Lluvia mágica

Por: Maximiliano Montenegro.

En la City llueven dólares. En el campo también llueve, para beneficio de la economía. Brasil, China, la devaluación del dólar en el mundo, el precio de los commodities, la enorme liquidez, todo juega a favor de Argentina. Hasta la convicción de los acreedores de que Kirchner tiene vencimiento en 2011 favorece a la administración K. "Le prestamos a Kirchner, paga Cobos", especulan.

La postal del Loco gritando el gol imposible frente a Perú, empapado bajo la lluvia torrencial, no fue casualidad. En la City llueven dólares. En el resto del país, simplemente, llueve. Gotas de prosperidad, gotas de esperanza. ¿Qué más se puede pedir mirando al cielo?

Se sabía, pero en los últimos días terminó de confirmarse. Aun sin equipo ni estrategia, la mano de Dios juega con la celeste y blanca. Veamos.

El dólar se devalúa frente al euro y las monedas asiáticas; es decir que el peso se devalúa frente a esas monedas, mejorando la competitividad de las exportaciones locales hacia esos destinos.

La fuga del dólar sostiene el precio de las materias primas agrícolas que, si bien no se ubican en los valores récord de 2008, se estabilizaron en niveles históricos elevados: ayer, la soja cerró a 360 dólares la tonelada, por encima de los valores promedio de 2007.

La enorme liquidez mundial, a bajísimas tasas de interés –consecuencia de las políticas de los bancos centrales de los países desarrollados para escapar a la recesión–, induce a los inversores financieros a apostar en los llamados mercados emergentes a la búsqueda de rentabilidad.

El real se aprecia, a paso veloz, abaratando las exportaciones argentinas al socio mayor del Mercosur y encareciendo las importaciones brasileñas. Ayer el dólar en Brasil cotizó a 1,70 reales, cuando a fines del año pasado llegó a los 2,45 reales. Así, mientras en la Argentina el dólar subió 25% desde que estalló la crisis internacional en agosto/septiembre de 2008, en Brasil vuelve a cotizar casi a los niveles precrisis. (Obviamente, no todo es ganancias de competitividad para la Argentina, porque acá la inflación [real] es del 15% anual y en Brasil inferior al 5%.)

Brasil carretea, a punto de despegar (ya prevén récord histórico de ventas de autos para 2010). En tanto China no abandonó su rol de locomotora del crecimiento mundial. Más demanda –mejores precios– para las exportaciones argentinas.

¿No estaremos exagerando? Para nada, todavía hay más. "La principal noticia económica es la lluvia", dice Miguel Bein, ex secretario de Programación de la Alianza. Gracias al agua, "la próxima cosecha, aunque menor a la de 2007/2008, se estima un 37% mayor que la del año actual, afectada por una brutal sequía. Este dato no es menor, ya que la recuperación del sector agropecuario adicionaría nada menos que 1,7 puntos al crecimiento del próximo año, que estimamos en nuestro escenario base –sin apertura al crédito– en 4,2%", explica.

Desde septiembre se aquietó la salida de capitales, tendencia que se profundizó en octubre. Por eso, en la City porteña llueven dólares. En 2009, a causa del ajuste de las importaciones que impuso recesión, el superávit comercial rebasaría los u$s 15.000 millones, otro récord. Y aún después del pago de interés de la deuda y otros servicios financieros al exterior (dividendos y utilidades), la cuenta corriente acumularía un saldo positivo superior a los u$s 8.000 millones.

Si por la ventanilla financiera dejan de huir los dólares que ingresan por la ventanilla comercial –al menos en la magnitud de los últimos dos años–, el resultado es simple: en la Argentina sobran los dólares.

Es lo que se observó esta semana. Ante la gran oferta de divisas de los exportadores, el Banco Central llegó a comprar u$s 200 millones diarios –algo que no ocurría hace más de un año– para evitar que la cotización del dólar cayera abajo de 3,80.

Martín Redrado y Amado Boudou coinciden que, a diferencia de Brasil, el Central no debe permitir que el peso se aprecie demasiado, con una baja nominal del dólar. Un tipo de cambio alto no sólo mejora las cuentas del campo y de la industria, apuntalando la reactivación, también engruesa las arcas del Estado, vía retenciones, en tiempos en que los recursos fiscales no abundan como en el pasado. De mantenerse las actuales condiciones, en los próximos meses el Central recobraría buena parte de las reservas que perdió desde marzo de 2008. Un escenario soñado para Redrado, cuyo mandato al frente de la autoridad monetaria vence en septiembre de 2010.

¿PAGA COBOS? El gobierno de Lula acaba de emitir un bono en dólares a 30 años a una tasa del 5,8%, Uruguay colocó un título a 15 años al 6,4% anual. Son rendimientos atractivos para los fondos de inversión, considerando que la tasa en los países desarrollados tiende a cero. La Argentina todavía está lejos de Brasil y de Uruguay. Los bonos de la deuda rinden 12% anual en dólar, una tasa que sería hoy piso para cualquier emisión de nuevos títulos en los mercados de capitales que pretendiera instrumentar el Gobierno. Pero si se mira la parte medio llena del vaso, hace dos meses esos mismos bonos pagaban 40 por ciento.

El principal motivo de la bonanza en la City de los últimos dos meses es, como se dijo, el nuevo escenario internacional. Pero también hay factores locales que contribuyen al cambio de clima. "Tras las elecciones y con menos caja para transitar los últimos dos años, el Gobierno muestra señales (a los mercados) y avanza con una serie de anuncios: canje de deuda indexada, acercamiento técnico al FMI, arreglo con los holdouts y Club de París", es la opinión generalizada de los economistas.

Otra interpretación, no contradictoria con la anterior, es que la administración K cosecharía los frutos económicos de la derrota del 28 de junio pasado. Mientras los banqueros crean que diciembre de 2011 es la fecha de vencimiento de la era K, mayores serán las chances del Gobierno de acceder al mercado de capitales a tasas razonables. Para algunos inversores, la elección presidencial en el horizonte cercano es un mojón de certidumbre que podría dinamizar la actividad en el presente.

La idea, que circuló en bancos de inversión consultados por economistas del kirchnerismo, se resume en un eslogan que por razones obvias no publicitarán: "Le prestamos a Kirchner, pagan Cobos o Macri".

POLÍTICA & ECONOMÍA. Si el año próximo se creciera al 4%, o incluso al 6% –en caso de abrirse el mercado de capitales–, es evidente que la economía no sería un lastre para la política. Pero ¿podrán los resultados económicos mejorar el humor social? ¿Será la economía la tabla de salvación para reconciliarse con amplias franjas de la población, como espera el kirchnerismo? Difícil, por dos motivos: uno, la inflación se "estabilizó" con un piso del 15% anual. Con un poco más de crecimiento, sería más elevada. Dos, aún en el escenario de un crecimiento del 6%, la creación de empleos sería bastante módica. En la industria y otros sectores, el derrumbe de la actividad en el último año dejó una gran capacidad ociosa en las fábricas, que ahora aumentarán la producción sin nuevas inversiones ni incorporaciones masivas de personal.

Crecimiento con alta inflación y escasa creación de puestos de trabajo es una fórmula que cristalizaría niveles de pobreza entre el 25 y el 30 por ciento.

Como dice Bein, "ésta será la primera transición política en décadas sin la espada de Damocles de la devaluación, el default y/o la híper". Pero también será una transición con una gigantesca deuda social.

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