San Lorenzo está maduro y no se marea con las alturas

El gol lo convirtió Silvera cuando el líder la pasaba mal. Luego creció su rendimiento y justificó la victoria. Por: Eduardo Castiglione

TODO VALE. GONZALO BERGESSIO Y MATIAS VILLAVICENCIO "JUEGAN" HASTA CON LOS BRAZOS PARA QUEDARSE CON LA PELOTA. SAN LORENZO VOLVIO A GRITAR.

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Cuando los equipos están para ser campeones, cada vez que hace falta mandan señales nuevas, sacan a escena virtudes poco reconocidas en la parte inicial de la campaña. Como este San Lorenzo está para campeón, anoche demostró que, si hace falta, es capaz de salirse de letra, lo que significa lisa y llanamente que tiene, también, el plus de la improvisación. Si así no fuera, 'qué hacía Juan Manuel Torres, un doble cinco con muy buenos recursos defensivos, metiendo un centro de gol en la previa de la definición de Silvera? Si este poderoso conjunto que ha reconstruido un exitoso Miguel Angel Russo no estuviera rumbeado hacia la corona, pleno de fe y rebosante de confianza, 'para qué va Gastón Aguirre al área de enfrente, tira una pared con Bergessio y se pierde el segundo como si fuera un delantero central?

Los fieles azulgranas equivocaron groseramente el diagnóstico. Creyeron que San Martín era un oponente para glup-glup, como para devorarlo de un bocado, y los tucumanos tuvieron chances de gol, con Daniel Vega, a los 60 segundos de juego y en el penúltimo minuto adicionado por un casi perfecto Pablo Lunati.

Es probable que Carlos Roldán haya analizado minuciosamente el duelo de Chile-Argentina, a mitad de semana. En un tramo de la primera etapa de aquel juego, Marcelo Bielsa le dio una orden taxativa a su enganche, Matías Fernández: "Andá arriba de Ledesma, marcalo vos, que no juegue". El técnico de San Martín repitió anoche la receta, con Pablo Cantero en presión sobre el Lobo, y así le dinamitó al puntero la usina generadora de juego. Porque es una verdad revelada que a este San Lorenzo, la primera puntada en la edificación de juego se la da Ledesma. Ese toque inaugural, el que marca tendencia, el eslabón inicial de la cadena de juego es casi siempre del volante central que volvió a Boedo para ser conductor y figura.

Cuando Silvera perforó el arco de Gutiérrez con una volea a pleno empeine que cruzó el derechazo hacia un lugar que lo tornó inatajable, el buen equipo tucumano (ésta es una formación seria de verdad) llevaba 35 minutos de excelente juego, con control del balón, circulación por abajo desde el primer cuarto de cancha hasta los tres cuartos del terreno. Había superado largamente, durante ese lapso, la prueba de la blancura de todo visitante. Con orden, criterio, prolijidad y despliegue. Claro, a San Martín le falta gol, lo que no significa que haya carecido de oportunidades. Esto lo certifican el anticipo de Ibáñez tras centro de Leone y la doble chance que se les escapó a Noce y Villavicencio, con poste incluido y oportuno/salvador manotazo de Orion.

Y como San Lorenzo parece iluminado por la estrella que conduce al éxito, cuando al rival se le pasó el lapso de fecundidad, listo. A otra cosa. Impasable atrás Aguirre --la gente ya lo trata como a quien se le tiene confianza plena--, con la descomunal entrega de energía del Chaco Torres y esa jerarquía que tiene Silvera para pasar de suplente a un probable primer puesto en el podio de los mejores atacantes del plantel, San Lorenzo es hoy como esos boxeadores que, si no se lo noquea de entrada, en el combate largo termina imponiéndose de cualquier manera.

Después, con el pasar de los minutos, terminó poniendo a Gutiérrez entre los mejores del partido. Porque el arquero de San Martín fue el responsable de que el triunfo no engordara más del 1-0.

San Lorenzo está ya a punto de caramelo. Maduro y homogéneo para no marearse en la punta. Y va por lo que le falta para campeón.

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