Letonia: termina la ilusión y nace una Cortina de Hierro económica

La crisis acabó con los créditos accesibles y la burbuja inmobiliaria de este país que llegó a crecer al 14% y en donde el desempleo hoy es de 21%. Los agricultores están en estado de alerta y se consideran ciudadanos de segunda en la UE.
En la reformada granja de Nomudus Kalnins, sus 130 vacas lecheras nacen, crecen y mueren adentro de su galpón, sin conocer un verano en la pradera. No sólo es el frío y la nieve lo que las mantienen adentro sino un estilo de producción que trata de cumplir los estándares de la Unión Europea pero no consigue la competitividad esperada, por lo que el sector apenas integra el 5% del PBI de Letonia, la ex Tigre del Báltico y uno de los estados al borde del colapso de la UE extendida a 27 países. Sólo le pagan 15 centavos de lats el litro de leche (27 centavos de dólar) y no obtiene la menor ganancia. Algo peor: si el precio sigue bajando hasta 12 el mes próximo, se va a la bancarrota. Otra de las posibilidades de su país, Letonia, si no cumple rígidamente con el plan de rescate de 7.500 millones de euros del FMI y la UE, que incluye una reducción del 20% de los salarios de sus empleados para no devaluar el lats, su moneda, pegada al euro.

Kalnins, un gigante de dos metros con un título de ingeniero en turbinas, es hoy uno de los más carismáticos líderes de la protesta agrícola en Letonia. Con su enorme tractor verde endeudado por cumplir con las exigencias de modernización que le proponía su banquero y la nuevas regulaciones de la UE como miembro asociado desde 1994, fue uno de los 1.000 granjeros que encabezó la marcha de agricultores y lecheros que, junto con una violenta marcha política posterior, bloqueó la capital, Riga, y produjo posteriormente la caída del gobierno en Letonia, en febrero y la eclosión de la crisis político económica social. ¿Su deuda?: 1.000 lats por vaca, y tiene 130.

"Los problemas empezaron cuando la leche empezó a subir. Después la soja reemplazó a la leche. La ilusión que tuvimos era que los precios iban a subir constantemente y nos endeudamos. Los banqueros nos alentaron. El crédito era accesible. Los precios empezaron a caer, perdimos competitividad y mercados. Y ahora todo el sector está al borde de la quiebra", explica Nomudus en el Ministerio de Agricultura, donde el próximo nuevo ministro lo esperaba para encontrar "consenso", una palabra hasta ahora en desuso en la muy poco politizada Letonia.

"Si el precio cae a 12 centavos el litro, volverán a vernos con todos los tractores en Riga", alerta.

En un país donde la economía de mercado era la reina, el crecimiento del 14% anual no dejaba lugar para estériles debates de partidos y los agricultores también vivieron sus días de oro. El dinero de ayuda europea para el "proceso de convergencia" con la UE fluía. Muchos agricultores lo aceptaban, aunque significara comprar sólo tractores europeos nuevos y no los de Bielorrusia, que eran mas baratos. Nomudus pensó que le convenía mejorar sus viejas instalaciones soviéticas con materiales de segunda mano antes que endeudarse demasiado.

Pero un día vio a su carpintero, que construía uno de sus galpones, llegar al trabajo en un Porsche Carrera. El granjero Kalnins, quien había terminado la Universidad y después de la independencia letona de la URSS contó su poca plata y se compró 100 hectáreas de tierra para juntarlas con las heredadas de su abuelo, se dio cuenta de que en la economía del país algo funcionaba desequilibradamente. Ahora lo ha comprobado: el carpintero ha perdido el Porsche. El banco le incautó el auto porque no podía pagar las cuotas. No hay más trabajos de construcción, se acabó la burbuja inmobiliaria, el crédito y la especulación a 5.000 euros el metro cuadrado. Los edificios en construcción son esqueletos paralizados sin obreros: no hay ayuda europea para los granjeros ni demanda. Al menos el 21% de la población está desempleada, han reducido sus salarios o no puede enfrentar sus créditos. Pero los agricultores letones son los más desamparados, los más ineficientes económicamente hablando y los más frontales a la hora de explicar la crisis.

Letonia es el país donde los excesos del capitalismo de mercado han hecho estragos. Su fracaso se convirió en un fantasma que amenaza con extenderse a Europa del Este, en un fenómeno que llevó al primer ministro húngaro a hablar de un "nueva cortina de hierro económica" si no hay un paquete de ayuda para toda la región y no país por país. La ruina de los agricultores es una evidencia. Después de su independencia de la URSS en 1991 y sin esperarlo, Letonia ha regresado brutalmente a lo básico, donde la miseria que viene no será muy diferente a las privaciones que vivieron en la era soviética, pero ahora en plena UE.

Janis Liepens también participó en la protesta de los granjeros pero para ser solidario. El es la historia exitosa de un agricultor letón que se modernizó "a la americana", no aceptó fondos de la UE salvo para reciclar los desechos de sus 120 vacas lecheras importadas de Holanda y en su granja trabajan los cuatro miembros de su familia, más una ordeñadora "part time". Nieto de granjeros deportados a Siberia por los soviéticos, comenzó su camino al capitalismo con una sola vaca y se fue extendiendo de a poco, hasta llegar a las actuales.

"Fuimos en solidaridad porque mi padre dice que muy pocos lecheros van a poder sobrevivir a esta crisis. No tienen el dinero para ser fuertes y poder mantenerse. Se han endeudado y tienen demasiado personal. Si quieren consolidarse, deben trabajar ellos, sin empleados y modernizarse", explicó Visturs Liepens, su hijo, que ahora ha puesto en la granja, junto a su hermano banquero, una empresa para hacer yogur y crema y distribuir casa por casa en Riga, para dar valor agregado a su producción. Pero no hay demasiados agricultores letones como los Liepens, sin una sola deuda.

El desencanto ante la UE es evidente entre los hombres de campo, hartos de que les impongan regulaciones costosas sin que les garanticen mercados ni se los abran. Están furiosos ante la idea de que se lleven su leche a Lituania, país vecino, y regrese a los supermercados letones costando aún menos que la leche nacional.

"Los agricultores letones son ciudadanos de segunda clase en la UE", explicó Uldis Krievars, lechero, formado en EE.UU. y vicepresidente de "Farmers Parliament", que ayudó a organizar el "tractorazo" sobre Riga. El promedio de subsidios en la UE demuestra que Letonia recibe 63 euros por hectárea y Francia 4 veces más, mientras Holanda se beneficia con 8 veces más por hectárea. El promedio de subsidios por hectárea es de 257 euros en el resto de Europa".

Los agricultores letones no sólo se han vuelto profundamente euroescépticos sino que acusan a sus políticos de ser más papistas que la UE, agregando a sus regulaciones exigencias propias que los llevarán inevitablemente a la bancarrota. Los granjeros ponen un ejemplo: se quedarán con sus inmaculadas instalaciones cubiertas de impecables mosaicos pero sin una sola vaca, porque el banco las incautará. Con estos costos y los actuales precios, ellos no pueden reembolsar los créditos.

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