En el límite con Nicaragua, El Paraíso aguarda el regreso de "Mel" Zelaya

El pueblo de frontera es señalado como una posible vía de ingreso del presidente depuesto.
Sorprendido por las dudas del cronista, el alcalde abre los ojos y afirma abriendo sus brazos en cruz: "El presidente Zelaya va a pasar por aquí. De eso no tenga dudas". Luego, repatingándose en su sillón floreado, comenta con ánimo apesadumbrado: "Si así no fuera, aquí habrá una guerra civil". Luego bebe un sorbito de su café helado Espresso Americano, mientras regula desde el control remoto a unos confortables 18 grados la temperatura de su aire acondicionado.

No es para menos. Afuera, el pueblo entero flota en el calor. No hay nadie en sus calles vacías de árboles. Las veredas, angostísimas y de pequeñas baldosas rojas, ya han comenzado a cuartearse por los rayos del sol. El Paraíso, 200 km de Tegucigalpa, con sus 20.000 habitantes repartidos en su territorio recostado sobre la frontera con Nicaragua, es indicado por muchos en este país como uno de los pasos posibles a través del cual el presidente derrocado, Manuel Zelaya, podría retornar al país, en un "reingreso apoteósico" como ha dicho a la prensa, para retomar el poder tras el golpe que lo desalojó el 28 de junio.

Esa es la historia que prefiere creer el alcalde Carlos Ovidio Seguro, del mismo Partido Liberal que el mandatario destituido. Mientras el periodista del noticiero del canal 20 de la TV regional afirma desde la pantalla del Phillips que "toda Honduras estará en El Paraíso esperando al presidente", el jefe comunal da sus explicaciones: "Mire, Zelaya viene por esta frontera porque es el paso más cercano a Tegucigalpa y a Managua, donde se encuentra ahora. Está a mitad de camino. Es estratégico". Cuando se le pregunta si tiene algún informe oficial que lo garantice, se hunde perplejo en el sillón y dice que confía en sus instintos.

A unos kilómetros, en el poblado de Las Manos, sobre el límite mismo con Nicaragua, al este de Honduras, el teniente coronel Gavilán Soto lanza una estridente carcajada ante la consulta de si Zelaya puede pasar por la zona bajo su custodia, en plena selva fronteriza. "No tenemos órdenes de detenerlo, ni tampoco estamos aquí para eso. Sólo debemos cuidar la seguridad para evitar disturbios". Enseguida, secándose las gotas de sudor que cuelgan de su cuello, comenta como para sí mismo: "¡Quiera Dios que se ilumine y no venga por acá!".

En verdad, todo el zigzagueante camino entre desfiladeros desde la capital hacia la frontera está alterado por retenes militares. El gobierno de facto teme que Zelaya cumpla su promesa regresando por algún lugar de la porosa frontera de 900 kilómetros entre ambos países, y El Paraíso, Las Manos y otras localidades de la zona son a estas horas miradas hasta con alfileres en el mapa.

La zona, que huele a cafetales, tabaco y glicinas, es una de las que concentra parte de los adeptos zelayistas. "Pero aquí también hay partidarios del gobierno golpista", según dice a Clarín Carlos Durán, que trabaja en la aduana local. "No sabemos si al final Zelaya pasará por aquí, pero es uno de los mejores lugares. Otra alternativa sería por aire, pero no puede aterrizar en la capital ni en las pistas cercanas".

No muy lejos de allí, donde las nubes rozan las crestas de las sierras vecinas, hace 25 años estaban desperdigados los escondites de la "contra" que buscaba entonces minar al sandinismo que había copado el poder en 1979.

Ya no es una zona de guerra, aunque todos los poblados del área muestran hoy carteles del sandinismo en el poder. En la polvorienta aduana, un enorme cartelón con la figura del presidente "nica" Daniel Ortega informa a los viajantes: "Cumplirle al pueblo es cumplirle a Dios". En verdad, todos saben de los lazos entre Managua y el gobierno venezolano, pero no todos comparten que Zelaya también hubiese iniciado una alianza con Hugo Chávez. El alcalde es quien revela un aspecto del conflicto que desvela hoy a Honduras: "Los problemas empezaron ahí. Yo apoyo a Zelaya, lo reconozco como mi presidente, pero creo que es un error asociarse a Chávez. Esa fue una causa del golpe y el presidente Zelaya tendrá más problemas si sigue insistiendo con eso".

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