Librado a su propia suerte.

El duro golpe recibido por el Gobierno de Jaque en estas elecciones legislativas plantea muchos más condicionantes que la simple cantidad de diputados o senadores fieles que éste pueda tener. La gobernabilidad atada a fuertes inyecciones de dinero público (nacional o provincial) llegó a su fin y ahora Mendoza se encuentra librada a su propia suerte.
Los desesperados intentos de la gestión Jaque por ganar apoyo político asistiendo financieramente a municipios, subsidiando a la producción u otorgando fuertes subas salariales a los estatales (a estas elecciones los empleados públicos llegaron con el aguinaldo y los aumentos retroactivos ya en sus bolsillos) se quedó sin combustible frente a un Estado que ni en esta ni en la anterior gestión ahorró lo suficiente como para tener recursos genuinos para aplicar políticas anticíclicas.

Y ahora que la recesión llegó, el margen de maniobra se volvió nulo (la recaudación provincial creció entre enero y mayo sólo el 4,68% y 3,98% la coparticipación federal en relación a igual período de 2008 cuando sólo la inflación se ubica entre 15% y 17% en los últimos 12 meses).

El plan B también se cayó. La "ayuda nacional" del Kirchnerismo para vencer en su propia tierra al "presidenciable" Julio Cobos, de la que la gestión Jaque trató de aprovechar todo lo posible (subsidios a la producción, al empleo, obra pública y hasta la billetera del Anses), se extinguirá principalmente porque de ahora en más las fichas del poder se jugarán en otros territorios del país.

Sin billetera disponible, ya que hasta el pobre fondo anticíclico se usó para asistir a los caciques municipales, de ahora en más la clave para la gobernabilidad de Mendoza estará en la calidad de gestión que pueda mostrar Jaque frente a un panorama caracterizado por una economía en retroceso y la pérdida de poder político y apoyo popular.

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