Luces y sombras

Los sobreprecios de las obras públicas son un fantasma que ronda tanto a los municipios como a las provincias o al Gobierno nacional. Lo que para una obra privada es simple -conseguir varios presupuestos y asegurar tiempos de entrega-, en el Estado se convierte en un misterio difícil de develar
Por estos días tuvo lugar en el Honorable Concejo Deliberante una discusión con vecinos del barrio San Martín a causa de los precios de una obra de alumbrado para esta zona que, después de varios informes de los funcionarios, todavía no quedan claros para quienes deben abonarlos.

La controversia es compleja, ya que los vecinos se encuentran con un requerimiento de pago por alumbrado público que va desde los $13.000 a los $14.000 por cuadra, lo que parece demasiado para tres columnas lumínicas. Sin embargo, cuando uno se dirige a las autoridades municipales para hablar de este tema, presentan cifras diferentes a las de los vecinos. A propósito, N&P consultó al concejal Eduardo Abud.

N&P: ¿Cuál es la realidad en esta situación?

Eduardo Abud: La verdad es que hay valores muy claros. Para un terreno tipo, que es en el que se basa toda licitación por la Ordenanza Nro 165, con una superficie de 10 x 23,30 metros -los habituales para la ante esquina de todos los barrios-, el costo es de $108 por mes durante 12 meses. Esa es la cifra. Si se paga contado, el monto se reduce a $98 ó $99 si se lo divide en los meses del año.

N&P: ¿De dónde surge la confusión, entonces?

E.A.: En la discusión con los vecinos en el HCD, el concejal Santiago Bonifatti acercó otra cifra y eso llevó a confusión. Pero acá hay una licitación con un precio establecido en ella. Para bajar el precio habría que realizar otra licitación; o de lo contrario, el intendente tendría que realizar un decreto en el cual se comprometa a subsidiar $50 ó $54 por frente, que es lo que nosotros proponemos, y explicar que lo que se le cobra al vecino es únicamente la diferencia. Pero tiene que haber una información clara de que la licitación actual es correcta y que por buena voluntad del intendente o del Poder Ejecutivo, se les baja el precio a los vecinos. La Municipalidad se haría cargo de la mitad, y la otra la paga el frentista. Lo que yo acerqué a la mesa de trabajo es que se les cobre la mitad, más allá del valor real.

Seamos honestos, porque parece que nadie quiere decir la verdad. Si yo compro un repuesto en carácter de privado, en la ciudad de Mar del Plata o en Buenos Aires, el comerciante le pone un valor, y si va un municipio, pone otro. El problema es que el municipio no paga en menos de 120 días, y la gente tiene que vivir y mantener su capital. Es porque tienen desconfianza, y esa es la verdad. Acá no se toma valor real de las cosas, sino el de cotización. Esa es la discusión que tuvimos con el ingeniero Ponce: él dice que lo hacen para la Municipalidad y que en esos casos los valores son otros, los que se reflejan en el pliego. Ahí viene la disconformidad, no puede ser.

N&P: ¿Cuál es la diferencia entre los valores que le pasan a la comuna y la que les pasan a los vecinos?

E.A: Más del 100%.

N&P: Es una locura…

E.A: Sí, pero es lo real, no se puede decir que no. Además hay otro tema: tenemos que evaluar que no nos podemos hacer de los pliegos de licitación, y tampoco de la información sobre las características de las luminarias que ofrece la empresa que ganó.

Distintos planes de alumbrado

Durante los años de la gestión de Daniel Katz, se hablaba de un programa nacional que pondría 30.000 luminarias en la ciudad de Mar del Plata. Daba la sensación de que era un programa del Estado en el cual en algún lugar alguien compraría millones de lámparas que luego se distribuirían por todo el territorio de la Argentina. La idea que presentaban era ésa. Con el tiempo se transformó en un programa que terminaban pagando los vecinos.

N&P: Desde un principio no existió una información clara, porque durante tres años -dos de Katz y uno de Gustavo Pulti-, el mensaje que llegaba era otro: que los vecinos no tendrían que afrontar el pago porque estaba incluido en el impuesto, ya que el Estado había realizado la compra.

E.A: Es verdad, ese programa se llevó a cabo pero no se terminó. En la actualidad, en la zona donde vivo desde hace 56 años, existen 3 lámparas diferentes de 3 planes distintos en el frente mismo de mi casa. Porque el plan "Promueve", que puso en marcha Katz, si lo hubiera puesto en todo el barrio, hubiera sido excelente. Superando incluso a los bracitos, algunos de los cuales todavía están prendidos porque aún no los sacaron. Y ahora tenemos las columnas, que comentan va a ser una iluminación especial de 100 watts, según el ingeniero Conte. Pero la decisión de a quién o de qué manera se instalan las columnas, en qué barrio las ponen, cuál es el barrio que tiene plata y cuál no, quién determina cuál es el barrio carenciado, la tiene el ingeniero José María Conte. Eso es una vergüenza y se lo dije en la cara. No se puede hacer eso: tiene que ser parejo para todos los vecinos de la ciudad de Mar del Plata. La luz la tienen que tener todos. No se les puede regalar a unos y a otros no. Los vecinos de este barrio tienen cultura de pagar los impuestos, si no sería más fácil: pedirían los servicios y después que los pague otro. Si pelean el precio es porque lo piensan pagar.

N&P: Lo que sucede es que los vecinos tiene memoria. El ingeniero Conte, siendo funcionario de Aprile, lanzó un programa de cordón cuneta y después hubo que amparar a la gente porque la empresa había negociado los pagaré, nunca terminó la obra, y a los vecinos les querían rematar la casa con esos documentos. Es un esquema muy peligroso cuando no se sabe quién es el responsable, quién se queda con las acreencias y cómo las van a manejar.

E.A: También en la época de Aprile se construyó el cordón cuneta y el asfalto con un plan para gente desocupada del barrio San Carlos, a un valor irrisorio. Si se hubiese continuado en las administraciones siguientes, hoy tendríamos asfalto en toda la ciudad a precios muy accesibles. Hoy existe un pliego de licitación a $9.000 por frente para el asfalto en Bosque Alegre. ¿Es posible que a un frentista, el cordón cuneta y el asfalto le puedan salir eso? ¿Quién lo puede pagar? Seamos realistas, pasa lo mismo que con la luz. No es que hay vecinos que pueden y otros que no pueden pagarlo.

Además hay actitudes. Una vez puestas las columnas, ¿van a ir a sacarlas? Eso es, además de una vergüenza, un avasallamiento de autoridad. Es de enfermos plantear algo así. Hay que conversar, informar al vecino; si se puede demostrar que esos son los valores, es nuestro deber informárselo al ciudadano. Si la autoridad que está reglamentando puede demostrarlo, entonces tendrá razón. Pero si Bonifatti y Pulti tienen razón, deben probarlo, no pueden cambiar de caballo en mitad del rodeo. No pueden decir primero que me cobran 100, después que me cobran 90, y ahora dicen 81… ¿Dónde están firmados esos montos? Eso es exceso de autoridad, y es lo que el vecino reclama. Si el asfalto vale $9.000, y la luz $1.200, deben demostrarlo con la documentación respaldatoria a quienes pagan.

Modelo de autogestión

Quizás lo mejor sería volver a otros modelos de mejora utilizados con anterioridad en Mar del Plata. Decirles a los vecinos que se convoquen, evalúen, abran las obras a la empresa privada, saquen al municipio del medio y que éste controle sólo la calidad de lo que se haga.

Abud explica que en la misma zona donde vive, el barrio San Martín, hubo con anterioridad problemas con el agua. En ese momento se llevó a cabo un programa denominado de autogestión: una empresa líder en Mar del Plata pasó un precio al barrio por la distribución de las cañerías domiciliarias; los vecinos se enojaron y buscaron los pliegos. No la sociedad de fomento sino los vecinos se unieron, llamaron a otra empresa, abrieron los pliegos con supervisión de OSSE y se redujo en un 50% el valor de la obra. Sí, claro, es posible. ¿Por qué no apostar por la autogestión? Que el vecino le pague directamente a la empresa, y la empresa seguramente va a pasar menos dinero por el trabajo.

Es normal que cuando un privado contrata una obra para su casa, pida 2 ó 3 presupuestos distintos porque seguramente difieren mucho los valores. El precio para trabajos oficiales es siempre más alto. Si hay licitación, tiene que haber un buen registro de suscripción. Hay que poner a disposición de las sociedades de fomento los registros de oposición, y que sean los vecinos quienes decidan por sí o por no. Además, si llega un crédito otorgado por el Gobierno nacional o el de la Provincia, entender que tampoco es un regalo, sino dinero de los contribuyentes que regresa en oportunidad de obra.

El oficialismo se manifestó en desacuerdo con la actitud del concejal Abud de acercar a los vecinos al Concejo Deliberante para discutir estos asuntos. Abud asegura, por su parte, que como representantes de los ciudadanos que los ediles son, no puede molestar que los marplatenses se acerquen a sugerir planes de acción, posiciones o ideas. Porque la representación es loable, pero si se la nutre y fiscaliza, es aún mejor.

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