota