Levantaron la "penitencia" al empleado comunal de Angélica

Tras la intervención del gremio que representa a los trabajadores municipales, decidieron que Orlando Guerra cumpla funciones en una oficina del corralón hasta contar con el informe médico correspondiente. Luego decidirán si puede seguir trabajando o si debe jubilarse.
Finalmente, el insólito caso del agente comunal, Orlando Guerra, que debía cumplir su horario de trabajo en la plaza de Angélica (departamento Castellanos), frente a la sede del gobierno de la localidad, ayer cerca del mediodía encontró una salida "decorosa" a partir de la mediación del gremio que representa a los trabajadores municipales. Se decidió que, por ahora, el empleado "cumpla funciones en una oficina del corralón hasta contar con el informe médico y luego veremos si puede seguir trabajando y qué puede hacer o si debe jubilarse", agregó el gremialista.

El episodio, que lanzó, repentinamente, a este pueblo a los primeros planos de la televisión nacional, no había llamado demasiado la atención de los pobladores del lugar, que en conocimiento de la difícil relación de vieja data entre el jefe comunal y el empleado, tomaban tan sólo como una "penitencia" pasajera la decisión del gobernante, a la que muchos le atribuyen cierto trasfondo político.

La vida y la rutina de la localidad de Angélica, en el departamento Castellanos, a unos 130 kilómetros al oeste de la capital provincial, no se había modificado en absoluto, desde el pasado viernes cuando el presidente comunal, Juan Carlos Borgarello, destinó al empleado de esa dependencia, Orlando Guerra, a "cubrir" su horario laboral -de 7 a 13- en la plaza del pueblo, hasta que el martes se produjo la irrupción de periodistas de distintos puntos del país.

Si bien el vínculo laboral entre la autoridad comunal y el empleado venía atravesando algunas complicaciones en el último tiempo, los hechos empezaron a desencadenarse hace aproximadamente un mes atrás cuando Guerra presentó un certificado médico con la recomendación de no realizar tareas de fuerza ante el riesgo de sufrir consecuencias en su columna vertebral, de la que había sido intervenido un año atrás.

Fue entonces que Borgarello dispuso que Guerra "no se desempeñase más como conductor del camión regador y lo destinó al corralón para que le indicaran otras tareas. El empleado, luego de su primer día en el nuevo lugar de trabajo, pidió 20 días de licencia y cuando se reincorporó (el jueves anterior) presentó un certificado en el que se mencionaba que no podía realizar tareas que le signifiquen esfuerzo físico", señala el presidente comunal.

Esta circunstancia lo llevó a decidir que al día siguiente Guerra empiece a cumplir su horario en el paseo público.

Conocedores de las realidades particulares que, a menudo, se presentan en los pueblos, desde el Sindicato de Empleados y Obreros Municipales (Seom), que representa a los trabajadores de Rafaela y localidades de la región, llegaron en la mañana de ayer al pueblo para poner paños fríos a esta situación y encontrar una salida al conflicto.

Negociaciones

Darío Cocco, secretario general del gremio, fue el encargado de llevar adelante la negociación y luego del acuerdo señaló que "hubo una mala interpretación de Borgarello acerca de quién debía solicitar la junta médica, si la comuna o el trabajador, para determinar las posibilidades laborales del empleado. Esto originó el entredicho, le hicimos saber que es él quien debía pedirla y ya está solucionado", agregó Cocco.

Asimismo, el sindicalista descartó que puedan iniciarse acciones legales contra el jefe comunal por haberse excedido en sus atribuciones. "Creemos que el caso está encauzado en lo laboral y en cuanto a la relación del empleado con la comuna también se va a solucionar", señaló el titular del Seom, quizás, con la mirada puesta en diciembre cuando se produzca el cambio de autoridades y Borgarello deje la presidencia tras diez años al frente de la comuna.

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