Letras rojas para mostrar el subsidio

Los usuarios residenciales de luz y gas están recibiendo las facturas con leyendas y anexos que detallan cuánto dejan de pagar por la suspensión de distintos cargos y cuánto menos pagan que los clientes de otras provincias y países vecinos.
Vivir en Río de Janeiro puede entrañar algunas desventajas: un usuario de gas por redes bonaerense que paga 308 pesos, por idéntico consumo en territorio carioca debería haber abonado 3605 pesos. Del mismo modo, un cliente residencial que obló por su bimestre de electricidad 48 pesos, tendría que haber desembolsado 437 si su casa estuviera ubicada en Montevideo. Estas comparaciones están impresas en las facturas que despacharon las distribuidoras de uno y otro servicio, ajustándose a la orden estatal de consignar expresamente cuánto más cuestan esas prestaciones en otros lugares de la región o del propio país. Una forma de ir predisponiendo el ánimo para los nuevos valores tarifarios que regirán en pleno a partir del primer día del mes que viene.

El nuevo formato de las facturas se ajusta a órdenes expresas de los entes reguladores, inspiradas en el afán de generar conciencia en los usuarios sobre dos cuestiones claves vinculadas. Una es que el gas y la luz en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense son baratas en términos relativos. La otra es que esa ventaja existe gracias a la subvención estatal.

La decisión fue adoptada después de que el Gobierno decidiera anular el cargo sobre el gas y el cuadro tarifario eléctrico vigente para usuarios de más de 1000 metros cúbicos al año o más de 1000 kilowatt hora por bimestre, respectivamente, ante la airada reacción que produjeron las facturas de la demanda invernal. Junio y julio quedaron exceptuados de las subas. Agosto y septiembre, sólo afectados con un 30 por ciento de los nuevos valores. Esta nueva pauta obligó a refacturar.

"Consumo con subsidio del Estado Nacional", es la leyenda cruzada en letra roja que atraviesa todas las boletas impresas desde entonces, sin discriminación de usuarios. La idea es que aun aquellos que no están afectados por la modificación tarifaria suspendida tengan en claro que pagan menos de lo que correspondería –en función de los costos de producir o generar el servicio–, gracias a los aportes que hacen las arcas públicas.

Por ejemplo, un usuario capitalino de 496 kwh en un bimestre debería haber abonado 111 pesos, monto que se redujo a 48 gracias a que el Estado absorbió el aumento que le correspondía. Más abajo se detalla que, según valores "estimados" en base a información proporcionada por la Secretaría de Energía de la Nación, esos montos hubiesen ascendido a 152 en Córdoba (Epec), a 158 en Santa Fe (Epe), a 273 en San Pablo (Brasil), a 437 en Montevideo (Uruguay) y a 356 en Santiago de Chile.

Similar cotejo realiza una distribuidora gasífera en una factura de un cliente del conurbano cuya boleta es de 308 pesos sin el cargo. En Chile, habría trepado al equivalente a 1338 pesos; en San Pablo, a 2619; en Montevideo, a 819, y en Río, a 3605. En este caso, con el añadido del eventual uso de garrafa. En tal caso, aquel cliente hubiera pagado 512 pesos, equivalente a treinta y dos garrafas "sociales" de 10 kilos. La información aparece en un folleto adjunto que los usuarios reciben junto a la boleta, donde se incluyeron los cuadros de precios comparativos que dejan en claro el abismo de precio respecto de otros lugares.

Quienes no habían alcanzado a pagar la factura con los ajustes que el Gobierno dejó en suspenso, recibieron una sustituta que en rigor se llama documento o instrumento de pago (técnicamente no era posible volver a emitir una boleta por el mismo período de consumo). Además de la leyenda colorada, en ésta se resalta con el mismo color cuánto aporta el fisco para ese consumo en particular. Así quedan debidamente consignados los dos importes: el que deberían pagar sin esta última intervención estatal y el que resulta gracias a esa ayuda.

Aquellos usuarios que ya hubiesen hecho efectivo el pago con los aumentos recibirán la próxima factura con el detalle del crédito a su favor, que resulta de devolverle el importe correspondiente al aumento suspendido. En algunos casos, les quedará pendiente de pago un importe mucho menor. En otros, tendrán saldo 0 y hasta les puede quedar un saldo a favor, que será descontado en una futura boleta.

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