Ha llegado el momento de reparar el euro

Por GEORGE SOROS

Las deficiencias del euro se sienten cada vez más y están agravando la crisis financiera. La creación de un mercado de bonos estatales de la zona del euro aportaría beneficios inmediatos, además de corregir un defecto estructural

Nueva York

El euro padece deficiencias estructurales. Tiene un banco central, pero no una hacienda pública central y la supervisión del sistema bancario corre a cargo de las autoridades nacionales. Esos defectos están dejando sentir cada vez más su influencia y están agravando la crisis financiera.

El proceso comenzó en serio después de la quiebra de Lehman Brothers, cuando el 12 de octubre de 2008 los ministros de Hacienda europeos consideraron necesario tranquilizar a sus públicos en el sentido de que no se permitiría que quebrara ninguna otra entidad financiera importante. A falta de una hacienda pública central, esa tarea correspondió a las autoridades nacionales, disposición que creó inmediatamente una crisis financiera grave en los nuevos Estados miembros de la Unión Europea que aún no han adoptado el euro. Con el tiempo, aumentó las tensiones dentro de la zona del euro.

La mayoría del crédito en los nuevos Estados miembros es concedido por bancos de la zona del euro y la mayoría de las deudas de las familias están denominadas en divisas extranjeras. Cuando los bancos de la zona del euro buscaron la protección de sus países originarios repatriando su capital, las divisas y los mercados de bonos de la Europa oriental fueron objeto de presiones, sus economías se hundieron y la capacidad de las familias para pagar sus deudas disminuyó. Los bancos con una gran exposición a la situación de la Europa oriental vieron perjudicados sus balances.

La capacidad de los Estados miembros por separado para proteger sus bancos quedó en entredicho y la diferencia entre los tipos de interés de los distintos bonos estatales empezó a aumentar alarmantemente. Además, los reguladores nacionales, con sus medidas para proteger sus bancos, han practicado involuntariamente políticas que empobrecen a los vecinos. Todo ello está contribuyendo a las tensiones internas.

Al mismo tiempo, el desarrollo de la crisis financiera ha demostrado convincentemente las ventajas de una moneda común. Sin ella, algunos miembros de la zona del euro se habrían encontrado con las mismas dificultades que los países de la Europa oriental.

Así las cosas, Grecia está menos afectada que Dinamarca, aunque sus fundamentos económicos son mucho peores. El euro puede estar en tensión, pero no va a desaparecer. Los miembros más débiles se aferrarán a él sin duda alguna; si hay algún peligro, procede de su miembro más fuerte: Alemania.

La actitud de Alemania para con la crisis financiera difiere de la de la mayor parte del mundo, pero resulta fácil entender por qué sigue traumatizada por su recuerdo del decenio de 1930, cuando una inflación desbocada en la República de Weimar propició el ascenso de Hitler. Mientras que el resto del mundo reconoce que la forma de contrarrestar el desplome del crédito es aumentar la base monetaria, Alemania sigue opuesta a cualquier política que pueda entrañar el germen de una posible inflación. Además, mientras que Alemania ha apoyado firmemente la integración europea, se muestra comprensiblemente reacia a convertirse en el inmenso bolsillo que financie los rescates en la zona del euro.

No obstante, la situación pide a gritos una reforma institucional y Alemania se beneficiaría de ella tanto como los demás. La creación de un mercado de bonos estatales de la zona del euro aportaría beneficios inmediatos, además de corregir una deficiencia estructural.

Entre otras cosas, el rescate del sistema bancario resultaría creíble, lo que representaría un apoyo suplementario para los nuevos y más vulnerables miembros de la UE. Además, haría de mecanismo de financiación de unas políticas fiscales anticíclicas y coordinadas. Si estuviera apropiadamente estructurado, aliviaría la ansiedad de Alemania sobre la posibilidad de que otros países le vacíen el bolsillo.

Los mercados de bonos y letras del Tesoro de la zona del euro se complementarían, pero no substituirían los mercados estatales de bonos de cada uno de los Estados. Estarían controlados por los ministros de Hacienda de la zona del euro. Entonces se pondría la regulación del sistema financiero en manos del Banco Central Europeo, mientras que la tarea de garantizar y, en caso necesario, rescatar las entidades financieras correspondería a los ministros de Hacienda.

Así se crearía un sistema financiero unificado y sólido dentro de la zona del euro. Incluso el Reino Unido, que tiene grandes problemas con su descomunal y infracapitalizado sistema bancario, podría sentir la tentación de participar.

Se podrían utilizar los bonos de la zona del euro para ayudar a los nuevos Estados miembros que aún no han ingresado en la zona de la moneda común. Podrían servir también para aumentar la capacidad crediticia de la UE, aparte de los mandatos actuales del Banco Europeo de Inversiones y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. Entonces la UE podría financiar programas de inversión que combinaran una función anticíclica con importantes objetivos europeos, como, por ejemplo, una red eléctrica, una red de gasoductos y oleoductos, inversiones en energías substitutivas y obras públicas creadoras de empleos en Ucrania.

Todas esas inversiones contribuirían a liberar a Europa de la férrea dependencia de Rusia. A la objeción de que requerirían un período demasiado largo para tener efecto anticíclico se puede replicar que también es probable que la recesión dure mucho tiempo.

Habría que resolver dos problemas espinosos: la asignación de la carga de la deuda entre los Estados miembros y la capacidad relativa de voto de los diferentes ministros de Hacienda de la zona del euro. Alemania consideraría los precedentes existentes, a saber, el presupuesto de la UE y la composición del BCE, injustos e inaceptables.

Aunque muchos Estados miembros se mostrarán reacios a aceptar una solución que cambie el equilibrio de poder interno en la UE, serían necesarias algunas concesiones para que Alemania lo hiciera. Por lo general, hace falta una crisis para lograr una avenencia, pero la crisis se está fraguando ahora y cuanto antes se resuelva, mejor.

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