La Legislatura quedó atomizada

La pulverización política que afecta a la Cámara de Diputados, que desde ayer suma once bloques, complica el escenario para entablar cualquier posibilidad de consenso.

Para muestra de esta realidad vale un ejemplo. La aprobación del proyecto de ley pedido por el gobernador Celso Jaque para abreviar las licitaciones de obras públicas ha naufragado en deliberaciones durante dos meses y ahora el oficialismo depende de los seis monobloques para conseguir los votos que necesita para aprobar la ley que reclama Jaque.

La Cámara de Diputados tiene 48 miembros. Hay cinco bloques con varias bancadas cada uno –PJ afín a Jaque, peronistas concertadores, PD, CONFE y UCR– y seis monobloques; el que conformó Luis Orbelli (ex PJ); Néstor Piedrafita, del ARI; Mirta Díaz, de FISCAL; Ricardo Puga, de Proyecto Independiente Mendoza; Roberto Blanco, de la Concertación Plural, y el último, producto de la última fractura del PJ con la partida de Daniel Cassia hacia las filas del PRO, el partido de Mauricio Macri.

Esta fragmentación en las bancas se traduce en la diversidad de posturas que aparecen a la hora de tratar un proyecto. Y en este caso serán claves para el oficialismo al momento de intentar aprobar el vapuleado proyecto de modificación de la Ley 4.416 de Obra Pública.

Esto porque los bloques más numerosos de la oposición adelantaron ya en la sesión del miércoles el no rotundo al proyecto de Celso Jaque. Apuestan a mandarlo al archivo para dar un mensaje contundente de desaprobación. Con el “no” de por lo menos 24 legisladores el principal negociador de la ley, el presidente de la cámara, Jorge Tanús, apuesta todo a una sola jugada que se dividirá en dos partes.

Por un lado deberá convencer al Poder Ejecutivo para que desista del proyecto original que pedía manos libres para manejar obras sin licitación de hasta $7 millones y acepte la modificación que negociaron primero el propio Tanús y luego Roberto Blanco, bajando el monto pretendido hasta $1,3 millones.

Este pedido es necesario para cumplir con un tecnicismo legislativo. Como hasta el 1 de mayo la Legislatura permanece en el período extraordinario de sesiones, el cuerpo no puede discutir proyectos propios sino sólo aquellos que provengan del Ejecutivo. Por lo tanto sólo si Celso Jaque hace suya la iniciativa Tanús-Blanco podrá el oficialismo defender el nuevo proyecto y jugarse a tratarlo en el recinto. Es ahí cuando Tanús deberá poner en práctica la segunda parte de la jugada: apelar a los representantes de los monobloques para juntar los 25 votos que le permitan ganar la pulseada.

La maniobra más extrema para evitar que la ley termine liquidada sería reunir a los intendentes y exigirles disciplina para con sus legisladores, pero en el oficialismo calculan que esta alternativa es demasiado radical. Los propios opositores evalúan que “es difícil que los intendentes salgan a reclamar la ley directamente, es riesgoso para ellos. En realidad la ley nos les cambia el plan de obras. A ellos les interesa lo que tienen asegurado por presupuesto”.

Como contracara, el arco opositor mayoritario insistirá en archivar el proyecto original que pidió Jaque y evaluará si presta apoyo a la propuesta modificada por Tanús y Blanco. El objetivo es el escarmiento. "Le decimos no a Jaque, porque no acepta el diálogo", murmuran.

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