Los líderes personalistas pierden la simpatía social

Tras seis años de concentración del poder, algunos analistas consultados por LA GACETA advierten signos de cansancio en la ciudadanía. Politólogos presagian que, a la hora de votar, la gente podría priorizar otros valores en los candidatos, como la moderación.
Nadie duda de que las elecciones legislativas de octubre serán una bisagra para el kirchnerismo y sus aliados provinciales. El marcado desgaste que sufrió la imagen del Gobierno nacional a partir del irresuelto conflicto con el campo en 2008 y los primeros cimbronazos de la crisis económica mundial amenazan con minar el terreno que pisará el oficialismo en su camino hacia los comicios. La preocupación, reconocida en charlas informales por los principales operadores oficialistas, radica en que asimilar una derrota en 2009 implicaría asumir dos años antes una caída en 2011. En rigor, las elecciones de renovación parcial de las bancas en el Congreso suelen ser un termómetro para templar el ánimo de la gente. El gobernador, José Alperovich, lo vivió en 2005, cuando obtuvo las cuatro bancas de diputados que se pusieron en juego. Ese rotundo triunfo significó un impulso a su gestión.

A pesar de la proximidad de la compulsa y, sobre todo, de la fecha de presentación de las listas (en junio), pocas son las certezas que se tienen respecto de quiénes serán los candidatos, tanto del oficialismo como de la oposición. A tal punto que el alperovichismo sólo desnudó el nombre de quien será cabeza de la nómina oficialista para el Senado: la diputada nacional Beatriz Rojkés de Alperovich.

¿Por qué tanto misterio? ¿Con qué especulan los dirigentes oficialistas y opositores a la hora de difundir sus postulantes? Bien podría concluirse que la demora obedece a que nadie quiere equivocarse. Es decir, todos los dirigentes saben de la importancia de la elección que vendrá. Por ello, la selección de los nombres resultará trascendental para el éxito o el fracaso.

“La sociología electoral de los Estados Unidos, de Inglaterra y de Canadá muestra que en todos esos países los electorados y los procesos electorales exhiben cambios importantes. Parece que cada vez más nos alejamos del modelo del votante cautivo, dependiente de los grandes partidos políticos. En otras palabras, la identificación con un partido o con una categoría social determina cada vez menos directamente el voto”, plantea en el libro “Comunicación y política” el especialista de la Universidad Laval, de Quebec, André Gosselin.

En Argentina, los antecedentes recientes muestran que el electorado también fue mutando sus preferencias. De hecho, entre ciclo y ciclo escogió perfiles contrapuestos de referentes políticos: de Carlos Menem se pasó a Fernando de la Rúa y, de este, a un estilo personalista como el de Néstor Kirchner. En vísperas de una contienda decisiva, vislumbrar hacia dónde se inclinará el electorado puede significar una ventaja para las agrupaciones políticas con aspiraciones.

En ese sentido, el politólogo Rosendo Fraga parece haber dado una importante pista en una columna de opinión publicada en el matutino La Nación hace una semana. “La sociedad hoy parece inclinarse por la moderación como valor político. Es que resulta lógico que tras casi seis años de un fuerte liderazgo como el de Kirchner, con un estilo hiperpresidencialista y con un ejercicio agresivo del poder, la sociedad busque una figura opuesta”, sostuvo el director del Centro Nueva Mayoría.

Abonando aún más esa hipótesis, el politólogo Julio Burdman escribió para LA GACETA que si debiera arriesgar una predicción, “diría que en la etapa que comienza se deberían imponer los liderazgos que sean flexibles para lograr acuerdos con otros sectores políticos”. Según el titular del Observatorio Electoral Latinoamericano, los referentes políticos deberán prepararse para las nuevas exigencias del votante si es que pretenden tener éxito.

También en su libro “La imagen del poder”, el consultor Hugo Haime propone una interpretación interesante sobre las variables del electorado. “La habilidad del consultor no está en pensar ‘cómo convierto a mi cliente o candidato en algo que la gente esté dispuesta a comprar’, sino en potenciar aquellos puntos fuertes que le permitan ser positivamente percibido por el electoral. Se trata, en última instancia, de encontrar el punto exacto de cruce entre la personalidad y los deseos del candidato y los deseos de la gente”, plantea.

También, dedica extensos párrafos a advertir sobre la importancia de conocer el comportamiento de la sociedad. “El estudio de diagnóstico es la columna vertebral que permite estructurar la estrategia. Aquí hemos de determinar la conformación básica de la estructura de deseo del electoral, caracterizarlo social, actitudinal y políticamente”, refuerza.

Con un panorama político y económico complicado, las preferencias del electorado pueden virar de manera brusca. Por ello, los especialistas recomiendan al oficialismo templar sus ánimos y apoyar su propuesta de continuidad en los logros que pueda exhibir su gestión, ocultando el perfil que desgastó a parte de la ciudadanía. En la vereda de enfrente, sugieren a los opositores sacar a relucir las principales falencias del Gobierno y mostrar la imagen opuesta. En una contienda legislativa, sostienen, de poco servirán los liderazgos personalistas y los programas de acción. La interpretación del voto, según vislumbran, puede ser otra.

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