La lucha obrera

Qué mal se siente un ama de casa cuando le golpean a su puerta para cobrarle una cuenta y no tiene con qué pagar. La angustia comienza a transformar su rostro, pero disimula porque ve cómo su marido intenta mantenerse firme en su reclamo salarial.
Esta escena se repite en la casa de los sesenta trabajadores de la cerámica Stefani, que desde hace cuarenta días están en plan de lucha para conseguir un incremento salarial. Ese era el objetivo hasta que les pagaron sólo una parte del aguinaldo y hace dos quincenas que no cobran.

Hablamos en esta columna muchas veces de los problemas que vivieron (y viven) los trabajadores petroleros. Casi con egoísmo de parte de la sociedad, ellos ocuparon la preocupación central porque muchas actividades económicas se sustentan a partir de sus salarios.

Pero la historia de los trabajadores de la cerámica Stefani es diferente. Sólo tiene un antecedente: la crisis en la empresa El Petróleo. Ambos casos tienen muchas similitudes porque se trata de trabajadores que desarrollaron una lealtad admirable para con su tarea. La realizan en muchos casos desde que eran adolescentes y ya han pasado 20 años de su vida en el puesto. Ninguno de ellos sabe mucho de administración, no entienden de balances pero saben que hacen su tarea y que el servicio o el producto que realizan se vende bien. Pero la empresa aduce crisis.

En ambos casos llegaron al corte de ruta pero se sintieron incómodos. Sólo mantuvieron la medida por algunas horas y buscan otras soluciones, aunque les gane la desesperación.

Ojalá que el último aspecto no sea coincidencia, porque a los trabajadores de El Petróleo les llevó nueve meses comenzar a trabajar y sacar adelante su situación.

Esperemos que la cerámica Stefani siga con su trabajo, les pague a sus obreros lo que se merecen. Que no busque soluciones en los gobiernos municipales y provinciales, porque cuando un empresario serio se plantea la continuidad de su trabajo no dice: voy a hacer cerámicos pero no voy a pagar la arcilla, ni el gas, ni la electricidad. Debe buscar sustentabilidad en el tiempo, una característica que los funcionarios municipales deben exigir antes de ofrecer soluciones rápidas.

"No queremos más reuniones, queremos una propuesta", gritan los trabajadores, firmes aún en su desesperación. Si bien ahora sienten que están al borde del abismo, saben que más allá del despido y el cierre de la fábrica hay una esperanza: se llama Fasinpat.

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