Lousteau afirmó que la permanencia de Moreno "raya en la locura" y reveló detalles de su paso por el Gobierno

Lousteau afirmó que la permanencia de Moreno "raya en la locura" y reveló detalles de su paso por el Gobierno
En una entrevista exclusiva con lanacion.com, el primer ministro de Economía de Cristina Kirchner afirmó que la resolución 125 "fue el mal menor" frente a la iniciativa que barajaba el secretario de Comercio Interior; relató que elaboró "un proyecto paralelo" para transparentar al Indec; "La visión de Kirchner es muy primitiva", calificó
Martín Lousteau quedará irremediablemente atrapado en los libros de historia argentina contemporánea como aquel funcionario que públicamente inauguró el mayor, y aún no resuelto, conflicto de intereses entre un gobierno nacional y un sector tan importante en la economía del país, como es el agropecuario.

No obstante, el primer ministro de Economía de la gestión de Cristina Kirchner, el más joven que pisó el Palacio de Hacienda, afirmó que la resolución 125 de retenciones móviles "fue el mal menor frente a otra iniciativa que se estaba barajando en el Gobierno" y que preveía fijar los derechos de exportación de la soja en más del 60%.

En una entrevista exclusiva con lanacion.com, identificó al autor de esa propuesta. "Moreno ha roto absolutamente todo lo que ha tocado, todo, todo", exclamó un frustrado y autocrítico Lousteau, quien aún dice no comprender cómo la Presidenta mantiene al secretario de Comercio Interior en su gobierno. No obstante, Lousteau defiende el sistema de retenciones móviles.

Consultado sobre si rol ante la manipulación de las estadísticas públicas en el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), se defendió. "Tuve un proyecto paralelo de generar otro índice. Discutí con Moreno públicamente por esto", indicó. "Para hacer gestión, lo que medía el Indec a mí no me servía", remató.

Pese a la actual crisis económica que vive el país, el ex ministro de Economía, aquel que venía a oxigenar al kirchnerismo y sólo gestionó unos meses, ve pocas posibilidades de que se generen cambios en el rumbo. Así lo explicó: "Sigue primando la visión de Néstor Kirchner y esa visión es muy primitiva".

- Usted fue el impulsor de la polémica resolución 125 que modificaba el sistema de retenciones móviles, ¿se arrepiente?

- La resolución tuvo un nacimiento muy particular porque fue el mal menor frente a otra iniciativa que se estaba barajando en el Gobierno.

- ¿Cuál era esa iniciativa?

- Poner un esquema muy parecido al del petróleo, que era imponer retenciones del 63,4% y fijar el precio de la soja. Es decir, si la soja valía 400, ponerle esa retención, que fijaba el precio en 160 dólares. Fue el mal menor, trabajado contrarreloj, para contener esa situación. Allí creo que hubo dos errores. El primero fue un error político, que fue dejarse atrapar en una discusión de cuál era el mal menor. Los problemas se venían concatenando y estaba lidiando con una parte de mi ministerio que boicoteaba las cosas. Tenía varias personas sólo tratando de remendar las cosas que Moreno iba rompiendo por ahí. Respecto a la resolución en sí, creo que hay cuestiones que deben ser rescatadas sobre todo para darle un corte final a la discusión con el campo, que nunca se resolvió. En ese sentido, la Argentina tiene que ir a un sistema de retenciones móviles porque los precios de los commodities son muy volátiles y tienen un montón de implicancias para la gente que compra comida, para la rentabilidad, para el balance de dólares, para la posibilidad del Central de intervenir sin generar inflación.

- Los productores agropecuarios afirmaban que la movilidad destruía el mercado de futuros

- Lo que destruye el mercado de futuros no es la movilidad, sino la aplanación de la curva. Moreno quería fijar el precio de la soja. Esa falta de movilidad del precio era lo que destruía el mercado de futuros. Porque si cosecho y no tengo la especulación de que la soja puede valer más, la vendo toda en el momento.

¿Por qué cree que el Gobierno no resuelve todavía el conflicto con el campo?

- Todas las partes nos atrapamos en un momento. Un sector del Gobierno interpretó que ésta era una pelea política. El campo también se paró en un lugar muy complicado porque tuvo dos iniciativas muy complejas: la primera fue reaccionar con un paro. Y la segunda es que no apuntó contra el responsable. El campo sabe que el que está rompiendo todo sistemáticamente es Moreno. Sin embargo, el sector nunca dijo que lo que quería era sacar a Moreno y que hubiera políticas racionales. Ahora, quizás, algunos se animan un poco más. Creo que el campo podía haber elegido en lugar de una manifestación tan mediática y una confrontación de poder, ir al núcleo de lo que a ellos les molestaba. Creo que esas dos cosas sesgaron la discusión. Cualquier resolución de un Gobierno es oponible, cuestionable, revisable, pero los dos actores se pararon en un lugar en el que era imposible todo eso. En la iniciativa del Gobierno hubo un problema adicional que fue que las clases medias urbanas que tuvieron un buen pasar en la primera etapa del kirchnerismo, durante la gestión de Cristina ya estaban viendo erosionado su bienestar por la inflación y los modos del Gobierno, que no eran cuestionables cuando las cosas iban bien, se hicieron muy cuestionables. Creo que reaccionaron ante el discurso de los piquetes de la abundancia. Ahí fue cuando el conflicto se empezó a trabar y eso se respondió con un cacerolazo. De los errores técnicos, independientemente de cómo hayan surgido, el responsable siempre soy yo, porque estaba a cargo del ministerio. Y el haberme quedado entrampado en la discusión de si era el mal menor, también es un error mío. Pero yo me fui en abril, el voto no positivo es de julio, y hoy estamos en julio de un año después y seguimos con los mismos problemas.

- ¿Siente que desde su gestión se avaló la manipulación de índices en el Indec?

- Soy muy consciente del descreimiento general de las cifras del Indec. Lo discutí desde adentro. Tuve un proyecto paralelo de generar otro índice. Discutí con Moreno públicamente por esto. El nuevo índice se anunció cuando yo ya había renunciado. Hay un montón de maneras de hacer mediciones. Para hacer gestión, lo que medía el Indec a mí no me servía porque [el índice] excluye cosas que a mí me interesa tener.

- ¿Cuál era su proyecto para el Indec?

- Había que lidiar con dos cosas. La situación anterior que se había generado, con la intervención, con los desplazados y los nuevos nombramientos. Y ahí yo tenía una persona que para mí es de las pocas personas que sabe de precios en la Argentina [no quiso dar el nombre]. Venía trabajando en un índice construido como a mí me hubiera gustado. Mientras se trabajaba desde un lugar, yo tenía un equipo en las sombras trabajando en otra cosa. Mi idea siempre fue anunciar la creación de un departamento de perfeccionamiento de estadísticas del Indec, nombrar esta persona y tomarme seis meses para construir un nuevo índice. Ya había hablado con entidades bancarias y universidades. Además quería crear un comité que siguiera de cerca cómo se iba gestionando el nuevo índice. Pero no iba a anunciar un índice de un día para otro porque me parece que carece de rigurosidad intelectual. El decreto actual da la formalidad de la dependencia del Indec al Ministerio de Economía cuando en realidad ya dependía de la secretaría de Política Económica y no cambia en nada. Lo que pretendía era que me den el manejo del Indec, que dependiera exclusivamente de mí y que a la gente la designara yo. Eso sólo ya cambiaba la percepción de los usuarios de estadísticas, que lo iban a avalar, justo lo que hoy no pasa.

- ¿Moreno fue el obstáculo en esa puja?

- Los obstáculos los decide el responsable final de la política en la Argentina. Es lo que decide la Presidenta.

- Entonces, ¿Moreno le ganó esa pulseada? ¿Convenció a Cristina Kirchner de que había que seguir en ese rumbo?

- Evidentemente. A las tres semanas de renunciar estaban anunciando el nuevo IPC.

- ¿Por qué el Gobierno sostiene a Moreno y la actual situación en el Indec?

- Es una buena pregunta para un psicólogo o para el propio Gobierno. Yo no lo haría. No lo puedo entender. Muchas veces el Gobierno prometió a los funcionarios que asumían que Moreno se iba. A mí también. Ya a esta altura, esta persistencia raya en la locura para mí. Un gobierno democrático o inteligente no puede tener un funcionario como Moreno. Por los modos, un gobierno democrático no puede tolerar un secretario así, y, por la ineficiencia o la ineficacia, un gobierno inteligente tampoco. Moreno ha roto absolutamente todo lo que ha tocado, todo, todo. Vayamos por áreas: las estadísticas oficiales, cero credibilidad; el trigo no se está sembrando en la Argentina; la carne, se dice que la Argentina va a tener que importar carne; con la leche, lo mismo; la Argentina era una potencia láctea y ya no lo es; el petróleo, todo el mercado de exploración y refinación está parado. Puede conseguir algo [Moreno] en el cortísimo plazo, pero estructuralmente ha destrozado todo. Algún día alguien va a sacar la cifra de cuánto le ha costado Moreno al país. Decenas de miles de millones de dólares.

- ¿Cómo describiría el escenario económico mundial?

- En el escenario internacional pasó lo peor, por lo menos, en cuanto al sector financiero. Desde ese punto de vista, ya se pasó con una intervención muy grande, determinada por el rol preponderante de la Reserva Federal. Esa liquidez enorme provoca enseguida que tengas un montón de indicadores financieros que se mueven en la dirección correcta. Pero de ahí a que eso vaya al sector real hay un trecho. Sigo creyendo que va a ser una salida muy lenta y problemática. Es mucho más difícil que la intervención llegue al sector real. Después, está la discusión incipiente de cómo se sale de la paradoja en la que te sumergió la intervención.

- En este contexto, ¿cuál es el escenario en el país?

- En la Argentina, cuando recién tuvimos noción de que empezaba la crisis, la agenda del país no era distinta. Me acuerdo de hablar con [el ex presidente, Néstor] Kirchner y [el ex jefe de Gabinete] Alberto Fernández en Puerto Madero, presentándoles qué era lo que había que hacer. Lo mismo era lo que tenía que hacerse antes, durante la crisis y ahora. En aquel momento, había un montón de tensiones que se venían acumulando en la economía desde mediados de 2006 en adelante y que había que corregir. Se había dado la casualidad de que se podía corregir porque cambiabas el ropaje sin cambiar el poder. Llegaba Cristina y podía encarar otras cosas que Kirchner no podía, producto de haber nacido con la crisis. Necesitabas controlar la inflación, recuperar la credibilidad del Indec, volver a financiarte en los mercados -la primera emisión que se hizo fue la que hicimos nosotros- y fortalecer el frente fiscal, sobre todo dejar de gastar en un montón de temas que son improductivos como la enorme cantidad de subsidios. Pero había que hacerlo gradualmente. No podés sorprender a la gente porque sino deja de consumir. Teníamos una agenda muy clara en cuanto a restricción: enfriar la economía para tener los suficientes recursos para utilizarlos cuando veías que la crisis estaba encima. Esa discusión se daba en diciembre de 2007. Enfriar la economía en ese momento significaba que el sector público dejara de traspasar recursos mal usados al sector privado. Estaban mal usados porque eran recursos que iban a la clase alta.

- ¿Observa en el Gobierno la intención de corregir el rumbo actual?

- Es muy difícil, porque es comprender desde el punto de vista sistémico donde estaba ubicada la Argentina. Había que dar la señal de que entendías eso. Si podías empezar a tener una política antiinflacionaria, era suficiente señal para el mundo externo de que estabas bien rumbeado, lo mismo que si encarabas el Indec desde el primer momento. El problema es que a medida que pasa el tiempo, como se persiste en lo mismo, la señal que necesitás es mucho más fuerte. Veo que ahora el Gobierno toma esto de dar la señal política, pero la toma desde el punto de vista de la carcasa y no desde lo más profundo. Una cosa es encarar la recuperación del Indec antes del anuncio de la primera medición del Indec de la gestión de Cristina y otra cosa es hacerlo 18 meses después.

- A más de un año de su salida del Gobierno, ¿cómo evalúa su paso por la gestión kirchnerista? ¿Se arrepiente de haber formado parte?

- (Piensa) Empiezo por lo último. Arrepentirse... Uno tiene que arrepentirse de las cosas cuando tenía la información adecuada en ese momento y toma malas decisiones. En ese momento, había más incertidumbre, pero estaba bastante convencido de las cosas que había que hacer y que tenía un equipo bastante grande como para hacerlo. Lo que no medí es el resto de los factores. Fue quizás una frustración en el sentido de que para mí las cosas que había que hacer desde lo técnico eran bastante claras y lo que fue imposible fue implementarlas en un Gobierno que no quiere tener diálogo hacia adentro. Probablemente puesto en la misma situación, y con la misma vocación pública, para mí había una oportunidad de hacer lo que en los últimos años no se había hecho. Antes de que me ofrecieran cualquier cosa yo siempre dije que el gobierno de Kirchner era un hospital de guerra. Se adoptaban medidas de crisis. En ese contexto, todos somos heterodoxos. El desafío era cómo se transformaba en un proceso de decisiones normales en tiempos normales.

- ¿Tenía la expectativa de que el Gobierno cambie a partir de Cristina?

- Sí, yo recuerdo el discurso de Cristina en la inauguración de sesiones. En el día a día eso fue muy difícil. La primera señal política fue cuando trascendió lo del juicio en Miami [el caso de la valija del venezolano Antonini Wilson]. Kirchner enseguida tomó cartas en el asunto, casi como un estadista, como un jefe de Estado, diciendo cómo tenía que contestar la Argentina. A partir de ahí fue siempre muy complejo. En cuanto al diagnóstico económico, sigue primando la visión de él y la visión de él es muy primitiva.

- ¿Las reuniones eran con Néstor Kirchner?

- Fui a discutir con él cómo corregíamos las cosas que había que corregir y de las cuales él se había entrampado en su última etapa de gestión y a partir de la segunda reunión yo no tuve más diálogo. Y no había pasado un mes de gobierno. Si todo el mundo tiene referencia en una persona y vos tenés mala relación con esa persona, se acaba... rápido. Cuando uno lo ve desde afuera no se da cuenta de que es un Gobierno formado por gente que trabajó antes con él y que le levanta el teléfono a él. Así es imposible.

- ¿Volvería a ocupar un cargo público?

- Tengo vocación pública y por suerte, me consultan varios. Me interesa contribuir, vivo en este país. Trabajé en el Banco Provincia, en el Ministerio de la Producción, todas experiencias que fueron mucho más gratificantes que la del Ministerio. Ahora veo que hay dos cosas que entran en juego cuando te ofrecen un cargo así: una tiene que ver con la vanidad y la otra con el sentido de omnipotencia, de poder hacer las cosas. Ahora creo que participaría siempre y cuando vea un proceso colectivo, todos acompañando un proyecto. Pero creo que todavía falta construir ese imaginario colectivo en la Argentina.

- ¿Se ve cercano a alguno de los referentes políticos?, ¿de Felipe Solá?

- Yo soy y voy a ser siempre de centroizquierda, me identifico con la socialdemocracia. Me identifico mucho más con el Partido Laborista o el Psoe.

- ¿Y acá?

- [Risas] No acá, es difícil.

- ¿La Coalición Cívica por ejemplo? (uno de sus socios es hijo de Gerardo Conte Grand)

- [Risas] Sí, pero es el hijo. Gerardo es peronista, de toda la vida. Acá es extraño. Kirchner trató de armar con la transversalidad una fuerza de centro izquierda y empieza a ser probable que el fracaso kirchnerista te deje eso. El resultado mediato de la elección es que se dividió la elección en tercios. Un tercio panradical, otro kirchnerista y otro peronista Pro disidente. Eso en el corto plazo son tercios de seres muy mediáticos, que para mí dificultan mucho esta construcción de un diálogo, pero en el largo plazo eso decanta en la reconstrucción de un bipartidismo en la Argentina.

- ¿Cómo fueron los días previos a su renuncia?

- Pasé muy poco tiempo en el Gobierno cuando empecé a tener la sensación de que no quería estar ahí. Había pasado un mes y medio y la sensación era que no iba a poder cambiar muchas cosas. Había un diagnóstico claro, había una crisis internacional y cosas que habían dejado de funcionar como habían funcionado en la primera etapa del kirchnerismo y había que corregirlas rápido. Cuando vi que eso era muy difícil me puse un plazo. Si no conseguía antes de octubre poder corregir algunas cosas, evidentemente no era la persona para ese Gobierno. Empecé a tener bastantes discusiones por el tema Indec, inflación y subsidios los días previos [a su renuncia] y hubo un par de discusiones que fueron el detonante y una discusión final donde uno de los secretarios de Estado me dijo que nada de lo que nosotros sabíamos hacer servía ahí. Lo estuve meditando un tiempo y definí que me iba a ir. Pedí una reunión con la Presidenta para renunciar.

- ¿Tiene contacto con algún funcionario? ¿Volvió a tener contacto con Cristina Kirchner?

- Con funcionarios sí, con la Presidenta no.

El gesto de Moreno en la Plaza de Mayo

"Venía de una reunión con todos los representantes de las distintas cadenas que transforman la proteína vegetal en proteína animal. Ellos eran perjudicados por el paro del campo. Estaban sacando un comunicado en contra del rumbo que tomaba el conflicto y en medio de la reunión, un dirigente me dijo que le estaban bajando contenedores de carne de exportación. A mí me pareció un gesto no sólo exagerado sino mal orientado. Ahí ya sabíamos que se levantaba el paro. Llamé al jefe de Gabinete y a la Presidenta para explicarles la inutilidad de la medida. Pero el responsable de implementación había sido Moreno. Cuando me lo crucé en el palco le dije que estaba loco o que no servía para nada, con un poco más de vehemencia y él me contestó: «Vos no entendés. Acá trazamos una línea. De un lado estamos nosotros y a todos los que están del otro lado les vamos a cortar la cabeza». Creo que el contenido de la discusión es casi irrelevante. Para mí un funcionario que hace un gesto así en el medio de un conflicto se tiene que ir. Es un problema profundo de simbología en un gobierno democrático".

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