Sin lugar para la soberbia

Por María Saenz Quesada

La moderación parece haber ganado la partida. Antes que nada porque las denuncias acerca de irregularidades son menos de lo esperado. Hay sospechas de manejos sucios en algunos partidos bonaerenses y en Formosa las denuncias sobre libretas cautivas de los wichis nos retrotrajeron a los tiempos del fraude patriótico, pero por lo general la gente no se ha sentido defraudada.

Esta mejora ha sido la consecuencia de un mayor interés ciudadano por controlar el voto y de la autoridad electoral por aumentar el número de mesas. Claro que las reformas que modernizan el sufragio se han quedado en el camino de las buenas intenciones, junto con tantos otros problemas de fondo que los partidos políticos no debatieron.

En síntesis, estas elecciones de legisladores han servido más para reafirmar liderazgos nacionales con miras a 2011 que para definir las ideas políticas que asumirán los partidos en el futuro Parlamento. En esto, precisamente, hay una enorme confusión, visible en las últimas polémicas acerca de estatizaciones y privatizaciones.

A diferencia de los argentinos, los uruguayos votaron ayer en elecciones internas para elegir sus candidatos a presidente. En los comicios que colocan a José Mujica como candidato del oficialista Frente Amplio y a Luis Lacalle del Partido Nacional, nuestros vecinos nos han dado una lección de democracia.

Pero, también ayer, en Honduras, el presidente ha sido expulsado por el Parlamento y por un sector militar, luego de hacer público su proyecto de modificar la Constitución para ser reelegido.

En la Argentina no estamos a la altura del civismo uruguayo, pero tampoco nos encontramos en la situación extrema de los hondureños. Por lo general, los candidatos que disputan voto a voto el triunfo son personas moderadas. Si ganan por pocos puntos al adversario, no habrá lugar para la soberbia, ese pecado capital tan peligroso porque le da al ganador la sensación de que lo puede todo.

La autora es historiadora y escritora

Comentá la nota