Llegó a EE.UU. un preso de Guantánamo

Ahmed Ghailani, presunto guardaespaldas de Ben Laden, es el primer detenido de la base enjuiciado en suelo norteamericano
WASHINGTON.- Tuvo su primer revés hace dos semanas, cuando el Congreso le negó "hasta que tenga un verdadero plan" los 80 millones de dólares que pidió para cerrar la cárcel de Guantánamo, convertida en el símbolo internacional del punto más bajo al que llegó la conciencia moral de Estados Unidos.

Pero, pese a ese fuerte tropiezo, el presidente Barack Obama decidió seguir adelante en los próximos meses con la idea del desmantelamiento de la prisión. Y dispuso, en el máximo secreto, el traslado a territorio norteamericano del primer prisionero -de los 240 que permanecen en Guantánamo- que será juzgado por tribunales federales estadounidenses. Una prueba de fuego para el plan de Obama.

El "elegido" fue un preso de los considerados "peligrosos". Se trata de Ahmed Khalfan Ghailani, de 35 años, del que se presume que fue guardaespaldas de Osama ben Laden, acusado de participar en los atentados contra las embajadas de Estados Unidos en Tanzania y Kenya, en 1998, que costaron la vida a 224 personas, entre ellas 12 norteamericanos.

Ayer fue llevado a EE.UU., y en una audiencia de 15 minutos ante una jueza federal de Nueva York, vestido con uniforme de preso y sin esposas, Ghailani, nacido en Tanzania, se declaró "no culpable" de los 286 cargos en su contra. Entre ellos, el de conspirar con Ben Laden y otros miembros de Al-Qaeda para asesinar a estadounidenses en cualquier parte del mundo, cargos por los que podría ser condenado a muerte. La magistrada fijó una nueva audiencia para el próximo martes para dar tiempo a que se defina el equipo de abogados que defenderá al acusado.

En 2007, Ghailani había admitido su responsabilidad frente a los tribunales militares y confesó haber ayudado a Al-Qaeda para atentar contra las embajadas en Dar es Salaam y Nairobi, aunque aseguró que no estaba al tanto de las intenciones de los agresores. El tanzano fue capturado en Afganistán, custodiado en cárceles secretas de la CIA y, en 2006, transferido a Guantánamo, donde estaba a la espera del proceso

A partir de ahora, en que permanece encerrado en una prisión de Nueva York, el caso de Ghailani será clave para el futuro del plan de Obama, que asegura que "es posible y seguro" juzgar -y encerrar- en territorio estadounidense a acusados de terrorismo internacional. El plan, ya puesto en marcha, despierta enormes recelos en el país y, especialmente, en Washington, en un rechazo que incluye a buena parte de los senadores demócratas, el partido de Obama.

La oposición republicana ya alzó su protesta. "Este es el primer paso en el plan de los demócratas para introducir terroristas en Estados Unidos", dijo John Boehner, el líder de su partido en la Cámara baja.

Días atrás, el ex vicepresidente Dick Cheney cuestionó por peligroso e insensato el cierre de Guantánamo. Y reprochó a Obama carecer de un plan firme para llevar adelante el anuncio de lograrlo para enero próximo. Esos "son discursos con los que se cosechan aplausos en Europa", despreció el "número dos" del ex presidente George W. Bush.

Los republicanos vieron en el anunciado cierre de la cárcel un punto débil de Obama. Y, cada vez que pueden, apuntan su hacha a ese punto.

Muchos demócratas también consideran "precipitado" el anuncio y no pocos se preguntan qué error de cálculo llevó al presidente a pedir los fondos al Congreso, cuando aún no tenía un esquema de cierre.

Temores

El plan sigue tan incierto como antes, pero Obama les puso el pecho a las críticas y subió la apuesta, al empezar el resistido traslado de los presos de Guantánamo a territorio norteamericano, algo que genera pavor en buena parte del país.

No es un temor infundado. Hace dos semanas, el titular del FBI, Robert Mueller, alertó sobre el riesgo y las "consecuencias" que la presencia de esos presos podría significar. Desde "venganzas" a "nuevos ataques" terroristas, según enumeró ante el comité de justicia del Congreso.

Por otra parte, el juicio podrá abrir una caja de Pandora: los acusados llegan tras haber sufrido, cuando menos, coacciones, maltratos y en en muchas ocasiones, torturas en Guantánamo. Previsiblemente, en el juicio de Ghailani la fiscalía usará pruebas que no estén manchadas por la coacción. Pero la defensa podría presentar evidencia del trato al que fue sometido por parte de funcionarios de la CIA y del Pentágono. Se desconoce qué puede pasar con esa cuestión durante el juicio, pero hay indignación en el bando republicano, que considera prioritario garantizar la seguridad de quienes "arriesgan su vida" por Estados Unidos.

Obama ha dicho que recibió un "problema heredado" de Bush y que no hará "nada que ponga en peligro" al pueblo estadounidense. Pero el de Ghailani es un caso testigo. Es el primer detenido de Guantánamo en ser juzgado en un tribunal ordinario, en lugar de las cortes especiales creadas por Bush. Un giro clave para la aún joven administración demócrata.

Las opciones

El gobierno de EE.UU. tiene varias alternativas para resolver el tema de los detenidos en Guantánamo.

* Tribunales federales. Cuando sea viable, se enjuiciará en tribunales federales a detenidos que puedan ser acusados de violación de leyes criminales norteamericanas.

* Tribunales militares. Se harán juicios especiales, con tribunales militares, a detenidos acusados de violar leyes de guerra.

* Liberación. Hay 21 detenidos cuya liberación ya fue ordenada por tribunales estadounidenses. Se ignora aún dónde serían enviados.

* Traslado con garantías. El gobierno de EE.UU. ya determinó que unos 50 detenidos pueden ser transferidos con garantías de seguridad a otros países.

* Detenidos peligrosos. Obama identificó a un grupo de prisioneros que no pueden ser sometidos a juicio, pero cuya liberación representa "un claro peligro para los estadounidenses".

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