SAN LORENZO 0 - HURACAN 1: Más fiesta que tiki tiki

Un cabezazo goleador de Goltz desató el alarido de Huracán. Que ganó el clásico con el alma y quedó a un punto de Vélez, a dos fechas del final.
Buen horario para el café con leche", dijo un madrugador que rara vez era madrugado, Alfredo Di Stéfano, cuando le tocó un partido a la mañana. "Estuvo bien el café con leche, sabroso... Sobre todo, porque San Lorenzo nos quiso escupir el asado y no pudo", recalcó ayer Angel Cappa, pasado el mediodía, sonrisa en boca y vasito de café puro en mano. "Linda hora para armar una fiesta, sin tiki tiki pero con toda la felicidad del mundo", pensó el hincha de este Huracán que ayer a la madrugada le ganó a San Lorenzo con el mínimo esfuerzo y la máxima sonrisa. Este Huracán que, ahora, depende de sí mismo para ser campeón ya que enfrenta al líder Vélez en la última fecha.

A las 11, la cancha de Boca se parecía a un estadio de Pekín: ojos achinaditos por todos lados... Los bostezos de arqueros, plateístas y cocacoleros no eran premonitorios de lo que sería un partido nada bien jugado: eran la consecuencia de haberse levantado a las apuradas. El que nunca llegó y jamás avisó fue el tan mentado tiki tiki que, hasta donde se supo, siguió pegado a las sábanas. Amagó hacerse presente con algún toque sutil de Pastore (como el del final del primer tiempo, ridiculizando al Chaco Torres) o con alguna ráfaga de Defederico, pero estaba visto que Los Angeles de Angel Cappa no trabajan de mañana.

Esta vez, la alegría no llegó por las vías tradicionales del toque sino que, sacado de un libreto ajeno, el gol de Goltz llegó de pelota parada: Voboril perdió la marca en un corner y palomita de Paolo el rockero. ¿O acaso ese cabezazo de Goltz no desató el rock más pesado de la tribuna visitante?

En este atípico mediodía de domingo, lo primero no fue la familia, según el refrán franchelliano. Lo primero para Huracán fueron los festejos. Del gol. Del triunfo. Del primer clásico barrial ganado en 8 años. Poco importó que la fiesta, esta vez, no estuviese salpimentada con el tiki tiki: fue fiesta y punto. Y tres valiosísimos puntos. Una festichola que terminó con los de adentro y los de afuera tirando la Bombonera por la ventana.

"San Lorenzo no pudo arruinarnos la fiesta; por eso me siento feliz como cualquier hincha quemero", confesó Cappa. Y agregó: "Era para ganarlo con comodidad pero, como nunca, le dábamos la pelota al rival: el noventa por ciento de los pases se los dimos a ellos. Estaba tan fácil el segundo tiempo: si hubiésemos tenido precisión..."

Cappa dejó clara la virtud de su equipo: "Hoy Huracán dijo 'no puedo jugar bien, pero no me entrego'. Sin dudas tenemos que mejorar la precisión y apostar siempre al buen juego para seguir soñando en grande. Cuando terminó el partido, un jugador de San Lorenzo nos dijo que tuvimos la suerte del campeón. Ojalá tenga razón".

Lo cierto fue que, jugando mucho, poquito o nada, el equipo hizo vibrar a las casi 13 mil almas que llenaron esas tribunas. Que agotaron las localidades de visitante por cuarta vez consecutiva. Que en esta onda verde volvieron a acompañar con el "que de la mano, de Angel Cappa, todos la vuelta vamos a dar". Nada detuvo la fiesta, ni siquiera ese intento fallido del comienzo cuando la bandera gigante no pudo ser desplegada como se debe.

Cómo no iba a haber fiesta, entonces, por más que no hubiese tiki tiki. Si Paolo metía la cabeza y el diablo no metía la cola: remate de Silvera, palo. Si, cuando había olor a empate, Adrián González pateaba la tierra. Si, a la hora del café con leche, nadie pudo escupirles el asado, como repitió Cappa: "Y eso que hicieron de todo para arruinarnos la fiesta: pusieron todo el empeño, trajeron al Papu Gómez, estrenaron camiseta... ¡Cómo no vamos a estar felices y cómo no vamos a querer ir por todo!".

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