Una ligera y cosmética glasnot

Por: Ricardo Kirschbaum

El Gobierno ha sostenido, desde mayo de 2003, que tenía una conexión directa con la sociedad y que, por lo tanto, no necesitaba de intermediarios para enviar su mensaje. Además ya Néstor Kirchner, cuando era presidente, se había autodesignado como la única "fuente fehaciente" para dar informaciones sobre su gestión. Esa "fuente fehaciente" era inhallable e inalcanzable para el grueso del periodismo. Se trataba, es evidente, de una de las clásicas tácticas de escamoteo para conservar la iniciativa y el control de la información. La fijación de agenda ha sido, desde la llegada a la Casa Rosada, una de las obsesiones de los Kirchner. La otra es identificar a los funcionarios que filtran noticias al periodismo.

Esa conducta se evidenciaba hasta en los hechos burocráticos de todo gobierno: no ofrecer reuniones de prensa, ni dar información sobre la actividad diaria, ni detalles de las reuniones con líderes extranjeros. En la gestión de Cristina, después del voto de Cobos, hubo insinuaciones: Kirchner anticipó una conferencia de prensa antes de la primera que ofreció la Presidenta, opacándola de hecho.Notoriamente obligado por el resultado electoral, el Gobierno pareció cambiar, admitiendo así que la conducta anterior contribuyó a la derrota. Ahora hay más apertura y vínculo con la prensa.

Los Kirchner siguen pensando que los medios de comunicación son los adversarios más peligrosos. Y que los periodistas, que producen los contenidos, desempeñan un papel totalmente subalterno. Esa concepción está encallecida. La tímida transparencia en la información oficial es un avance comparado con la cerrazón anterior, pero para que deje de ser cosmético, como en otros temas, requiere una sincera voluntad de cambio de política. Esto es lo que no se advierte.

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