Un liderazgo deshilachado

Por: Ricardo Roa

En estos tiempos testimoniales, un buen testimonio de como está el kirchnerismo lo ofrece el peronismo porteño. Lo que le cuesta al ex presidente juntar los pedazos de una fuerza en dispersión

Y todo eso, en el mejor de los casos, para jugar en las ligas menores. Según las encuestas, en la cancha principal sólo estarán el 28 de junio el macrismo con Michetti y la alianza de Carrió y la UCR que impulsa a Prat Gay. En la auxiliar, el kirchnerismo oficial de Heller más el residual de Solanas, Ibarra y quizá Telerman. Y las otras fuerzas de izquierda. Un mosaico progresista.

Al PJ siempre le resultó difícil y esquiva la Capital. Tiene sobre todo batallas perdidas. En el furor menemista, y por derecha, ganó con Erman González a comienzos de los 90. Pero apenas cuatro años después tocó piso con Granillo Ocampo: no logró colar ni un diputado. Fue un amor de verano.

Seguro que ahora está mejor. Pero los sondeos y las fracturas internas señalan también la decadencia K. Algo que se ve por varios lugares: el claro alejamiento de los sectores medios, la necesidad de poner con fórcerps en la cabeza de la lista a Heller, un extrapartidario resistido por buena parte del partido, los candidatos que se escapan como Filmus y los que en otro tiempo fueron propios y ahora jugarán por fuera. Leáse: Pino Solanas y, probablemente, Ibarra y Telerman.

La suma da pérdida de liderazgo evidente. Cosa que también expresan el distanciamiento de Reutemann en Santa Fe y de Schiaretti en Córdoba. Corcoveos varios en otras provincias y la irrupción fuerte del peronismo disidente en Buenos Aires. Lo notable es que el kirchnerismo se encuentre en este estado un año y medio después de que Cristina ganase con el 45 % de los votos.

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