Un lugar en el mundo

El desalojo terminó con un problema: la ocupación de las viviendas del predio de Friuli y la 49. Sin embargo, queda otro inconveniente, el de las familias en situación de calle que no tienen un espacio físico donde vivir. Falta de atención desde todos los ámbitos del Estado para con una realidad a la que se le da la espalda.

Durante tres meses, más de 50 familias del barrio Pueyrredon ocuparon viviendas en un predio de Friuli y la 49, en El Martillo, que pertenecían a habitantes de la Villa de Paso. Idas y vueltas judiciales que terminaron en desalojo. La visión ejecutiva indica que el problema ya no existe, el predio está vacío. ¿Y la situación de la gente que vivía allí?

De aquellas familias, 46 habitan el Centro Cultural América Libre, en condiciones mínimas de salubridad y totalmente hacinados. En representación de los desalojados, Adriana explicó cómo tomaron la decisión de ocupar aquel predio, descartó que detrás haya habido una movida con intencionalidad política y brindó detalles sobre el presente que atraviesan, sin respuesta de las autoridades. Allí cargó tanto contra la Municipalidad y la Provincia, como contra la Nación.

N&P:- ¿Usted es vocera de los Sin techo?

A.:- Sí, yo soy vocera de los Sin techo. Hace 31 años que vivo en el barrio Pueyrredon, sector que se puede encontrar entre El Martillo y Las Heras, por Peralta Ramos hacia el fondo.

N&P:- ¿No tiene casa?

A.:- No, la casa que tengo ya no se puede construir más, porque está lleno de pozos ciegos. Tengo ese pedacito, pero no es un problema mío solamente. No es que yo nada más no quiero vivir así, sino que hay muchísima gente que está en esta situación, mal, de calle. Incluso ahora, donde estoy, hemos retirado los muebles, directamente; no se puede poner ni una cama, porque pusieron ahí al compañero nuevo, y los vecinos nos solidarizamos.

N&P:- ¿Por los pozos ciegos se ha tornado un lugar inestable, con peligro de derrumbe?

A.:- Exactamente, eso es lo real. Comprobado por la asistente social, por todo el mundo, también por el delegado del Instituto de la Vivienda.

N&P:- ¿Cómo se gestó esta organización de los Sin techo, y cómo llegaron ustedes a tomar la decisión de ir a ocupar las viviendas que están sin concluir?

A.:- Nosotros hace un año que empezamos, tomamos la misma modalidad. Nada más que fue por un día. Pero en ese momento éramos 205 familias. Ahí nos empezamos a organizar y de ahí surgimos, empezamos a trabajar, a tener reuniones, empezamos a pedir asistencia social para el barrio, a trabajar con proyectos, microemprendimientos, talleres de costura, un montón de cosas. Y de ahí surgió la organización.

No es política

N&P:- ¿Usted es militante política?

A.:- No, yo no milito en ningún partido político. No me interesa ningún partido político, porque después te usan solamente para votar y para limpiarse la nariz.

N&P:- Pero ahí, con ustedes, al menos el día del desalojo, ¿no había gente de movimientos sociales que tienen vinculaciones políticas?

A.:- Nosotros con ellos tenemos muy buena relación. Ellos vienen a apoyar esto porque la lucha es justa. Y creo que nosotros somos muy amplios y no necesitamos ningún partido en particular, sino que todos los partidos que entiendan el problema, se acerquen. No pertenezco a ninguno, no me interesa pertenecer.

N&P:- Entre la gente que los ayuda, hay muchos que tienen viviendas. ¿Los invitaron a ustedes a compartir un espacio en sus casas?

A:- Sí, por ejemplo del Centro Cultural América Libre. Ahí estamos durmiendo. Somos unas 46 familias.

N&P:- ¿Qué pasó con el resto de las 205 familias que faltan?

A.:- Todo lo que hacemos es fruto de asambleas. Nosotros hicimos así: pusimos todos los temas que fueron debatidos en asambleas durante mucho tiempo. Se fueron haciendo todos los deberes desde el Municipio, se fueron agotando todas las instancias y se decidió por asamblea ir nuevamente los que estaban en situación de calle, que alquilaban, que ya no podían pagar más el alquiler o que estaban viviendo de prestado y ya no soportaban más. Se decidió en asamblea y por eso terminamos estas 46 familias.

Lejos del ideal

N&P:- ¿Cuántos chicos hay, aproximadamente?

A:- Hay 46 familias y entre todas ellas hay 123 chicos.

N&P:- Las condiciones no son las ideales. ¿Se acercó alguna asistente social, se acercó la Municipalidad?

A:- Me parece que no se ha acercado nadie. Claro que sí, es verdad, no están dadas las condiciones óptimas, pero esto también es real.

N&P:- ¿Cuántos baños tienen ahí?

A:- Ahí hay cuatro baños.

N&P:- ¿Y los chicos desayunan, les dan de comer?

A:- Sí, gracias a la solidaridad de Mar del Plata y toda la gente que voluntariamente se ha acercado. Porque como todos saben no nos han dejado sacar nada de nuestras casas. Así que colchones, comida, nos ha acercado la gente.

N&P:- Por las imágenes que se vieron en televisión parecía que no había nadie en las casas. ¿Había gente?

A.:- Obviamente, ¿cómo va a haber gente, si nos sacaron corriendo...? Estábamos nosotros, y nos han sacado literalmente corriendo. Nosotros estábamos agrupados en ese playón donde nosotros hicimos nuestra plaza. Ahí estábamos todos.

N&P:- ¿Usted entiende que eso no es de ustedes?

A.:- Yo entiendo muchas cosas. Y también entiendo que hemos reclamado, lo hemos tomado como una forma de protesta. Pero también entiendo que acá la Municipalidad, Provincia y el Estado no tienen interés. Ni el más mínimo interés, ni la voluntad política de solucionar este tema. Eso entiendo. Hace 30 años que nosotros vivimos con esa incertidumbre. Sé que ese techo donde se meten las ratas, viene un temporal y me pierdo mi colchón, mi frazada y todo. No es que no me conforma. Yo no pido por mí nada más, pido por todos.

Protestar, pero con límites

Las situaciones de desalojo y de familias sin techo, cuando explotan, llegan con la fiereza de la violencia que conlleva la marginación. Pero también es cierto que hay gente que la lucha y que, ante todo, elige vías pacíficas para expresar y reclamar. Como ejemplo sirve el testimonio de Norma Martín, una mujer que trabajaba en una planta de pescado y tenía un buen pasar económico, pero tras pedir un crédito y como consecuencia de un desbarajuste económico, perdió todo y quedó en la calle porque el banco se le quedó con su casa.

Norma explicó que juntó cartones, botellas y vivió en la villa. Sin embargo, destacó: "aprendí a vivir, a darle valor a lo que tengo hoy en día. Si es un pedazo de pan viejo, lo como como lo mejor. Pero siempre con dignidad. No estoy en contra de la gente, de las luchas. Si hay que quejarse, si hay que rezongar por algo, sí, pero todo tiene su límite. No podemos invadir".

"A mí lo que me da tanta bronca es que pongan a los niños y a las mujeres por delante. Yo soy mujer y eso me revienta", criticó. La mujer alquila hoy una casa chiquita: "una caja de zapatos, no tiene ventanas, tiene una puerta y una ventanita. Y me cobran $ 380 porque no consigo otra cosa. Los tengo que pagar y con los $ 210 que me quedan, vivo o subsisto. Pero con la frente alta".

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