Lucha en el barro

Por Reynaldo Sietecase.

Hay candidatos que se presentan a las elecciones y ya saben que no van a asumir sus cargos. Los votantes también lo saben. Pero está todo bien. Es como un juego: votarán para un cargo a alguien que no lo ocupará.

Hay candidatos que se presentan a las elecciones y ya saben que no van a asumir sus cargos. Los votantes también lo saben. Pero está todo bien. Eso no tiene nada de malo. Es como un juego: votarán para un cargo a alguien que no lo ocupará.

Hay dirigentes que criticaron a los candidatos testimoniales pero dejaron los cargos para los que fueron votados. ¿Para qué? Para ser candidatos otra vez. Y si son electos, en un par de años volverán a renunciar a sus cargos para ser candidatos.

Casi ningún partido designó a sus candidatos a través de elecciones internas. La mayoría de las listas están integradas por los nombres elegidos por "El Jefe". El adelantamiento de los comicios potenció la dedocracia. Esto encumbró por sobre militantes y dirigentes históricos a amigos, primos, hijos, hermanos, esposas, novias y amantes.

El principal opositor al Gobierno en la provincia de Buenos Aires fue acusado de contrabando, evasión y narcotráfico. Un juez con treinta y ocho denuncias en el Consejo de la Magistratura lo llamó a declarar a dos semanas de las elecciones. El presidente del Consejo de la Magistratura reconoció que el organismo no cumple su función y que las denuncias sobre los jueces no se investigan con la celeridad necesaria. Desde su creación sólo apartó a dos jueces. La oposición dice algo más: el Consejo de la Magistratura no impulsa las investigaciones para tener condicionados a los magistrados.

El candidato denunciado tampoco contribuyó a clarificar las cosas. Recusó al juez y no se presentó a declarar. Cree que sólo quieren perjudicarlo. La presunción no alcanza. Los ciudadanos no pueden decidir a qué juez prefieren al momento de enfrentar una denuncia judicial.

La Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) demostró esta semana que funciona igual que hace un cuarto de siglo. Les sigue pinchando los e-mails y los teléfonos a periodistas y dirigentes políticos. Luego, con esa información confecciona carpetas de cartón, prolijamente rotuladas, que terminan en despachos oficiales.

Y como si fuese poco, apareció un candidato con el mismo nombre que el candidato que amenaza la supremacía del Gobierno. Un clon inventado, supuestamente, para sacarle votos a partir de la confusión. El candidato se molestó, pero hizo un alto en la campaña para visitar el programa de televisión que parodia a los políticos. Allí tiene otro clon. Bailó con él e hizo chistes. Un senador candidato a senador acusó al gobernador de su distrito de utilizar técnicas del nazismo para perjudicarlo. El gobernador le recuerda su compromiso con las privatizaciones y desguace del Estado en la década del noventa. El senador dice que el gobernador es un tiramierda.

Dirigentes del campo insultan, amenazan de muerte, patalean y escrachan a diestra y siniestra. Siempre más a diestra, en realidad. Hubo uno que se confesó abiertamente golpista ante periodistas golpistas. Los dirigentes del campo también concurrieron al programa de televisión que parodia a los políticos. Allí el chacarero de los insultos visitó a su clon, que luce un poco menos exaltado y guarango que él. Nadie puede prescindir de ese escenario, dicen.

Una candidata anunció por enésima vez la hecatombe. Otros advirtieron que la economía se va al diablo. Aseguran que habrá más inflación y que tendremos un dólar desbocado. Los candidatos del Gobierno no se quedan atrás. Insisten en la idea: nosotros o el caos. Dicen que volveremos a 2001 si la cosecha de votos no es la suficiente.

¿La calidad de esta campaña nos representa como sociedad? ¿Es un espejo impiadoso? ¿Así somos? ¿Partidarios del vale todo? ¿Vulgares e irrespetuosos?

Y hay más. Una encuesta para cada candidato que pueda pagarla. El que abona tiene el informe que desea. El cliente siempre tiene razón. Los sondeos se convirtieron en elementos de campaña. Son como avisos publicitarios.

Los medios de comunicación juegan su partido de manera abierta y desembozada. Los diarios hacen tapas a pedido. Amplifican denuncias contra "sus enemigos" o esgrimen cerradas defensas de aquellos que puedan coincidir con sus intereses. La información es lo de menos. Es preferible incidir sobre la realidad que contar lo que pasa y por qué pasa. Las líneas de conducción periodística son permeables a los gerentes. Es probable que estemos haciendo el peor periodismo desde el retorno a la democracia.

El debate de ideas y la discusión de propuestas son los grandes ausentes de esta campaña electoral. Estos hombres y mujeres que ahora luchan en el barro ocuparán los ámbitos legislativos en todo el territorio nacional a partir del 10 de diciembre. Desde allí deberán tejer los acuerdos que contribuyan a consolidar un país más justo.

Comentá la nota