La libretita de Guillote

Por: Maximiliano Montenegro.

Los Kirchner padecen de "Moreno-dependencia". Temen que si el secretario deja el Gobierno, los precios se disparen. Aníbal Fernández busca marcarle límites. Pese a la retórica K, la estrategia de acuerdos de precios favoreció la concentración. Si la economía vuelve a crecer, resurgirá el dilema de 2006: ¿cómo controlar la inflación? Los riesgos de un Estado desmantelado.

El matrimonio presidencial sufre de "Moreno-dependencia". Cree que si el polémico secretario de Comercio dejara su cargo, los precios podrían dispararse. Saben que a diario el Loco fatiga el teléfono llamando, uno a uno, a la casa, el celular o la oficina –según el horario– a los ejecutivos de las principales empresas del país para regañarlos o autorizar listados de precios. Sin esa inconfundible voz en el teléfono los Kirchner temen que la inflación (real) sería todavía mucho mayor.

"Cuando éste (por Moreno) se vaya, lo único que nos deja es una libretita con teléfonos de empresarios y la hora a la que se levanta cada uno", suele decir Aníbal Fernández. El jefe de Gabinete es hoy un duro crítico del secretario de Comercio y, como también intentaron sin éxito sus predecesores, busca recortarle atribuciones.

Fernández, Julio de Vido y Amado Boudou, un trío de muy buen diálogo, coinciden en que el tiempo de "Guillote" –como lo llaman en el Ministerio de Economía– está agotado. Pero también admiten que la ausencia de mecanismos institucionales en el monitoreo de precios crean una "Moreno- dependencia" a la hora de mantener en caja la inflación, en especial si la economía vuelve a crecer en los próximos meses y la presión de la demanda abre la puerta a nuevas remarcaciones.

El gobernador chaqueño Jorge Capitanich cuenta que, en los últimos dos años, instrumentó en su provincia acuerdos de precios similares a los de Moreno. A falta de estructura estatal, él mismo se encargaba de monitorearlos todos los meses, llamando a empresarios de diversos rubros. Pero durante los dos meses previos a la última elección, debido a la campaña, dejó de prestarle atención al asunto. Y la inflación mensual –medida por la Dirección de Estadísticas local– se duplicó. La anécdota todavía retumba como un fantasma en la Quinta de Olivos.

Otro loco. José "Pepe" Sbatella es el ex titular de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia. Se hizo famoso porque el 7 de diciembre de 2007 expresó, por escrito, sus reparos a la fusión Cablevisión-Multicanal. Entre otras cosas, aconsejaba condicionar la operación a la venta por parte de Clarín de su participación en las empresas que poseían los derechos exclusivos de televisación del fútbol. El argumento, citando jurisprudencia en Estados Unidos y Alemania, era que el fútbol en la Argentina, como "insumo fundamental de la TV paga", había sido un instrumento clave en el proceso de concentración de los cableoperadores. Y si el mismo grupo económico que controlaba Multicanal-Clablevisión (entonces, 65% de los abonados) seguía detentando los derechos de imagen sobre el fútbol, reforzaría la posición dominante del Grupo y el proceso de concentración del cable continuaría.

El resto es historia conocida. Los dos vocales que respondían a Moreno en la Comisión aprobaron sin objeciones la fusión. "A mí el monopolio me sirve", decía en aquel entonces a sus subordinados Néstor Kirchner quien, con visión de estadista, confiaba en renovar su alianza con Clarín. Meses después, Sbatella –a quien algunos militantes peronistas también apodan El Loco– fue desplazado de su cargo por haber dejado trascender sus cuestionamientos.

En la actualidad, dirige un equipo de investigación en la Secretaría de Estadísticas de la CGT, encargada de elaborar los números que utiliza Moyano para las discusiones paritarias. Sobre la base de un índice de precios implícitos del consumo privado, según sus cálculos, la inflación se desaceleró por la recesión. Hoy se ubicaría en el 14% anual, frente a un 17% en 2008, con meses en que –en términos anualizados– llegó al 27 por ciento.

Sin embargo, el economista de la CGT piensa que si en los próximos meses retorna el crecimiento, el debate volverá a ser el mismo que en 2006: ¿cómo detener el rebrote inflacionario?

¿Monopolios aliados? Cuenta Sbatella que, en aquel entonces, cuando las recomposiciones salariales empezaron a achicar la tasa de ganancias extraordinarias posdevaluación, se discutieron en el Gobierno dos caminos para disciplinar a los grandes formadores de precios. Uno era reconstruir el andamiaje institucional y el aparato estatal en materia de Defensa de la Competencia y Defensa del Consumidor, con el objetivo de marcar la cancha a grupos locales y extranjeros con las estrictas reglas de competencia que rigen en Estados Unidos o los países europeos. La otra alternativa era negociar acuerdos de precios con los grupos concentrados, la fórmula que obviamente primó.

Moreno nunca ocultó su defensa de la concentración: "Yo negocio con pocas empresas por sector para disciplinar al resto", se cansó de repetir ante sus interlocutores. Algo lógico para alguien que cuenta con sólo 24 horas al día para velar por la estabilidad de precios a telefonazo limpio. Y con sus acciones profundizó la concentración.

Archivó investigaciones contra grandes frigoríficos y supermercados por abuso de posición dominante para acordar con ellos y mantener a raya el precio del kilo vivo en Liniers. Acordó con las multinacionales cerealeras para disciplinar a los molinos primero y después con un selecto club de molinos para mantener el precio doméstico del trigo y la harina, a expensas de los productores agrícolas. Cerró trato con el oligopsonio de las usinas lácteas, para contener el precio de los lácteos a costa de los tamberos. Y con las cinco grandes cadenas de supermercados para que apretaran a sus proveedores, sean éstos grandes empresas o pymes. A la vez que canalizó el grueso de los millonarios subsidios al sector alimentario a través de los eslabones más concentrados de la cadena.

En lo institucional, la Subsecretaría de Defensa del Consumidor –que en tiempos de Patricia Vaca Narvaja alcanzó visibilidad por las sanciones y multas a empresas de consumo masivo y de servicios– quedó reducida a su mínima expresión. Mientras que Defensa de la Competencia se constituyó en un apéndice de las decisiones políticas, demorando o acelerando expedientes de acuerdo con las promesas de inversión de los empresarios más allegados a la Rosada.

El propio Capitanich reconoce que, cuando era senador allá por 2007, Moreno le pidió que cajoneara un proyecto de ley antimonopolios más severo, porque entorpecía su política de arreglos.

Es curioso, pero después de seis años de retórica K contra los grandes grupos, la concentración económica siguió su curso y alcanzó niveles récord, alentada, por acción u omisión, por la política oficial.

Según el informe que elaboró el equipo del ex titular de la Comisión de Defensa de la Competencia, los datos en algunos de los principales mercados de insumos de uso difundido o productos de consumo masivo son los siguientes:

• En cemento, tres empresas concentran el 96% de las ventas.

• En galletitas saladas, dos empresas acaparan el 77%. En galletitas dulces, dos empresas el 73%.

• En leche fluida, dos empresas concentran el 66% de la producción.

• En yogures, tres empresas, el 74%.

• En ventas minoristas de consumo masivo en Capital y GBA, tres supermercados facturan el 81%.

• En cerveza, dos empresas, el 81%.

• En gaseosas, dos empresas acaparan el 84% de la distribución nacional.

• En fertilizantes, dos empresas concentran el 79%.

• En chapa laminada en frío, una empresa el 99%.

• En chapa laminada en caliente, una empresa el 84%.

• En gases medicionales (oxígeno), tres empresas representan el 92% del mercado.

• En aluminio, una empresa el 100%.

• En agroquímicos (defoliantes), una empresa el 88%; en funguicidas, tres empresas el 74%.

• En GLP (garrafas), cuatro empresas acaparan el 73% del mercado.

Y sigue la lista de los "aliados" de Moreno.

Otro camino. Sbatella considera que la receta de pactar con los grandes grupos sólo podía mostrar ciertos resultados en el corto plazo. Pero que a la larga la táctica de desarticular el Estado y reemplazarlo por una sola persona era insostenible, y todavía no se sabe cómo termina.

Dice que reconstruir una estructura de Defensa de la Competencia no significa enviar inspectores todos los días a las distintas cadenas de valor. Sino aprovechar, como hacen en los países desarrollados, las denuncias de proveedores y clientes contra aquellos que abusan de su posición dominante en los mercados para maximizar sus ganancias. Justo al revés de la estrategia de Moreno. En lugar de negociar con los grupos económicos, disciplinarlos a partir de las denuncias de quienes padecen la concentración, sean otras empresas, sindicatos o consumidores. Son las reglas que las multinacionales que operan en la Argentina deben aceptar a rajatabla en sus países de origen, sin derecho a quejarse ni a retacear inversiones, o abastecimiento, a causa de la intervención estatal.

Como en los 90, el problema en la Argentina continúa siendo la escasa capacidad del Estado para combatir la concentración, entre otras cosas, porque en los últimos años la política fue fomentarla. Todavía ni siquiera se constituyó el Tribunal de Defensa de la Competencia –dispuesto por la ley 25.156 en 1999–, lo cual brindaría otro estatus a las resoluciones de la Comisión de Defensa de la Competencia, que hasta ahora actúa como un mero órgano asesor del secretario de Comercio. El Tribunal –con jueces nombrados por concurso– funciona como demanda judicial de primera instancia en Chile, Estados Unidos y España, países donde la "libretita" de Guillote no se consigue.

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