El límite es la gobernabilidad

Tanto el país como la provincia viven momentos difíciles en materia política y económica. El rol de la oposición es clave para darle racionalidad y previsiblidad a los actos de gobierno.
Es más fácil ser opositor, posiciona mejor y tiene menos responsabilidades ante la sociedad. En la argentina el rol de opositor es poco constructivo: "Me opongo por la oposición misma", dicen algunos sin aportar ninguna alternativa. Esto ocurre hoy en el Congreso Nacional con la delegación de las Facultades al Poder Ejecutivo.

El gran arco opositor que se niega a aprobar la ley para que no se caigan más de 1.960 leyes y decretos de Necesidad y Urgencia, la mayoría sobre aranceles aduaneros, no ha dado una respuesta como se debería para encarar el 25 de agosto sin ese marco jurídico.

Les recuerdo a los lectores que es muy romántico decir "vencimos al kirchnerismo" y luego el país que explote, ya que será imposible en un día dictar miles de leyes para organizar el actual comercio aduanero. Imagínense 1.901 leyes, 1.901 lobbistas tratando de conseguir una ley para mejorar su negocio personal, mientras varias industrias quedarían al desamparo de la protección arancelarias de importación.

Es cierto que muchos de los decretos perjudican a la producción local, como el caso de las retenciones a los granos. Pero en el balance global, ampliar por un año, es el mal menor ante la falta de contar con los números para imponer mayorías legislativas.

Lo racional es que el próximo año, cuando la composición del Congreso cambie, los legisladores lleguen al 24 de agosto del 2010 con todas las leyes aprobadas para cada uno de los sectores involucrados en cada una de las leyes que perderán vigencia.

Muchos cuestionaron la actitud de Roxana Latorre de haber posibilitado el tratamiento de la ley en Senadores, al votar en disidencia total pero dando los 8 votos necesarios a la Comisión. Todos saben que el reutemanismo se opone a los superpoderes y votará en contra en el recinto, pero hay un límite.

Cuando se puede poner en juego la gobernabilidad, las consecuencias pueden ser peores, la sensatez y la responsabilidad deben primar sobre los intereses personales o marketineros.

La oposición debe tratar de lograr consensos para definir políticas que permitan diseñar una argentina productiva, previsible y confiable.

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En la provincia de Santa Fe el clima político y económico está muy enrarecido. El oficialismo y la oposición parecen ver dos películas distintas sobre el mismo tema o la realidad. La prueba más contundente fue el balance del diálogo provincial. Para Bonfatti se había acordado la reforma constitucional, para Spinozzi nunca se le dio entidad al tema en la reunión, sí se habló de la pobreza y la situación económica de comunas y municipios.

La gestión Binner no logra imprimir una impronta y menos un norte. El gabinete, salvo el ministro Bonfatti, no está a la altura de las circunstancias. Faltan equipos técnicos, proyectos y conducción política.

La oposición pide a gritos que bajen los gastos, pero las habitaciones de los hoteles siguen ocupadas los fines de semana para no armar las valijas, y continúan los descomunales gastos en viáticos, traslados, etc. Tampoco justifican gastos realizados por "movidas promocionales del gabinete joven" con entrega de biromes con el logo de la provincia.

Los anuncios del incremento del déficit provincial y la imposibilidad de poder pagar sueldo a fin de año prendieron luces de preocupación en todo el territorio provincial. El diputado Brignone advirtió en el programa Sin Mordaza: "Debemos construir una agenda pensando en la gente, no en los partidos políticos" y recordó al Ejecutivo Provincial que uno no puede decir en términos nacionales "no hay que cobrar impuestos a nadie".

En términos provinciales, dijo que "hay que cobrar impuestos a todos. Si está mal cobrar impuestos, está mal en términos nacionales y provinciales", sentenció. También es cierto que la pirotecnia verbal de los últimos días generó un clima hostil entre opositores y oficialistas, por eso fueron muy atinadas las palabras de Raúl Lamberto pidiendo "bajar un cambio y fortalecer las instituciones a través de los consensos".

Sería bueno que se convoque a un nuevo encuentro entre el Frente Progresista y el Partido Justicialista con una agenda que contenga los temas que realmente preocupan a la gente, y diseñar un plan de acción que permita normalizar la gestión y que beneficie al conjunto de la sociedad.

La soberbia de algunos y la incapacidad de otros pueden lograr que la "Santa Fe invencible" se sumerja en una etapa de decadencia y yerros que no serán fáciles de remontar.

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