Se llevó Salud a marzo

El conflicto de los distintos sectores de la sanidad muestra la incapacidad oficial para conseguir un Tucumán en paz. Los alperovichistas no quieren despertar.
Tucumán es una desilusión. Hay médicos, enfermeros, agentes sanitarios, odontólogos que andan por la calle pidiendo que se revisen sus ingresos y el problema no se soluciona.

¿A quién le conviene que esto ocurra? ¿Por qué no se encierran de una buena vez a buscar una salida y terminan con el conflicto? Una de las mayores dificultades de los pobladores de esta provincia es encontrar de qué sentirse orgulloso. ¿Con qué presume un tucumano cuando se encuentra con alguien de otra provincia? La Casa Histórica suele ser un caballito de batalla que siempre está a mano y que suele aparecer con Juan Bautista Alberdi. Hay escritores y algunos profesionales que hacen su aporte, pero emigraron hace rato. Como estarán algunas cosas que hasta Mercedes Sosa ya se fue, aunque dejó su voz y sus cenizas tripartitas.

Cuando Juan Manzur juró como ministro de Salud de la Nación su asunción se "vendió" como un hecho trascendental que le daba calidad a Tucumán. Emocionó cuando la Casa Rosada hizo callar a Cristina Kirchner al grito de "Tucumán, Tucumán". Pero todo se escapó como el agua entre los dedos. Este conflicto sanitario (empezó llamándose médico) demuestra -y confirma- que algo no se hizo bien. ¿Quién se equivoco? ¿Manzur, que embelesado con la carrera política se olvidó el estetoscopio en algún avión? ¿El sucesor, Pablo Yedlin, quien aprendió que para ser ministro los conocimientos de medicina no alcanzan?

"El único culpable de este conflicto soy yo". El miércoles, distendido y de buen humor, el gobernador hizo esa confesión. El jueves por la mañana ya era otro. Como si hubiera dormido mal. Apenas se levantó, fue más agresivo que los Kirchner contra los medios a los que no respetan. Debe ser muy difícil negociar, intercambiar ideas o buscar consensos cuando el propio gobernador sale a "escupir el asado".

Tucumán vuelve a ser ese Tucson donde las reglas de juego suelen ser sobrepasadas. En Tucson, los valores se hunden en el pisoteo de las instituciones. En esta ficción se hacen realidad la mafia de hombres y de mujeres que funden películas truchas para que la sociedad los aplauda comprándolas; o puede ser cierto que es mejor no hacer concursos en la Justicia porque hay apuros con los que terminan siendo favorecidos los parientes. En este Tucson se pueden sentar a charlar Fernando Juri y José Alperovich como si nada hubiera pasado, después de que, mutuamente, se trataron casi de delincuentes.

¿De qué se puede sentirse orgulloso un tucumano? De que hace fuerza y logró cubrir varias cuadras más para apoyar a los autoconvocados de la salud, que reclaman mejoras en sus remuneraciones. No es para menos. No suele ser algo común poner el cuerpo. El tucumano ha demostrado su indolencia sobre las cuestiones sociales. Para peor, los representantes que elige no lo acompañan. Por el contrario, suelen coquetear con el oficialismo de turno.

Si la pregunta se hace en los pasillos del Gobierno, se enumerarán extensísimas listas de acciones realizadas en distintas áreas. Nada que no esté dentro de las obligaciones lógicas que tienen los funcionarios.

Entre esas debería estar el interés por encontrar una solución al conflicto sanitario.

Aplazados

La impericia total de las partes y la incapacidad de los legisladores para hallar una salida de este laberinto hizo que la Iglesia entrara a jugar un partido que nunca estuvo previsto. Mal que les pese a muchos, el arzobispo Luis Villalba ha quedado mal parado. Nadie parece sentarse a la mesa en busca de una mediación. La apuesta es a todo o nada y así va a ser difícil ponerse de acuerdo.

Cuanto más transcurre el tiempo, Alperovich siente que gana oxígeno y plata. A medida que los días pasan, los galenos y sus compañeros de cruzada creen que van ganando porque más tucumanos los apoyan. La verdad es que todos pierden.

Al gobernador, esta semana lo han tratado de mentiroso. Eso no es un avance en una provincia que busca vanagloriarse de haber ingresado en un proceso de cambio y de crecimiento.

Materias pendientes

La misma falacia es la que se vive en materia turística. Los grandes hoteles cinco estrellas que no brillan aún. Los inversores encontraron un negocio casi a medida. Hasta los legisladores les hicieron leyes para despejar cualquier tipo de nubarrón. Sin embargo, todo está nublado. Bernardo Racedo Aragón añora aquellos tiempos en los que se vestía de gaucho salteño y sus sueños se hacían realidad. En este Tucson, hasta la Feria Internacional de Turismo es distinta. La última edición lo debe haber hecho repensar algunos planes ya que la provincia brilló por la ausencia, pues quedó una treintena de escritorios vacíos debido a los faltazos tucumanos. Sólo fueron cuatro municipios y 12 privados: se esperaba muchos más.

¿Yo, señorita?

Cuando Osvaldo Jaldo se convirtió en candidato a diputado nacional por Tucumán ya sabía que le iba a mentir al electorado que lo votase.

El oficialismo se llamó a silencio y hasta el mismo gobernador calló lo que era un secreto a voces. Para disimular, el ministro del Interior tucumano renunció a su cargo de legislador, rol para el cual lo había elegido inicialmente un grupo de comprovincianos.

Esta semana logró que los anuncios hechos por la prensa antes de los comicios se hicieran realidad. En esta democracia de principios de siglo ha quedado claro que en el sistema vigente lo único que importa es la voluntad del que tiene el control de la caja: los cargos electivos están más olvidados que los barbijos de la gripe A.

Lo que en otros momentos pudo haber sido una burla al electorado se ha convertido en un hecho más de este ejercicio de la política prepotente y avasalladora. Por eso Jaldo, sin vergüenza, decidió seguir siendo el que maneja políticamente el interior de la provincia. Su decisión no debe haber provocado ni la más mínima molestia en ninguna de las personas que lo votó. Salvo una única excepción: Sergio Mansilla. El ex arquero es uno de los hombres de mayor confianza del gobernador y esta semana viajará a Buenos Aires para ir probando su banca de senador de la Nación. Allí no sólo tiene que votar por lo que José le ordene sino que también debe tener lista la renuncia en el cajón por las dudas el gobernador, en algún momento, decida no ser mandatario -o ya no pueda serlo- por tercer mandato consecutivo. Mansilla es el hombre al que más le dolió la renuncia a la diputación de Jaldo. El hombre de Trancas ya no tendrá sombras para convertirse en el mandamás del interior.

Estudiar idiomas

En la década del 90, cualquier ciudadano ensayaba la tonada riojana. En los primeros años de este siglo lo importante era probarse o lucir el traje de pingüino. En los últimos días, en Tucson la preocupación de los "sijosesistas" es saber si la tonada tucumana bastará.

En el entorno íntimo del mandatario sienten que si los kirchner -Néstor para ser más preciso- lo convoca para la fórmula 2011, no podrá decirle que no. Hay quienes se animan, incluso, a decir que si ninguno de los K va por más, también Alperovich puede ser una carta que el peronismo puede llegar a jugar. El gobernador prefiere evitar referirse al tema, pero es sabido que los celulares están al rojo vivo y que más de un operador analiza todas las variables que pueden surgir si se llega a jugar esa carta.

En ese esquema se anota el diálogo con Juri y el abrazo con los dirigentes de Libres del Sur, lo cual libera al mandatario pero esclaviza para Federico Masso y para Héctor Romano, quienes volvieron al redil. Alperovich no quiere disenso con nadie. Sueña con despejar a como dé lugar el puente a Buenos Aires.

Alperovich piensa sólo en eso y ya proyecta sus vacaciones: lo que no se entiende es por qué no tiene respuestas para el conflicto de los médicos, enfermeros, odontólogos y otros trabajadores de la salud. ¿Con qué querrá presumir? No falta quien teme que el sanjuanino José Luis Gioja tenga mejor hechos los deberes. Más aún si se lleva a marzo una materia como salud.

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