Luego de 12 años, el IRA Auténtico atacó un cuartel en Irlanda del Norte

Luego de 12 años, el IRA Auténtico atacó un cuartel en Irlanda del Norte
Hubo dos soldados muertos. Y se lo atribuyó una escisión de la antigua guerrilla.
Murieron dos soldados y cuatro personas resultaron heridas en un ataque contra un cuartel policial de Belfast, Irlanda del Norte. El atentado, reivindicado por el IRA Auténtico sucede a doce años del último ataque de este tipo en el país. Por eso, muchos temen que dañe el proceso de paz que avanza lentamente desde el pacto de 1998.

El ataque se produjo cuando dos repartidores de pizzas llegaron al cuartel del condado de Antrim, 25 kilómetros al norte de Belfast. Los militares salieron a recibirlos cuando, desde un auto, dos hombre comenzaron a disparar. Antes de que empezara a sonar la sirena del cuartel, se acercaron para rematar a los heridos y huyeron en el mismo vehículo.

La atribución del ataque llegó a través de un llamado anónimo al periódico irlandés Sunday Tribune, que en nombre del IRA Auténtico -una escisión del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA)-, se atribuyó el atentado. Por el momento, ningún responsable del diario pudo ser localizado para confirmar la información. La policía norirlandesa aseguró que los atacantes fueron sólo tres, dos armados con ametralladoras y uno al volante del vehículo.

Antes del llamado, las sospechas ya recaían sobre los grupos disidentes republicanos, opuestos al proceso de paz en la región y responsables del recrudecimiento de la violencia en los últimos meses en Irlanda del Norte.

Los muertos eran dos jóvenes soldados que no estaban en servicio porque iban a partir en misión a Afganistán.

Entre los heridos, algunos de ellos muy graves, se encuentran otros dos miembros del Ejército y los dos repartidores de pizzas, uno británico y otro extranjero.

El jefe policial de la región británica, Sir Hugh Orde, ya había advertido en los últimos días que las posibilidades de que se produjera un atentado terrorista de esta envergadura eran tan altas como hace diez años. Hay que tener en cuenta, además, que el ataque se produjo 36 horas después de que se revelara que agentes especiales del ejército británico habían sido movilizados para vigilar a republicanos disidentes.

También algunos analistas destacaron que el atentado no fue del todo inesperado y recordaron que disidentes republicanos intentaron recientemente en varias ocasiones matar a policías, como ocurrió hace unas semanas, cuando las fuerzas de seguridad desactivaron una bomba de casi 140 kilogramos.

Inesperado o no, el atentado vuelve a amenazar el proceso de paz en la región entre protestantes británicos y católicos pro irlandeses. Al menos así lo aseguraron los líderes políticos del Ulster, de Gran Bretaña y de Irlanda.

No obstante, las palabras del primer ministro británico Gordon Brown fueron esperanzadoras: "Haremos todo lo que esté en nuestro poder para asegurar que Irlanda del Norte esté a salvo y segura, y garantizo que llevaremos a estos asesinos ante la Justicia".

En la misma línea, los gobiernos de Irlanda e Irlanda del Norte, y el Parlamento Europeo se unieron a la condena del incidente. El ministro británico para Irlanda del Norte, Shaun Woodward, lo calificó como un "acto de barbarie criminal"; el jefe de gobierno de Irlanda del Norte, Peter Robinson, de "terrible recordatorio del pasado".

Desde Bruselas, el presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Pöttering, emitió un comunicado calificando el atentado de "ataque despreciable y criminal (...) contra las instituciones democráticas".

Por otra parte, Gerry Adams, líder del partido católico Sinn Fein, ex brazo político del IRA, condenó el ataque en un comunicado. "Fue un error contraproducente para el proceso de paz", aseguró.

Durante décadas, Irlanda del Norte fue escenario de luchas sangrientas entre protestantes probritánicos y católicos proirlandeses, que desde los años sesenta provocaron más de 3.000 muertes. La mayoría de ellas víctimas del IRA.

El 10 de abril de 1998, con el acuerdo de Viernes Santo entre los partidos norirlandeses y los gobiernos de la República de Irlanda y Gran Bretaña, la violencia parecía haber terminado para empezar una paz duradera. Y así fue por más de 12 años. La última muerte violenta de un soldado en la región se produjo en febrero de 1997. En 2007, el ejército británico dejó de patrullar las calles norirlandesas.

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