Loimar volvió a producir con la reincorporación de todo el personal

Ayer se votó el acuerdo. Emoción y discursos medidos de los operarios en lucha. El sindicato consideró que “hay un antes y un después” de este paro. Las partes fijaron una nueva negociación. Luego sorprendió el letrado de la firma, quien negó un consenso definitivo: “es por 72 horas”, matizó.
Eran las 10.12 de ayer. El cielo nublado y un viento que arrastraba el denso humo de las gomas, contrastaba con los gritos de alegría de decenas de trabajadores, que apostados durante un mes en las puertas de Loimar S.A. lograron el fin del conflicto cumpliendo la máxima que no estaban dispuestos a ceder: la reincorporación de los 13 despedidos.

Aplausos, abrazos con lágrimas de emoción, brazos en alto. Como soldados un tanto agotados por la dilatada batalla, desde esas “trincheras” que significaban las carpas, donde pasaron semanas esperando volver a su puestos laborales, los operarios festejaron junto a los referentes nacionales del sindicato ceramista la conclusión del diferendo.

El acuerdo “voluntario”, conformó a Focra y sus representados: anulación de todas las cesantías al 20 de noviembre (cuando comenzó la discusión) y el inicio del camino de discusión para la inserción de Focra en Loimar.

Durante poco menos de una hora, los voceros del secretariado, que protagonizaron la tercera audiencia en La Plata, comunicaron a las bases la buena nueva. En las vísperas de Navidad y Año Nuevo, los empleados iban a llevar tranquilidad a sus esposas e hijos, porque iban a mantener sus fuentes de ingresos.

OTRA LECTURA

Pero una sorpresiva aparición del abogado que representa a la empresa, Raúl Pizarro Posse salió a desmentir la conciliación “definitiva” que sí sostuvo como un triunfo la cúpula de Focra. Para el letrado de la firma, el escrito firmado en La Plata sólo esta vigente por espacio de 72 horas (3 días), con lo cual la patronal podría retomar la decisión de despedir personal.

Luego, Juan Solano, secretario adjunto de Focra Azul, elaboró un contraataque sobre Pizarro al afirmar que “el acuerdo es definitivo”, y desestimó al abogado porque “es un artilugio que, según nos transmitió el propio Juan Loitegui, dueño de Loimar, no coincide con la postura del propietario”.

La información se tornó confusa, con versiones cruzadas sobre lo que sucedió realmente en la audiencia ministerial, no obstante el gremio ceramista advirtió que si la firma determina confirmar despidos “volvemos inmediatamente al paro”.

“Todo fue posible por la unión de los trabajadores: no hay vencedores ni vencidos. Se logró lo que los trabajadores pedían: la reincorporación de todos”, aseveró Solano.

A las 13, ingresaron los operarios correspondientes al turno, cristalizándose la reactivación de la producción. Entre tanto, según lo firmado, en el plazo de 48 horas, Loitegui y el secretario general de Focra debían retomar la discusión sobre los días caídos y el futuro inmediato, sobre todo el punto más polémico, la instalación de ceramistas como representantes legítimos de la mayoría del personal.

“Uno trata de guiar la fuerza de los compañeros por la senda que se cree es la correcta”, señaló el dirigente de la seccional Azul.

“Ahora entren con la frente bien alta compañeros”, era la arenga de los gremialistas a los obreros que ya se aprestaban a entrar a su lugar de trabajo, tras la tensión con la patronal.

La unión y la lucha de los manifestantes fueron consideradas las claves de la resolución.

Llorar por el trabajo

Oscar Bucci (54) cosecha 31 años dentro de Loimar. Su hijo también trabaja en la planta. Ambos aunaron fuerzas en la lucha por regresar a un lugar que sienten propio. Minutos después del acuerdo, transmitió su profunda sensación de satisfacción. “Me trato de aguantar pero igual se me caen las lágrimas”, admitió a LA VOZ el experimentado operario.

“Nunca viví una situación de esta naturaleza. Tengo un hijo efectivo dentro de la fábrica y no quiero que pase lo que yo atravesé aquí”, narró.

A punto de jubilarse, Bucci también valoró que “seguir juntos” fue el sendero que allanó el final feliz.

“Nunca pensé en abandonar la lucha, había que estar muy firmes. Hubo pibes (por sus pares jóvenes) que se animaron a hacer lo que debíamos haber hecho hace muchos años”, trazó como balance de la medida de fuerza.

Siente como sus colegas, que al fin se destapó la olla sobre las “irregularidades” en las condiciones de trabajo que se venían soportando durante décadas. “Ahora hay democracia sindical. Según los compañeros de Focra, están pagando sueldos y antigüedad muy bajos”.

No era un día más. Al salir de su casa, a Oscar lo despidió su entorno familiar: “me desearon suerte, la verdad es que me emocioné muchísimo”.

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