"Sé que lucho contra el poder y que esto recién empieza"

La madre del pequeño cuyo cadáver fue mantenido oculto 17 años habló con uno de los jueces que esta semana decidirá si el caso prescribe o no: "Me dijo que no tiene demasiados elementos para declararlo de lesa humanidad, sin embargo toda la policía sabía lo que estaba pasando con mi hijo".
Has­ta que apa­re­cie­ron los res­tos de su hi­jo -un año y me­dio atrás al bor­de de una al­can­ta­ri­lla- Ro­sa Arias lle­va­ba me­tó­di­ca­men­te un dia­rio ín­ti­mo en el que man­te­nía se­cre­tas con­ver­sa­cio­nes con Ale.

Aun­que los ru­mo­res de que el pe­que­ño ha­bía si­do atro­pe­lla­do por un pa­tru­lle­ro en el que via­ja­ban los agen­tes Ja­vier Fu­nez y Ma­rio Gau­met se agi­gan­ta­ban con el pa­so de los años, es­ta mu­jer de 43 años se afe­rró siem­pre a la es­pe­ran­za de en­con­trar­lo con vi­da. Por eso, en esas pá­gi­nas ya ama­ri­llas iba re­la­tan­do día a día una pes­qui­sa guia­da más por el co­ra­zón que por la ra­zón: desde su pe­re­gri­na­je por des­pa­chos ju­di­cia­les y sus vi­si­tas al en­ton­ces obis­po Staf­fo­la­ni quien en una de sus char­las le in­si­nuó co­no­cer la ver­dad pe­ro no po­der re­la­tár­se­la am­pa­ra­do en el "se­cre­to de con­fe­sión", hasta la bús­que­da afie­bra­da en una ciudad chilena si­guien­do la pis­ta fal­sa que una mu­jer le so­pló en la igle­sia Ca­te­dral... "Es que yo que­ría que él su­pie­ra que siem­pre lo es­tu­ve bus­can­do", di­ce en el li­ving de una sen­ci­lla ca­sa al bor­de de la ru­ta A005.

En ju­lio de 2008, los fo­ren­ses le arre­ba­ta­ron la úl­ti­ma ilu­sión. La apa­ri­ción del ca­dá­ver que men­tes en­fer­mi­zas se ocu­pa­ron de man­te­ner ocul­to na­da me­nos que 17 años ac­tuó co­mo un ma­za­zo pa­ra ella, pe­ro tam­bién le per­mi­tió re­co­brar el sue­ño que an­tes se in­te­rrum­pía ca­da no­che, a cau­sa de la in­cer­ti­dum­bre. Sus energías, des­de en­ton­ces, se orien­taron a sen­tar en el ban­qui­llo a los res­pon­sa­bles de la muer­te de su hi­jo.

Por es­tas ho­ras, la Cá­ma­ra Pri­me­ra del Cri­men de­be­rá de­ci­dir si man­tie­ne fir­me o no la de­ci­sión de de­cla­rar im­pres­crip­ti­ble el ho­mi­ci­dio de Ale­jan­dro Flo­res.

Has­ta aho­ra, el juez de Con­trol Da­niel Mu­ñoz y el juez de Me­no­res Jo­sé Va­re­la, se in­cli­na­ron con di­fe­ren­tes ar­gu­men­tos por man­te­ner la cau­sa en con­di­cio­nes de ser lle­va­ba a jui­cio. Los ma­gis­tra­dos Jor­ge Pio­va­no, No­ra Su­ca­ría y Vir­gi­nia Em­ma de­be­rán de­fi­nir si acom­pa­ñan esas pos­tu­ras o si ava­lan la de­ci­sión ori­gi­nal del fis­cal de ins­truc­ción Ja­vier Di San­to quien en­con­tró prue­bas co­mo pa­ra en­dil­gar­les a Fu­nez y Gau­met la res­pon­sa­bi­li­dad por la muer­te y la de­sa­pa­ri­ción del ni­ño, pe­ro con­si­de­ró que el de­li­to ya se en­con­tra­ba pres­crip­to.

Mien­tras es­pe­ra la re­so­lu­ción que se ha­rá pú­bli­ca es­ta se­ma­na, Ro­sa Arias no le da tre­gua a la Jus­ti­cia.

Des­de ha­ce dos me­ses, ca­da jue­ves cru­za me­dia ciu­dad en su bi­ci­cle­ta pa­ra pe­dir­le a la Cá­ma­ra del Cri­men que no se de­mo­re la de­ci­sión.

"La úl­ti­ma vez que fui, tu­ve opor­tu­ni­dad de ha­blar con el juez Pio­va­no y él me dio a en­ten­der que no hay mu­chos ele­men­tos pa­ra que de­cla­ren la cau­sa de le­sa hu­ma­ni­dad, pe­ro to­da la po­li­cía sa­bía lo que es­ta­ba pa­san­do con mi hi­jo. Acá los cul­pa­bles no son ni dos ni tres po­li­cías, si­no to­da la UR9 que nun­ca sa­lió a de­cir lo que sa­bían", opi­nó la mu­jer.

Si se confirma la sensación que le dejó su vi­si­ta al Pa­la­cio de Jus­ti­cia, es al­ta­men­te pro­ba­ble que se to­pe con una de­ci­sión ad­ver­sa, pe­ro an­ti­ci­pó que no ba­ja­rá los bra­zos.

"Yo sé que es­toy pe­lean­do con­tra el po­der, pe­ro tam­bién sé que es­to re­cién em­pie­za. Si el ca­so no es de­cla­ra­do de le­sa hu­ma­ni­dad, se­gui­ré in­sis­tien­do en Cór­do­ba con el Su­pe­rior Tri­bu­nal o has­ta la Cor­te Su­pre­ma. Quie­ro que en­tien­dan que co­mo ma­má creo que la vi­da de mi hi­jo va­le lo mis­mo que la del hi­jo de un juez o de un fis­cal".

En el li­ving de Ro­sa, una enor­me pan­car­ta con la ima­gen de Ale des­can­sa so­bre una pa­red fren­te al pi­ni­to de na­vi­dad. Ella an­ti­ci­pó que en ca­so de que la muer­te de su hi­jo que­de im­pu­ne, vol­ve­rá a las mar­chas.

"No me im­por­ta si va a haber mu­cha o po­ca gen­te, yo sé que la ciu­dad me acom­pa­ña pe­ro mu­chos tie­nen mie­do de par­ti­ci­par por­que han si­do fo­to­gra­fia­dos en las mar­chas y los ame­na­zan con que van a ir pre­sos. Otros me acom­pa­ñan con una ora­ción y eso pa­ra mí tam­bién tie­ne su va­lor".

La mu­jer ba­ji­ta y de voz cal­ma se ju­ra­men­tó que só­lo des­can­sa­rá cuan­do los que le qui­ta­ron pa­ra siem­pre la fe­li­ci­dad es­tén pre­sos.

"Mi hi­ja ma­yor que tie­ne 19, me pre­gun­tó: "ma­má, ¿cuan­do va a ser la Na­vi­dad que po­da­mos ver­te bien, sin que es­tés llo­ran­do?", pe­ro yo sien­to que ten­go que se­guir pe­lean­do, que mi hi­jo se me­re­ce un res­pe­to y una jus­ti­cia dig­na. Cuan­do mu­rió Ale, éra­mos muy po­bres, él en ca­sa no co­no­ció la luz eléc­tri­ca, no co­no­ció lo que era ce­le­brar una na­vi­dad. Yo no ten­go es­tu­dios, no me sé ex­pre­sar, pe­ro acuér­den­se de lo que les di­go: pa­sa­rá un tiem­po, unos añi­tos tal vez, pe­ro Ale va a te­ner jus­ti­cia".

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