Leer bajo el agua

Por Mario Wainfeld

Nadie dirá que ese tiempo pasado era mejor, pero en el entrevero por las retenciones móviles era más fácil desentrañar el saldo de las reuniones. La pugna a todo o nada simplificaba los resultados: blanco o negro y a otra cosa.

Ahora, con una mesa de negociación instalada y el Gobierno arbitrando medidas permanentemente, es forzoso leer entre líneas... salvo que usted, como la cadena privada de noticias, embuche sin espíritu crítico el mensaje (cada vez más equívoco e intrincado) de la Mesa de Enlace.

Ahora hay una paritaria que jamás cerrará, a la que se añadirán nuevos items cada semana, signada por el antagonismo de las partes. Ayer era, para los ruralistas, el momento de poner distancia, máxime después de los aprietes de Alfredo De Angeli en la semana pasada. Eduardo Buzzi estará hinchado de su pressing, pero sigue siendo conducido por el piquetero multiuso entrerriano.

Así que en las conferencias de prensa sucesivas, los ruralistas remarcaron las distancias y las demandas planteadas para que luego los ministros enumeraran las acciones puestas en marcha, con sus costos fiscales.

Si se repite el minué acostumbrado, los ánimos se soliviantarán más en los días venideros, en los intercambios de declaraciones a los medios. Quejas por un lado, enumeración de medidas por el otro: ésa es la nueva rutina, en la que las contrapartes perseveran. Las tratativas se mantienen, de un lado, porque el Gobierno revisa (en sus actos, aunque no en sus dichos) su cerrazón del pasado y la falta de sofisticación de sus políticas. Del otro porque las patronales agropecuarias asumen (sí que puertas adentro) que hay acciones conducentes, pero no tienen interés en bajarse del caballo que galopa hacia las elecciones.

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Retención de sólidos: Con avances más sutiles que en las dos tenidas previas, los ruralistas pusieron sobre la mesa otro pedido “de mínima”: la supresión de las retenciones a trigo, maíz, girasol y lino “ya que el Gobierno no quiere hablar de la soja”. La praxis convalida lo expresado antes en este diario: las retenciones al yuyito no son para el conjunto del sector, como antaño, la contradicción principal, ni la primera urgencia. Son el punto menos acuciante en el contexto general, aunque no dejan de ser prenda de unidad o “bandera” irrenunciable como refrescó Buzzi.

Tal el espíritu de la paritaria imposible: consensos provisorios, a la espera de octubre. Tal vez y sólo tal vez, el Gobierno apele a la baraja de una disminución –no una supresión– de retenciones (lino y trigo) para el cónclave del martes que viene, cuando ya se sepa quién reemplazará a Riquelme en la Selección. Funcionarios del gabinete admiten sotto voce que el aporte fiscal no es tan grande y que un alivio impositivo podría incentivar la producción para el año que viene, distendiendo a los productores respectivos.

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Novedades bajo el agua: Más allá de lo ostensible, hubo dos mensajes interesantes, emitidos por Buzzi en la conferencia de prensa. El primero fue alertar contra el apresuramiento de varios partidos opositores por promover un proyecto de ley referido a las retenciones móviles. El segundo: cuando convalidó medidas de fuerza que le fueron impuestas por los autoconvocados y pidió la flexibilización de las leyes laborales que protegen a los trabajadores del campo. Dos señales que ameritan un acápite cada una, vamos al primero.

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El campo impopular: El titular de la Federación Agraria (FA) puso paños fríos cuando se le preguntó sobre el pedido de sesión en el Congreso instado por el Frente del Rechazo. Fue cauto en las palabras pero nítido en la señal: al menos a esa entidad no le convence el rejunte opositor, la falta de acuerdos sobre el alcance del proyecto. Y también recalcó la ausencia del SI y de Claudio Lozano de la batida, cuyo tono de derecha es difícil de disimular. Agradeció la cooperación de los dirigentes políticos, aludió concretamente a “Lilita Carrió”, quien lo desautorizó bastante tras la firma de los cuatro papelitos. Pero las caricias no ocultaron que hay ruido entre el entusiasta rejunte opositor y la FA. Al menos a hoy. Esta historia continuará, en cosa de horas.

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El estatuto del peón: En otro tramo, Buzzi acusó recibo de un telefonema de De Angeli. Transmitió que un grupo de productores de Monte Caseros había reaccionado ante inspecciones del Ministerio de Trabajo y tenían cercados a los inspectores. La apología de la violencia fue saludada con un aplauso de los circunstantes. Buzzi, sonriente, abogó luego por “la flexibilización” de las leyes laborales, considerando las características del trabajo temporario. En verdad, las normas que distinguen al trabajo temporario existen hace décadas, aunque las patronales del campo no gustan mucho de respetarlas. Tal como informó este diario el 20 de abril de 2008, es ése el sector productivo con mayores marcas de trabajo informal y explotación infantil, por paliza y demolición. Un aspecto ajeno a las preocupaciones de muchos medios y cronistas, que tampoco se interesaron en ese aspecto ayer. Buzzi intentó edulcorar esa tradición explotadora con alusiones a la intangibilidad de los derechos de los laburantes.

De Angeli, frente a micrófonos amigables que no le preguntaron hasta dónde habían llegado sus amigos con la acción de prepo, fue más franco. Confesó que se oponen a las leyes vigentes, que hace años que vienen pidiendo su reemplazo y que su paciencia fue desbordada. Y pasó del pedido a la patota, sin escalas, en su celebrado estilo.

No se sabe a estas horas si Gerónimo Venegas, el dirigente gremial del sector que acompaña a los patrones como si fuera un mix de don Segundo Sombra y el Tío Tom, tiene pensando recoger el guante. El Momo, autor de la campaña macartista “No jodan con Perón” contra la investigación judicial de los crímenes de la Triple A, es la pata obrera del PRO peronismo.

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Aprontes: Como es ya rito, en la mañana los dirigentes del “campo” calentaron el ambiente con declaraciones: Hugo Biolcati llamó “cuatro papelitos” a los acuerdos que firmó con el Gobierno, apenas para empezar. Algunos motivos previos de encono se disiparon durante la reunión: a la salida el propio presidente de la Sociedad Rural y Eduardo Buzzi aceptaron que los decretos del Ejecutivo referidos al acuerdo respetaban su esencia y apenas contenían algunos errores materiales que la ministra Débora Giorgi se comprometió a corregir.

De todas formas, el entrenamiento a puertas abiertas dejó entrever cuál sería la táctica del equipo visitante durante el partido.

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Bronca y tilo: Los ministros que llevan la negociación y Juan Carlos Cheppi hacen un culto del tono moderado, dentro y fuera de las reuniones. Randazzo lo mantuvo cuando replicó ante los periodistas los reproches de los ruralistas. Puertas adentro, cundía la bronca entre los funcionarios. “Fue una cosa adentro y otra al salir. Se conversó bien, se aclararon muchos puntos. Llambías nos chicaneó pidiendo que diéramos quórum para discutir el proyecto opositor; le comentamos que es un recurso parlamentario usual (muy usado en nuestra contra) rehusarlo. Insistió, se la dejamos pasar. Se mantuvo la conversación constructiva y técnica. Pero a la salida cambiaron todo”. “Mintieron por omisión, sin decir una palabra sobre los 18 proyectos de emergencia agropecuaria provinciales que se publicarán en el Boletín Oficial en cuestión de días”, añade un confidente oficial. “Se victimizan, nos ponen plazos perentorios para el próximo martes”, hace el inventario y sospecha alguien que suele emanar calma.

El primer reflejo en la Casa Rosada es no entrar en la espiral de cuestionamientos, “si quieren romper, que rompan ellos”.

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Final abierto: Para variar, se vienen días densos. Habrá celebraciones por el aniversario del inicio del conflicto por la Resolución 125, se alardea sobre la posibilidad de cortar rutas. Ayer hubo un primer intento en el puente entre Corrientes y Chaco. El abuso de la acción directa se repite con frecuencia, ayer fue el turno en Monte Caseros y loado en el local de CRA. Es una amenaza cierta, que redondea la táctica dual de los ruralistas: el mensaje republicano, condimentado por bloqueos, lockouts, agresiones físicas o tomas de bancos. La oposición de centroderecha y un discurso mediático extendido minimizan esos abusos o los justifican aludiendo a “la bronca” de los productores, otra excusa para legitimar la justicia por mano propia.

Con todos esos vaivenes, hay cita para el martes que viene. Preservar el ámbito es un objetivo interesante que debería comprometer a todo el espectro político. Garantizar la gobernabilidad y el respeto a un gobierno democrático, también. En estos días, como en los peores momentos del año pasado, hay unos cuantos actores protagónicos que no parecen comportarse en consonancia con deberes tan sencillos.

Un mínimo común denominador de intereses y la convicción compartida de que quebrar la negociación sería mal visto por la opinión pública mantienen en pie la temblequeante mesa. Hasta cuándo, vaya a saberse.

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