“La lucha continúa porque los problemas son los de siempre”

Sus imágenes se convirtieron en íconos del grupo político más radical en Estados Unidos. Lejos de los años de la acción directa, el dibujante y pintor no reniega de su pasado, recuerda cómo fueron perseguidos y da su opinión sobre Obama.

Muestra. Emory Douglas posando delante de una de sus obras que se exhiben actualmente en Londres. Sus pinturas reflejan la lucha y los reclamos de las Panteras Negras.

Sobretodo, sombrero, bufanda, libros y papeles bajo el brazo, cara de abuelo buenazo, el hombre que entra al bar de la London School of Economics se sienta en una mesa y comienza a hojear un diario. Aparenta ser un profesor universitario presto a disfrutar la hora del té. Pero las apariencias suelen ser engañosas, allí está Emory Douglas, una de las caras más visibles de una organización política a la que el FBI catalogó como la mayor amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Desde finales de los 60 a finales de los 70, Douglas fue ministro de Cultura y artista revolucionario del partido Pantera Negra. Como encargado de su semanario, fue responsable de crear una identidad visual cuyo estilo representó al dedillo los ideales y aspiraciones de la comunidad afroamericana de la época. Racismo, brutalidad policial, corrupción política, explotación capitalista, imperialismo, movimientos de liberación tercermundistas, nada de esto escapó a su mirada militante y comprometida.

EL ENCUENTRO. Teniendo la opción de las armas, Douglas eligió como herramienta revolucionaria el diseño gráfico y las palabras, influido, dice, por la lectura de los libros sobre el Movimiento por los Derechos Civiles del Sur profundo, las canciones sobre la esclavitud y los escritos de los presos negros. Quería profundizar, dar sustancia a esos trabajos, hacerlos más creíbles en el sentido de conectarlos con la gente, unir el mundo oral con la ilustración. Después de haber pasado 15 meses en una cárcel para adolescentes, en 1967 conoció a Eldrige Cleaver y Huey Newton –fundadores del partido y, en ese momento, guardaespaldas de la esposa de Malcom X–, y la sintonía fue tal que, desde entonces y hasta 1979, su compromiso quedó sellado. “Hacía arte desde el agujero, como mecanismo de autodefensa. Lo que intentaba era graficar la plataforma de 10 puntos de los Panteras Negras, especialmente el punto 7, que hablaba de la brutalidad policial y asesinatos contra la comunidad negra. Al principio solía trabajar bajo presión, pero cuando encontré mi estilo, todo fue más fácil. Primero sentía la ilustración y luego sentía cómo agregarle las palabras. Hacíamos un semanario que contaba nuestras historias.”

“Todo el poder al pueblo.” “Las guerras matan.” “Los niños hacen la revolución.” “No dudaremos de matar o morir por nuestra libertad.” “Pueden asesinar a un revolucionario, pero no pueden asesinar la revolución.” Éstos son algunos de los eslóganes que acompañan los dibujos, indicativos de que cuando el arte se politiza, siempre hay una fina línea que lo divide de la propaganda, pero Douglas no parece muy de acuerdo: “Todo estaba interconectado. Era el reflejo de nuestras políticas. Nuestro objetivo era el de articular, componer hacia la ilustración y el arte de manera de poder encontrar un balance que reflejase los ideales de los que hablábamos. El arte era suplementario, pero no era una cosa abstracta, divorciada de las posiciones del partido y la comunidad. No, estaba interconectado con ellos”.

Lo que le inspiraba era un sentimiento muy profundo, una dualidad que le hacía sentir que las palabras tenían que ser tan poderosas como el arte mismo.

“Lo importante era que lo que se decía tenía que ir en conjunción con la ilustración en sí para hacerlos un instrumento militante.”

¡ANIMALES! Pigs, cerdos, así era como se llamaba a los policías en los ambientes contraculturales de la época, y eso se debió en gran parte a los dibujos de Douglas, quien, cuando recuerda la historia, sonríe: “Escuchando las discusiones partidarias noté que se hablaba mucho de los cerdos y me pidieron que dibujara uno para poner en el semanario. La condición era que debía representar a la policía que intimidaba a los negros. Empecé el dibujo como dos caballos, les dejé la insignia, el arma, y se convirtió en un cerdo que pronto pasó a ser un personaje de la vida real moderna”.

Al escuchar el comentario de otro camarada, comenzó a “dibujar ratas, que podían ser un hombre de negocios avaro o un político codicioso. Integré estas dos ideas a mi obra y cuando pensé que venían al caso, las usé para reforzar el mensaje de algunas ilustraciones”. La pantera fue utilizada como símbolo del animal que lucha hasta morir.

Aparte de la última página del semanario, la calle, los espacios alienados de las grandes urbes, los sótanos, los rincones perdidos, los bares, las universidades eran los lugares que actuaban como galerías para el arte de Douglas. En el 2007, The Museum of Contemporary Art, de Los Ángeles, le dedicó una gran retrospectiva y este año es el turno de la Galería Urbis de Mánchester. El cambio no parece preocuparle, y la ternura con que habla de sus personajes es similar a la que utilizó para dibujarlos. La predominancia de mujeres, niños y ancianos es notable, la dignidad y el respeto de sí que se ve en sus figuras, también. “Ésta era la gente que podía hacer los cambios, yo debía reflejarlos en mi arte para inspirarlos a dicho cambio. Es por eso que se ven retratados autodefendiéndose de los fascistas. Se trataba del efecto que podía tener en la gente de la comunidad para reflejar el concepto de cambio total.”

Al contrario de los superhéroes tan al gusto de la cultura pop, él hacía héroes de la gente común, y eso le enorgullece. “Sí, sí, sí, héroes en el sentido de que se veían reflejados, ellos y sus problemas, en las imágenes.”

Su trabajo le valió los motes de “mayor agitador gráfico del siglo” o “Norman Rockwell del gueto” y también la atención privilegiada de los poderosos. J. Edgar Hoover, director del FBI, se propuso destruir a la organización utilizando los servicios de una agencia de contrainteligencia y propaganda, el Cointrelpo.

A eso le siguió una campaña de atentados, asesinatos, intimidación y boicot del semanario, que por entonces tenía una circulación de 250 mil ejemplares. Contaminaron la imprenta, convencieron a sindicalistas corruptos para que interrumpieran los repartos y obligaron a la United Airlines a cancelar la distribución de suscripciones a bajo precio. “Sabíamos todo lo que hacía el FBI, pero teníamos nuestra propia seguridad. Llamaban a las oficinas para arreglar citas envenenadas, se disfrazaban de galeristas de arte que ofrecían comprar tu obra para hacerte millonario, cosas así. Nunca íbamos a esos encuentros solos, generalmente éramos, mínimo, seis personas”, comenta con orgullo de sobreviviente.

INSPIRACIÓN. Le pone contento que le pregunten por su relación con la cultura negra de hoy día, especialmente el hip hop y los raperos. “Siempre me invitan a sus lugares de reunión, algunos exhiben mis trabajos en sus recitales, pegan pósteres o pasan diapositivas, tengo una muy buena relación con muchos de ellos”.

Cree que hay mucha gente joven que se inspira en el trabajo de aquel período, pero critica la actual posición individualista como contraria a la idea de movimiento artístico. Siente que se apunta a lo comunitario pero que el camino es largo. Con mayoría de presos de raza negra, su mayor preocupación es el complejo industrial-penal: “Han privatizado las prisiones entregándoselas a las corporaciones. El gobierno ha subcontratado y paga por el servicio de gerenciamiento. La persona se convirtió en un producto y, si se tiene un producto, hay que hacer dinero. Si no hay producto, hay déficit, entonces hay que tener más gente encerrada y por más tiempo. De una manera diabólica, se han creado prisiones privadas, se habla de penas mayores, las personas permanecen encerradas más tiempo del que deberían. Hay una política específica porque quieren mantener el privilegio de poder hacer dinero”.

Había y tiene que haber esperanza: “Incluso cuando había esclavitud había esperanza, siempre hubo esperanza. Algunas veces el panorama se presenta muy sombrío, pero siempre hay esperanza y deseo, ganas de encontrar el camino. Uno trata de mostrar el dolor y el sufrimiento, pero al mismo tiempo la determinación para sobrepasar los obstáculos”. Le piden que firme el libro que le publicó la editorial Rizzoli y lo hace con un “la lucha continúa”. ¿Cómo continúa? “Continúa porque tenemos los mismo problemas que teníamos antes, teníamos que combatir el desempleo, el racismo, la falta de vivienda, la educación inferior, los negros siendo encarcelados. Después tuvimos el sida, el crack; ahora, el calentamiento global. La lucha continúa, ¿ve?”

Vemos. Y se marcha a la charla pública, donde comentará su obra, leerá, hablará sobre Mao, el lumpen-proletariado, Cuba, las pandillas organizadas, las dinámicas del cambio. Y de su madre, ciega, hablará Emory Douglas, un hombre de nuestro tiempo.

Breve historia del movimiento radical negro

Nacido originalmente como Partido Pantera Negra de Autodefensa, sus objetivos principales eran la promoción del poder negro y la autodefensa contra la brutalidad policial en los guetos negros. Después de un inesperado crecimiento, comenzó a darse una división entre los “padres fundadores” –que privilegiaban la ideología socialista, el internacionalismo y la resistencia armada organizada– y los nacionalistas negros. El Partido tenía como metodología la agitación social pero también realizaba tareas sociales, los programas de supervivencia, basados en el ejemplo maoísta. Entre ellos, desayunos gratuitos en las escuelas, distribución de ropas, clases de política y economía, lecciones de primeros auxilios, transporte de familiares a las cárceles, consultorios médicos gratuitos y programas de rehabilitación contra el alcohol. Su programa consistía en 10 puntos, de los cuales los más importantes eran: poder para determinar el destino de las comunidades negras oprimidas, acceso a un sistema de salud gratuito, vivienda digna, el final de la represión y del asesinato de los negros por parte de la policía, empleo a tiempo completo, libertad para los presos negros, final del saqueo capitalista a la comunidad y de las guerras de agresión, mejor educación y control de las tecnologías. Las divisiones internas, los costos legales y la brutal represión estatal hicieron que se disolviera en 1979. Otras organizaciones se atribuyeron su legado –Nuevo Partido Pantera Negra, Nación del Islam, Alianza Nacional de los Pantera Negra–, pero ninguna llegó a tener la representatividad y fuerza que tuvo el grupo original.

“En el Sur de EE.UU. hay cierta desconfianza de Obama”

Las preguntas sobre Obama y un posible cambio eran inevitables y no parece cómodo respondiendo.

“Es una posibilidad, tendremos que esperar y ver qué hace en la práctica. Es un hombre muy pragmático que se ve a sí mismo como el presidente de toda la gente y que fue elegido por una mezcla de amplios sectores de la población. Tal vez trate, lo mejor que pueda, de hacer algo, pero no sé si lo hará. ¿Tal vez nombrar como responsable de la cultura a alguien negro o mestizo?”

“Nuestro trabajo como Panteras no está ni estuvo conectado con ningún establishment político, estaba divorciado y era muy crítico de esa realidad. No se cómo los activistas y líderes del Movimiento por los Derechos Civiles van a categorizar a Obama. Quizás lo etiqueten por ciertas cosas y que él esté de acuerdo o en desacuerdo estará relacionado con lo que se proponga hacer, pero cuando estuve en el Sur noté cierta desconfianza.”

“El saber que fue elegido no quiere decir que vaya a producir cambios. Los republicanos tratarán de imponer sus agendas y harán lo imposible por minar su gobierno. Nuestro Partido no existe más como organización, pero muchos ex miembros lo apoyaron y hasta participaron en su campaña. Será un largo proceso hasta cambiar todo. Pero le damos el beneficio de la duda, es mejor que esté él y no McCain.”

Preguntado si él también le da el beneficio de la duda, la respuesta es clara. “Oh yeah, yeah, yeah, yeah, yeah”, con los “yeah” bajando en tono de intensidad.

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