Lula, en los más altos círculos de poder

Tomó distancia de otros países de la región.
COPENHAGUE.- Cinco presidentes latinoamericanos y numerosos vicepresidentes o ministros participaron en la cumbre de Copenhague sobre el clima, pero mientras unos eran invitados en los exclusivos círculos del poder, otros mostraban su indignación por ser siempre los excluidos.

Las horas decisivas en la negociación del acuerdo de Copenhague transcurrieron en una sala donde el presidente estadounidense, Barack Obama, negociaba con los mandatarios de potencias emergentes, entre los que se hallaba el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva.

Lula sorprendió, no sólo con su determinación a no reclamar financiación internacional para sus medidas de lucha contra el cambio climático, sino anunciando que está dispuesto a ayudar con sus propios fondos a los países más pobres.

Según el responsable de Greenpeace Brasil, Paulo Adario, esto significa que Lula optó por alinearse claramente con los países grandes.

Este alineamento tuvo, sin embargo, un precio: el de tomar distancia de países de la región como Bolivia, Venezuela y Cuba, cuya indignación por ser una vez más excluidos de los procesos de decisión quedó ilustrada en el debate final la cumbre.

Un alto negociador brasileño, agotado y abatido por el áspero debate, reconoció: "Estos países están indignados porque nunca se los invita a este tipo de discusiones".

"Al comenzar la cumbre ya habían avisado de que ejercerían un bloqueo si se tomaba una decisión entre unos pocos", recordó.

Otros países latinoamericanos desempeñaron un papel más discreto en la reunión, aunque no por ello menos importante, como México, anfitrión de la próxima conferencia en 2010, que tras años promoviendo su proyecto de Fondo Verde vio la iniciativa materializada en el acuerdo de Copenhague. Ese fondo pretende incluir a todos los países, industrializados o no, con aportes en materia ambiental, adaptados a sus posibilidades.

"México ha tenido en los últimos tiempos una actitud proactiva, de presentar iniciativas", celebró Pablo Cotarelo, de la ONG española Ecologistas en Acción.

Otra de las iniciativas latinoamericanas que despertaron el interés fue el proyecto ecuatoriano Yasuní-ITT, que consiste en dejar de extraer 846 millones de barriles de crudo en un campo petrolífero situado en una de las mayores reservas de biodiversidad del planeta, en plena selva amazónica, para evitar la emisión de unos 407 millones de toneladas de dióxido de carbono.

Ecuador propuso, asimismo, un "ecoimpuesto" a las exportaciones de petróleo para hacer bajar la demanda y por tanto las emisiones.

Colombia defendió, por su parte, que los grandes consumidores de cocaína le paguen compensaciones por la destrucción de la selva causada por los cultivos de droga.

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