Levantan las compuertas

Se pone en marcha el sistema de riego que recorre el Alto Valle y evidencia otra vez la vulnerabilidad del sector productivo chico y mediano.
Comienzan a bajar las aguas del sistema de riego del Alto Valle y con ellas, la inminencia de la temporada frutícola que una vez más plantea interrogantes.

No son buenos tiempos para los pequeños y medianos productores, muchos de los cuales llegaron a este momento del año aún sin percibir sus pagos por la cosecha pasada y con perspectivas de facturaciones hasta un cuarenta por ciento debajo de los costos de producción.

La cadena es tan vulnerable que, como siempre, impacta primero en el propio circuito productivo. Los indicadores son múltiples: los consorcios de regantes deben asumir los costos de mantenimiento de un sistema que es vital pero que apenas alcanza a recaudar el sesenta por ciento de lo que cubre y en el momento en que deben levantar compuertas sólo pudieron prepararse en lo indispensable; los trabajadores de las chacras, que exigen a sus empleadores el cumplimiento del beneficio de zona fría admitido por Nación pero que para muchos será casi imposible de afrontar; mientras que la segunda paritaria de los obreros del empaque iniciada esta semana no tuvo avances, cuando en ese caso fue el gremio de los trabajadores y la cámara que nuclea a las principales empresas, los que se sentaron en procura de una negociación que no dio resultados.

Alivia apenas la presencia de la Nación, que empezará a aportar parte de los fondos del proclamado Plan Frutícola Integral. Con la novedad estos días de que en Río Negro serán los propios municipios productivos los que asuman la administración de los dineros para los fruticultores, con destino fijo: la poda. Suman entre ocho y nueve millones de pesos, asignados en principio por única vez.

Así, serán todos los municipios frutícolas, con la colaboración de las cámaras de productores, los que efectivizarán los pagos a cada chacarero en condiciones de ser incluido en la ayuda.

Es un avance, si se considera que hasta ahora los municipios no se han involucrado activamente en la problemática de sus agricultores. Y a la vez un desafío, porque implicará articular lo público y lo privado en pos del sostenimiento del sector más débil de la economía primaria regional.

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