Más leña al fuego

El conflicto de los médicos empieza a desnudar impericias y fallas en la gestión alperovichista. Malos augurios con la soledad de Yedlin y la confrontación del PE. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.
Hace más de 20 días, el gobernador advirtió que no eran momentos para hablar de política.

Por aquellos días, el diputado Gerónimo Vargas Aignasse había salido a mojarle la oreja al intendente de capital Domingo Amaya y al diputado nacional Germán Alfaro. Les recordó que él tenía intenciones de ser lord mayor de San Miguel de Tucumán.

"Son momentos de gestionar y de trabajar", espetó José Alperovich y los llamó a silencio a todos.

Este miércoles que ya es historia, el gobernador sentó a los intendentes del interior en el fondo de su casa y al calor del asador se puso a hablar de política.

Antes que nada aclaró que LA GACETA tiene la culpa de los dimes y diretes y que el diario quiere generarle internas con el "colorado". Amaya no dijo ni fu ni fa. Sólo disfrutó de la comida y de estar cerca del mandatario que además lo sacó a pasear en sus típicas visitas de obras. "José, ¿qué vas a ser en 2011?", fue el pie que le dio Sergio Mansilla, el hombre que le cuida la banca de senador al mandatario. Como el mejor actor y como si hubieran ensayado, Alperovich dijo: "seré gobernador". Fue la mejor forma de mantener a la tropa unida y de tranquilizar a intendentes, legisladores, concejales y delegados comunales que aspiran a la re-reelección. Pero, la verdad, es que Alperovich pasa por un grave momento de desorientación. El dice -les dijo a los intendentes- que los K retoman el rumbo y que el objetivo es llegar a marzo. La brújula está desequilibrada porque Alperovich todavía sueña con jugar en las grandes ligas nacionales, pero no sabe bien en qué equipo ni con qué camiseta.

Después de la escena teatral de la obra "la burra y José" surgió el tema que se va instalando en cada vericueto de la provincia: la protesta de los médicos.

Alperovich siguió sin salirse de su libreto. Quedó claro que la postura del Ejecutivo es dejar que los galenos se cansen, no aguanten y se derrumbe el reclamo.

Libertad condicional

"Todos hemos hecho algún nombramiento en el Siprosa, deberíamos actuar para descomprimir la protesta", se escuchó decir mientras servían carne. La idea de "pagar" por el cargo conseguido no fue censurada por los comensales. La propuesta se sumaría a una serie de acciones que tiene prevista la Casa de Gobierno para desgastar. Entre otras cosas están dispuestos a demostrar que los médicos no están cuando deberían estar y que su prestación es menor a la que corresponde.

Desnutrido político

Este conflicto se le fue de las manos al Gobierno. Comenzó como el reclamo de unos pesos y terminó desnudando internas dentro del Poder Ejecutivo, la desorientación del mandatario y, lo que es peor, empiezan a aparecer deficiencias en la administración de salud; incluso, llegó a desbordar a los directores de hospitales.

Al ministro de Salud lo mandaron a negociar un reclamo salarial con la billetera vacía y sin salidas. Alperovich se cansó de decir "no tengo plata" y "no sé, no sé". Esa inesperada, sorpresiva e increíble postura del titular del Ejecutivo no fue más que leña para avivar el fuego. Cada vez que Pablo Yedlin se sentó a negociar llevaba esta pesada mochila en sus espaldas.

Yedlin es, políticamente, un desnutrido agudo en la Casa de Gobierno. En el Ministerio de Gobierno se ufanan de haber aportado suplementos alimentarios para engordar los musculitos del ministro de Salud. Pero es el propio gobernador el que parece haber decretado la inanición ministerial. De lo contrario, no se explica la decisión de esperar y de dejar pasar.

Si hay un experto en este tipo de conflictos, ése es Edmundo Jiménez. Pero sus actitudes demuestran el desinterés por comprarse estos problemas. Muestra perfil bajo y no arriesga, seguramente porque las señales del gobernador no parecen claras. Las reacciones que se ven son chicanas o maniobras a las que se prestan algunos amigos del gobierno, pero no se encaran soluciones. Y, cada día que pasa, los médicos consiguen más apoyo.

¿Dónde quedó el Alperovich que se hacía cargo de cualquier conflicto y, obviamente, defendía a capa y espada a sus funcionarios? Yedlin, hasta ahora, no se queja pero transmite la soledad del muelle en el amanecer.

Yedlin carga además dos pecados originales. Uno es que su juventud y su historia no lo convierten en un caminador de hospitales. En segundo término, también lleva el sanbenito de ser el heredero del trono de Juan Manzur, quien subido en el pedestal de ministro de la Nación no se preocupó por aparecer ni poner la cara por su sucesor. Cuando pisó suelo tucumano, sus actividades tuvieron pinceladas políticas.

Un mal paso

Hasta el arzobispo puso la cara en el problema y la solución no apareció. Una derrota que no sólo padece Luis Villalba sino también los médicos y el Gobierno, porque se quedaron sin saber a quién implorarle una salida.

Los tiempos que se vienen van a ser conflictivos. No va a ser el primer problema para el alperovichismo. La realidad nacional preanuncia temporales.

El jefe del Ejecutivo tuvo una política idéntica en su pulseada con los abogados. Pero creer que las instancias son las mismas sería un grave error. La confrontación típica de Alperovich, en este caso, es un bumerán. Sin embargo los que merodean a su alrededor sostienen que no va a dar el brazo a torcer y que quiere demostrar que los médicos no trabajan todo lo que deberían. Los abogados atienden valores económicos, los galenos tienen vidas en sus manos. Eso explica por qué, de a poco, diversos sectores de la sociedad se suman en las protestas, cosa que no ocurrió en el reclamo de los letrados.

Para esta enfermedad parece que el gobernador está aplicando medicamentos truchos, de esos que investiga el juez federal Norberto Oyarbide. Lo curioso es que a nadie de su entorno le preocupe. Por miedos o por incapacidades para advertirle sobre los riesgos, los sijosesistas están dejando que su líder quede enredado en el laberinto.

Inesperadamente, la impericia y la subestimación se convirtieron en un cóctel letal que debería ser neutralizado cuanto antes. Los problemas con el campo y con Botnia que afronta todavía el Gobierno nacional tendrían que dejar experiencias para aprender.

Precisamente, desde el Uruguay lanzaron baldes de agua helada. Las palabras del candidato a presidente José Mujica cayeron muy mal en la Argentina. Sin embargo, los improperios y las ofensas son una copia casi textual de lo que suele escucharse en las charlas de café, y en las sobremesas domingueras argentinas. Son un calco de los comentarios anónimos que alimentan los más curiosos y encarnizados debates en los sitios on line. Esta vez lo dijeron con nombre y apellido, pero desde lejos y ofendió.

Algo parecido ocurre con el conflicto médico y en el oficialismo están predispuestos a ofenderse.

Comentá la nota