El libro retro de Redrado y sus semejanzas con la crisis actual

El libro retro de Redrado y sus semejanzas con la crisis actual
Publicado en 1994, un joven Redrado explica la utilización de los medios de comunicación para sobrevivir a los embates políticos y su posición sobre la incumbencia del Estado en el mercado cambiario a través de la autoridad monetaria. Su admiración por Menem y la guerra con Cavallo.
Martín Redrado, el hombre en el que están puestas todas las miradas, está acostumbrado a las tensiones políticas. Así lo confiesa en su libro Tiempo de desafíos que publicó en 1994. En la obra, el actual presidente del Banco Central repasa su vasta experiencia laboral que a los 30 años selló con su incorporación al gobierno menemista como titular de Comisión Nacional de Valores (CNV). Y se revela como un astuto buscador de la utilización de los medios y de sus relaciones políticas para sobrevivir a los embates para destronarlo de sus cargos. "Considero que ningún administrador serio puede desarrollar hoy su acción si no tiene en cuenta a los medios de comunicación masiva", dijo Redrado entonces. Como si fuera hoy.

Dieciséis años atrás, el joven Redrado tenía ya conceptualizadas las intervenciones de un gobierno en el mundo financiero. Por ese entonces los cuestionamientos hacia el ministro de Economía, Domingo Cavallo, tenían que ver con la supuesta intervención en la Bolsa a través del Banco de Inversiones y Comercio Exterior (BICE) y las maniobras con los títulos de las privatizadas. Pero Redrado defendió el accionar estatal y detalló que para él "intervenir no es lo mismo que tratar de darle estabilidad al mercado. El Estado participa en el mercado cambiario a través del Banco Central para garantizar la paridad entre el dólar y el peso y pocos entienden eso como una intervención".

El sanguíneo ministro de Economía de Carlos Menem le ofreció la presidencia de la CNV tras reconocer que "el área de mercado de capitales estaba bastante descuidada". Redrado recuerda que antes de aceptar hizo una ronda telefónica con empresarios y economistas del momento: Roberto Alemann, Manuel Solanet, Bernardo Neustadt, Raúl Moneta y José Martínez de Hoz, entre otros.

En Estados Unidos había conocido a Cavallo, que solía visitar a los estudiantes argentinos en tierras del norte. La primera impresión que tuvo el joven Redrado fue la de "un hombre humilde y accesible" pero con el correr de los años cambiaría esa percepción.

Redrado colmó la paciencia de Cavallo al calificar de "estafa" el procedimiento de recompra de acciones de YPF de los jubilados, diseñado por Merrill Lynch y First Boston, los dos bancos preferidos del entonces ministro. Cavallo le respondió acusándolo de mentiroso y de pedir fondos a empresarios para financiar una futura campaña electoral.

"El ministro usó las primeras planas para pedirme que me fuera, cuando bastaba con llamarme, dar la cara y hablar de frente. Yo no tenía obligación de reportarme a él porque la CNV es un órgano autárquico, pero tampoco como vidrio. Sabía que en la práctica no podía seguir adelante si no contaba con su apoyo", describe Redrado en sus páginas.

En su libro, Redrado cuenta que durante los primeros años de la década del noventa fue un hombre muy influyente en las decisiones financieras del gobierno menemista. Su experiencia en guiar privatizaciones en países europeos lo puso en un lugar privilegiado para comandar el proceso local. Pero la pelea con Cavallo le hizo vivir tensiones políticas que probablemente recuerde por estos días.

Tras el cortocircuito por las acciones de YPF, ni la protección de Carlos Corach y Alberto Kohan salvó a Redrado del decreto de salida.

"Cavallo quiso deshacerse de mí y me convirtió en una especie de justiciero", dice Redrado en su libro noventista.

En el texto cargado de referencias personales, el hoy titular del BCRA, revela uno de los tantos momentos que estuvo cerca de ser ministro de Economía. Fue para mediados de 1995 cuando la dupla Menem-Cavallo no estaba en su mejor momento. "Menem tenía dos nombres en carpeta: el de Ricardo López Murphy y el mío".

Para Menem, Redrado guarda varios elogios. Lo califica de "seductor" y recuerda la firmeza con la que le aseguró la permanencia de la convertibilidad. "Martín, la continuidad del proceso, soy yo. Siempre recordé ese ió con acento riojano", escribe Redrado.

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