Llega a Bariloche el principal instrumento del satélite argentino

El vehículo, el cuarto de la serie SAC, será un observatorio del océano y el clima global
Mañana, algunos minutos antes de las tres de la tarde, aterrizará en Bariloche un C17 Globemaster de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, fletado directamente a la ciudad patagónica. Carga una gran caja cuyo contenido suma varios miles de kilos. Destino: la nueva misión argentina al espacio, el satélite SAC-D, cuyo lanzamiento está previsto para el año próximo.

A bordo de este enorme avión, llega, desde el Jet Propulsion Laboratory (JPL), de la NASA, en Pasadena, California, el principal instrumento del satélite, el Aquarius, un aparato de altísima complejidad capaz de estimar desde el espacio la salinidad de los océanos y la humedad de los suelos en escala global, y cuyo costo ronda los 100 millones de dólares.

De aquí en más, el SAC-D entra en la recta final de su construcción.

"Es una operación difícil, porque tiene un gran tamaño. Si lo pusiéramos en este cuarto y lo desplegáramos -dice el físico y especialista en ciencias de la computación Amit Sen, director del Proyecto Aquarius, haciendo un gesto con la mano que abarca uno de los salones del elegante hotel situado frente a la plaza San Martín- no cabría. Ocurre que tiene un componente, el reflector, que mide tres metros de largo. Es una antena parabólica. Lo necesitamos para hacer estas mediciones de precisión y es realmente complicado embarcarlo e integrarlo [insertarlo en el cuerpo del satélite]."

Aunque el Aquarius se construyó en el JPL, colaboraron numerosos centros espaciales norteamericanos. "Los componentes fundamentales fueron provistos por el Centro Espacial Goddard, en la otra costa, en Greenbelt, Maryland -detalla Sen-. El JPL aportó un radar para medir la rugosidad del océano, que es otro parámetro clave que medimos para generar una imagen virtual precisa de la superficie del mar."

Y agrega: "Hemos estado contruyéndolo desde 2006. Después de terminar el plano de detalle, nos llevó aproximadamente 30 meses, o incluso más, construirlo. Pero ya está totalmente testeado".

El SAC-D Aquarius ofrecerá por primera vez la posibilidad de estimar la salinidad de mares y océanos en forma global, ya que hasta ahora sólo se conocía mediante mediciones realizadas puntualmente, mediante embarcaciones y boyas.

La salinidad es una característica fundamental del océano. Los contenidos de este mineral en los mares influyen en el cambio climático y desempeñan un papel protagónico en el ciclo hidrológico de evaporación y precipitación. "El 70% de la Tierra es agua; el agua domina el clima -sonríe Sen-. Es decir que, cuanto más entendemos el océano, mejor comprendemos el clima."

Pero éste no será el único instrumento que viajará a bordo del nuevo satélite. Su carga útil incluye otros siete, cinco de los cuales los está construyendo la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, y en los que participan un sinnúmero de organismos del sistema científico, desde la Universidad de La Plata hasta centros de investigación del Conicet y empresas de base tecnológica. En los otros dos intervienen centros espaciales de Italia, Francia, Canadá y Brasil.

"El SAC-D es el cuarto satélite argentino -dice Daniel Caruso, director de proyecto-. El primero pesaba 80 kg; el segundo, 200; el tercero, casi 500, y éste, unos 1400. Es el más grande y complejo que hayamos construido."

Con fecha de lanzamiento de la Base Vandenberg, en los Estados Unidos, para el 22 de mayo de 2010, en vísperas del Bicentenario, por estos días se lo está "integrando" a toda máquina en Bariloche, en las salas incontaminadas de Invap.

"De hecho, además del Aquarius, el instrumento francés está en la Aduana, listo para ser despachado -dice Caruso-. Es más pequeño; por eso pudo venir en un vuelo regular. Para fines de año, el SAC-D estará completamente armado y testeado funcionalmente, listo para ser enviado a Brasil, donde será sometido a lo que llamamos «test ambiental». Lo vamos a sacudir, a exponer al vacío, al ciclo de [drásticas variaciones] de temperaturas [que imperan fuera de la atmósfera terrestre]. Después, a finales de marzo o abril, lo mandamos todo de nuevo a California para el lanzamiento."

"Hemos estado esperando para este momento crítico desde hace siete años -agrega Sen, que por estas horas ya está en Bariloche esperando el arribo de la nave norteamericana-. Finalmente, vemos venir el instrumento a la Argentina. Estamos excitados."

Ocurre que ya lo dicen las leyes de Murphy: si algo puede salir mal, saldrá mal. Y en el espacio exterior, nada puede dejarse librado al azar. "No vemos mayores problemas, pero siempre aparece algo cuando un satélite se integra -concluye Caruso-. Aunque estamos confiados en que todo saldrá bien..."

Comentá la nota