Lluvia de misiles en Kabul

De los nueve cohetes que estallaron en la capital afgana, dos explotaron cerca de las embajadas de Estados Unidos y Gran Bretaña. Según la policía, un niño resultó herido durante el bombardeo. Fue el ataque más fuerte en años.
Una lluvia de misiles cayó ayer por la mañana sobre el distrito diplomático de Kabul, en una nueva escalada nacional de los insurgentes en su apuesta por desestabilizar las elecciones presidenciales, a menos de tres semanas de los comicios. De los nueve cohetes que estallaron en la capital afgana, dos explotaron cerca de las embajadas de Estados Unidos y Gran Bretaña. Según la policía, un niño resultó herido durante el bombardeo.

Los ataques indiscriminados no son raros en la Afganistán actual, pero los de ayer fueron los más grandes y contundentes que sufrió la capital en los últimos años. Además, los bombardeos apenas marcaron el día de violencia que azotaría al resto del país. Cinco personas murieron más tarde en un ataque en la provincia de Zabul y un gobernador se salvó por un pelo de morir en un atentado contra su vida.

Los misiles destruyeron la falsa idea de oasis que reina hace tiempo en la capital y le recordaron a la población de Kabul que los insurgentes no están tan lejos como creían. Irónicamente, momentos antes del bombardeo, el presidente Hamid Karsai estaba en Gardez, en el sudeste del país, instando a los talibán a participar de los comicios.

Los insurgentes, que ya habían prometido boicotear las elecciones, le respondieron lanzando 18 cohetes contra el aeropuerto de Kabul, que el mandatario afgano usó durante toda la campaña electoral para salir y volver de la capital. La OTAN también tiene una base allí, pero según los militares a cargo, ninguno de los misiles cayó cerca.

Mientras tanto, el gobernador de la provincia de Wardak, Mohammad Halim Fedaye, apenas logró escaparse cuando una bomba estalló al costado de la ruta, cuando pasaba su convoy. El dirigente político y su escolta viajaban por la Autopista Uno, una de las rutas más peligrosas del país que une la capital con la antigua capital talibán, Kandahar.

Miles de soldados extranjeros fueron llamados al terreno para garantizar la seguridad en las elecciones del próximo 20 de agosto. Sin embargo, funcionarios afganos temen que hasta 600 centros de votación tendrán que permanecer cerrados debido a la incontenible ola de violencia.

Mientras más se acerca el día de la elección, más muertes y atentados se registran en el desértico país. Otro condimento que parece alimentar la violencia es la participación abierta de Estados Unidos en la campaña. Ayer los ataques a Kabul estuvieron precedidos por una nueva declaración del embajador estadounidense, en la que les pidió a los partidos políticos afganos presentar una plataforma de gobierno. Gran parte de los afganos vota, tradicionalmente, no por ideología o lealtad partidaria, sino por pertenencia a tal o cual tribu.

"El pueblo debe elegir a sus líderes, pero de nada vale si los votantes no tienen una opción real y saben qué defiende cada candidato. Debe haber un debate serio entre los candidatos y entre el pueblo afgano", aseguró el diplomático, Karl Eikenberry, en un artículo publicado en el Washington Post.

A menos de tres semanas de las segundas elecciones presidenciales afganas, no se escuchan debates, sólo bombas.

Comentá la nota