Las legislativas según K.

El ex presidente confía en ganar las elecciones de este año. Estima que el oficialismo sacará entre el 40 y el 42 por ciento de los votos totales del país. Descuenta que obtendrá el triunfo en Buenos Aires y no da por perdidas Córdoba ni Santa Fe.
Arrancó el 2009 y, como en todo año impar, las elecciones son la motivación principal para todos los políticos, incluido, por supuesto, el presidente del Partido Justicialista, Néstor Kirchner. Quienes lo frecuentan le escuchan decir que “las elecciones no están ganadas, pero vamos a ganar”. Y la estimación del porcentaje que sacará el oficialismo en el conteo general en todo el país coincide con sus deseos: entre el 40 y el 42 por ciento. Según las cuentas que se hacen en Olivos, esperan ganar con comodidad en la provincia de Buenos Aires. A las otras dos provincias que le siguen en importancia, Córdoba y Santa Fe, el oficialismo no las da por perdidas ni mucho menos, aunque no se sabe con qué dosis de realismo y con cuánto de entusiasmo.

- La candidatura de Kirchner en la provincia de Buenos Aires. El jefe del PJ sigue analizando esa posibilidad, aunque recién tomará una definición cuando el panorama esté más claro. Esa claridad se la darán los movimientos y alianzas que vayan conformando los sectores opositores y según lo que muestren las encuestas sobre propios y ajenos. Si a algún otro candidato del oficialismo le va a muy bien (por ejemplo, al jefe de Gabinete, Sergio Massa, que es quien mejor mide después de Kirchner) y alcanza para sacar una diferencia holgada, el ex presidente se excluiría. Si su figura es necesaria para un triunfo rotundo, Kirchner se pondría al tope de la lista. ¿Pero en qué lista? Para ir de candidato a senador, tendría que forzar la renuncia de Eric Calcagno y se la dejaría servida en bandeja a quienes acusan al Gobierno de poco apego a los usos republicanos. Si encabeza la lista a diputados, se le cerraría la posibilidad de abrir colectoras de sectores filokirchneristas que desconfían del PJ tanto como los peronistas desconfían de ellos. La transversalidad tardía, en cambio, podría colgar sus candidatos a diputados y concejales de la lista de Kirchner senador.

- Las alianzas en la Capital Federal. Es el tema de mayor debate interno en el kirchnerismo porteño, como informó Página/12 el lunes pasado. Hay sectores que quieren la mayor apertura posible, incluyendo a Aníbal Ibarra y Jorge Telerman, por ejemplo, ya que sostienen que sólo uniendo a todo el progresismo se puede terciar en la pelea de dos peso pesados como Gabriela Michetti y Elisa Carrió. Pero hay otros, entre ellos el propio Kirchner, que no estarían dispuestos a perdonar lo que consideran una mala jugada de Ibarra al abrirse en pleno conflicto con las cámaras agropecuarias.

- Fichas a Lole en Santa Fe. En el Gobierno se aferran a que en 2007 Cristina Fernández de Kirchner ganó las presidenciales en esta provincia, aunque perdió la gobernación a manos de Hermes Binner. Creen, además, que el reciente posicionamiento de Carlos Reutemann para las presidenciales de 2011 pueden atraerle votos extras en su candidatura a senador. Y, más allá de las convicciones, muestran las encuestas. La última que maneja el Gobierno indica que por ahora el ex gobernador aventaja a su probable rival, Rubén Giustiniani, por un 49 por ciento contra el 21. También confían en la creciente figura del presidente del bloque en Diputados, Agustín Rossi, que encabezará la lista de diputados. Es una de las provincias, por su marcado perfil agropecuario, en las que el Gobierno va a trabajar fuertemente para recuperar el terreno que perdió en la disputa con los dirigentes de ese sector.

- Doble vía en Córdoba. Al revés que en Santa Fe, en 2007 el oficialismo perdió allí las presidenciales (se impuso Roberto Lavagna) y ganó la gobernación en un ajustado y polémico final entre Juan Schiaretti y Luis Juez (que era apoyado por Alberto Fernández). Juez ahora se pasó a la oposición, pero su delfín y sucesor como intendente de la capital provincial, Daniel Giacomino, es contabilizado por el kirchnerismo como un aliado. De todas maneras, es imposible reunir a las dos expresiones (Schiaretti y Giacomino) en una misma boleta, por lo que cada uno probará suerte por separado.

- La oposición. En el oficialismo parecen ver como un gran aporte a la causa propia la falta de propuestas de la oposición. “Sólo tiran chicanas y denuncias. Me gustaría que los periodistas les pregunten a Carrió y a Macri qué harían para enfrentar la crisis internacional o qué opinan del conflicto en Gaza, por ejemplo. No tienen ni idea”, le decía a Página/12 un alto funcionario de trato diario con la Presidenta y con Kirchner. De todas maneras, dentro del oficialismo hay quienes aconsejan no subestimar a la oposición. “Los que quieren votar en contra de nosotros van a votar a cualquiera o al que nos pueda hacer más fuerza en todo caso. No se van a andar fijando en propuestas ni nada por el estilo, y menos en una elección legislativa.” Otro dato que evalúa a su favor el oficialismo es la difícil justificación para armar alianzas, por ejemplo, entre Carrió y Eduardo Duhalde (que en la provincia de Buenos Aires sería entre Margarita Stolbizer y Francisco De Narváez). Sí, en cambio, ven más factible una entente entre Carrió y Mauricio Macri, pero en ese caso no creen que el sector del socialismo aliado a la Coalición Cívica acepte uniones con el PRO.

- La crisis. Es el elemento extrapartidario que va a jugar fuerte en la campaña. En la destreza que muestre el Gobierno para enfrentarla recaerá buena parte de sus chances electorales. En Olivos sostienen que la Presidenta está muy bien posicionada entre las clases bajas y medias bajas y que está repuntando de a poquito entre la clase media, que le había quitado en gran número su apoyo durante el conflicto con las cámaras agropecuarias. Dicen que su presencia y su actividad van a ser muy fuertes este año y que eso puede convencer a algunos sectores de la clase media de “que no voten en contra de sus propios intereses”.

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