Licitando Buenos Aires

Por M. Bonasso.

Los escándalos de corrupción comienzan a salpicar la gestión de Mauricio Macri, refutando aquella promesa de campaña sobre lo “bueno que iba a estar Buenos Aires”

El bloque legislativo de Diálogo por Buenos Aires, que lidera Aníbal Ibarra, ha exigido por medio del legislador Eduardo Epszteyn que se detenga la jugosa e irregular licitación del “Mobiliario Urbano” y ha reiterado su pedido de interpelación a Juan Pablo Piccardo, ministro de Ambiente y Espacio Público del Gobierno de la Ciudad, para que brinde a la Legislatura porteña las explicaciones correspondientes.

El núcleo de la denuncia está referido a la empresa de publicidad Sarmiento S.A., cuyos dueños son los hermanos Eduardo y Orlando Terranova, que se presentó a la licitación para contratar la publicidad de todo el mobiliario urbano, que incluye paradas de colectivos y señalización de calles. Un negocio que supera los 120 millones de pesos y del cual el Estado porteño recibiría un paupérrimo canon de apenas 4 millones.

Según el legislador de Diálogo por Buenos Aires, la empresa Sarmiento “es una de las preferidas del macrismo y fue contratada de manera directa para realizar el mantenimiento en medio de un proceso oscuro y por un monto que se estima en cuatro millones de pesos”. También recordó que en diciembre de 2008 “Publicidad Sarmiento recibió la preadjudicación y presentó una oferta inferior al canon que el gobierno venía cobrando por la concesión, hecho que llamó poderosamente la atención”.

La denuncia de Epszteyn cobró peso judicial el pasado 4 de marzo, cuando la Sala VI de la Cámara del Crimen, a cargo de los jueces Mario Filozof y Marcelo Lucini, revocó el sobreseimiento otorgado a los dueños de la firma publicitaria, Eduardo y Orlando Terranova, que habían sido denunciados por presentar antecedentes falsos para ganar la licitación del mobiliario.

La denuncia ante la Justicia había sido presentada por la empresa Spinazzola, actual concesionaria, que fue dejada de lado en la licitación, en beneficio de otras tres: Grupo al Sur (de Enrique “Pepe” Albistur), PC Publicidad y la cuestionada Publicidad Sarmiento. La denuncia fue inicialmente desestimada, hasta que la Sala VI de la Cámara del Crimen revocó el sobreseimiento “por entender que la falsedad verificada en ambos documentos fue determinante en la evaluación de los antecedentes de la sociedad en relación con los servicios prestados en otras ciudades (Mendoza y Tucumán)”.

Los jueces no se limitaron a revocar el sobreseimiento, también consideran “conveniente convocar a los hermanos Terranova a prestar declaración indagatoria”.

Como el gobierno de Mauricio insiste en avanzar con la adjudicación, basándose en que aún no existe sentencia firme, el diputado Epszteyn anunció que presentará un recurso de amparo y la ya comentada interpelación del ministro Piccardo, para quien el proceso licitatorio fue “absolutamente transparente”. Epszteyn replicó: “El ministro tiene razón: el negociado de Macri en esta licitación está a la vista de todos”.

Este tema de los carteles parece ser una obsesión del gobierno macrista: en una entrevista concedida a la revista Zoom en octubre último, el prestigioso sanitarista Donato Spaccavento, expulsado por la gestión Macri de la dirección del Hospital Argerich, refirió una anécdota reveladora.

“Un día vino a verme al hospital (Argerich) el jefe de Gabinete Horacio Rodríguez Larreta. Al tipo lo único que le interesaba eran los carteles, los carteles, los carteles. En el país, los carteles los pone, sin costo para el Estado, un laboratorio. Forma parte del marketing de este laboratorio, pero no es vinculante para otros negocios. Pero no, a Rodríguez Larreta le parecía que había que instalar otro sistema, con luces, colores, más colores. Yo decía, qué rara la obsesión de este hombre por la señalética habiendo problemas mucho más serios, a los tres días recibo un mail de la Jefatura de Gabinete del Gobierno de la Ciudad donde decía que había que darle todo el apoyo a la consultora Lonely Cross Group, que era la que se iba a encargar de hacer la señalética de todos los hospitales. Y de inmediato, otro mail, de Lonely Cross Group, confirmando su labor. Es decir, una empresa privada se hacía cargo de la señalética de los hospitales y centros de salud cuando históricamente se hizo gratis.”

En la misma entrevista, Spaccavento deslizó una grave acusación que involucra al papá de Mauricio, Franco Macri: el gobierno de junior realizó una licitación a medida para la compra de resonadores dedicados, de casi nula aplicación práctica, que sólo proveía la firma Esaote, una empresa mixta italiana que reúne capitales públicos en sociedad con una empresa privada vinculada con Franco Macri.

Spaccavento, que ha visto derrumbarse el Argerich con los otros hospitales públicos de la ciudad, se preguntaba con razón a qué venía esa obsesión con los cartelitos de colores, habiendo tantos temas gravísimos por resolver en la salud pública metropolitana.

Otro médico prestigioso, también del Argerich, el doctor Jorge Selser, ha señalado claramente que Mauricio Macri pretende vaciar el sistema público para “marchar hacia la privatización de la salud”. Y no se queda en las palabras. Cita el desabastecimiento “pavoroso” de equipos y medicamentos en los 33 hospitales y en los centros de salud; la concesión a firmas privadas del sistema de administración, facturación y recaudación de las prestaciones efectuadas por los hospitales públicos; el veto a una ley que promovía la fabricación de medicamentos genéricos; el acceso de estudiantes de las universidades privadas a las prácticas de pregrado en los hospitales municipales; la concesión sin licitación previa de la digitalización de imágenes a la empresa Dataestar; la mora de nueve meses en el pago al avión sanitario afectado a los operativos de trasplante con la consiguiente perdida de órganos y la tercerización de la atención domiciliaria pediátrica, entre otras medidas que colocan a la medicina pública en terapia intensiva.

Algo similar ha ocurrido en el ámbito estratégico de la educación y habrá que desmenuzarlo caso por caso. Pero tal vez algunos ingenuos sigan pensando que está “bueno Buenos Aires”, al ver las coloridas sombrillas que colocó en la plaza Las Heras o en el Parque Rivadavia para alivio de los que no quieren asolearse demasiado. Cosmética que recuerda los tiempos del brigadier Cacciatore, donde todo lo que no se movía se pintaba y la caja engordaba al calor de las autopistas.

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