Un día lleno de preocupación en la residencia de Olivos.

Cristina Kirchner tuvo mareos y estuvo en cama; igual quería ir a La Habana.
Desde que Néstor Kirchner se encargó de confirmarlo, anteanoche en Florencio Varela, las siguientes 24 horas fueron un hervidero en lo más alto del poder. "Yo ya le dije que no tiene que viajar. Pero no sé si me va a hacer caso", casi que se quejaba con simpatía el médico presidencial, Luis Buonomo, según relataron fuentes del Gobierno. Era el mediodía de ayer y el viaje de Cristina Kirchner a Cuba peligraba.

La jefa del Estado se resistía. Quería viajar de todas maneras, según contaron a LA NACION testigos del agitado día en el que la única que no pudo -y no debía- moverse fue la Presidenta. El resto del Gobierno debió estar en alerta permanente ante el cuadro de lipotimia y deshidratación que padeció Cristina Kirchner y que llevó a todos los ministros a reestructurar las agendas.

El médico del matrimonio, claro, debió montar guardia completa en la quinta presidencial de Olivos para evitar que su paciente se asomara siquiera a los espléndidos jardines. La temperatura ya pasaba los 30 grados.

La Presidenta no pudo salir en todo el día. De la cama al living. Así transcurrió su tarde, después de cancelar a primera hora el acto que iba a encabezar en el quincho de la residencia oficial, que estaba previsto para el atardecer. Había sido convocado un centenar de personas.

En ese momento comenzó el alerta. Al menos, para quienes habían escuchado la recomendación médica. Pero ante la indefinición, la comitiva de avanzada que acompañaría a la Presidenta siguió camino hacia la isla caribeña. Hasta allí llegó ayer, sólo como un ejemplo, la edecana presidencial de turno.

Sonaba el teléfono en la quinta de Olivos. Era el canciller, Jorge Taiana, urgido de conocer una respuesta de Cristina Kirchner. El apuro era mayor. El gobierno cubano, que con sus tiempos y sus costumbres había mantenido en estricta reserva la agenda del presidente Raúl Castro durante la estada de la jefa del Estado, quería saber desde temprano si finalmente se concretaría el viaje.

Fueron varios los cruces de llamadas telefónicas. La línea entre La Habana y Buenos Aires estaba a punto de colapsar. Media tarde. El jefe de Gabinete, Sergio Massa, salió rumbo a Olivos para acordar la agenda de la semana en la que casi todo el poder partiría hacia las tierras de Fidel Castro.

Con el vicepresidente Julio Cobos en plena disputa, Massa llevaría la voz cantante en la Casa Rosada en ausencia de Cristina Kirchner. Los ministros que formarían parte de la abultada comitiva se intercambiaban información. Nadie sabía a esa hora si debía hacer las valijas o no.

Las primeras noticias hablaron entonces de que la partida hacia Cuba se postergaría sólo un día. La Presidenta tenía previsto salir hoy, alrededor de las 23. Pues entonces lo haría el domingo, aprovechando que no tenía ninguna actividad en agenda en la primera jornada en la isla.

Buonomo insistía. "Pero con la temperatura de Cuba y las 10 horas de viaje es imposible que vaya", decía, según testigos que estuvieron ayer en Olivos.

A esa altura, Cristina Kirchner seguía con la presión baja. El personal de Ceremonial y protocolo del Gobierno, todo lo contrario: hacía malabares para reestructurar el cronograma.

El médico recomendó como paliativo que la Presidenta se mantuviera recostada y con las piernas en alto. Caldo y Gatorade fue la única ingesta permitida. La jefa del Estado hacía caso, pero insistía en viajar. De la cama pasaba al living, donde se sentaba a mirar televisión. Tuvo algunos mareos, según relató una fuente del Gobierno. Casi nada más.

El último control médico, cuando caía la tarde, fue terminante. Estaba recuperada, pero todavía con deshidratación. El viaje se posterga una semana.

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