Lectura de fin de semana Quilmes, la crisis mundial; 600 mil personas y más de un millón de pesos diarios de presupuesto básico.

En un aporte pensado para las organizaciones sociales y empresarias, amenazadas por el avance de la crisis y los cambios mundiales, Francisco Ingouville, ofrece una interesante mirada que titula "herramientas para capear la crisis".
Se puede aprender de las centurias romanas:

Su éxito residía en el equipo, no el individuo. Una crisis se parece a una batalla. Y los romanos operaban en ellas con la meticulosidad del cirujano. Las centurias avanzaban cubiertas de escudos por frente, por los costados y por arriba, inexpugnables y armónicos como un armadillo.

La coordinación y cumplimiento del deber de cada uno de los integrantes era fundamental para proteger al equipo entero. Un acto heroico individual, fuera de lo previsto por la táctica, hubiese desequilibrado el conjunto.

Mi escudo cubre tu cabeza, el tuyo cubre nuestros flancos y, el de él, cubre nuestros tórax.

A los soldados que formaban en primera fila se los rotaba en plena batalla evitando el agotamiento y desgastando al enemigo que no tenía esta coordinación de recambio.

Cuando la crisis haya pasado, estaremos económica, social y moralmente donde nuestras acciones nos hayan llevado.

Por eso conviene aprender de las legiones romanas.

■ Actuar con calma.

Un acto intempestivo desorganiza la estrategia. Pero cuidarse bien de no confundir actuar calmadamente con no actuar. El estado físico de las centurias romanas era notables. Se ponía gran énfasis en su entrenamiento y se esperaba un enorme desempeño tanto en desplazamientos tácticos como en la batalla misma. Pero las buenas estrategias y tácticas no se improvisaban. Por eso hay que pensar con tiempo y actuar con decisión. Todo el equipo percibirá esa seguridad y trabajará con la moral alta.

■ Armonizar intereses del individuo y la organización.

El soldado cuida la centuria y la centuria cuida al soldado. Se debe recurrir a las enseñanzas de la negociación ganador-ganador.

No hay que ver una incompatibilidad entre los reclamos de unos y las necesidades de la otra. Se tiene que fomentar la confianza y el diálogo sincero. Hay que hablar primero de los objetivos compartidos. Es necesario intentar pasar de posiciones a intereses y pensar juntos en opciones que satisfagan los intereses de ambos.

Es ideal fomentar la creatividad en equipo. El mayor factor de éxito en las negociaciones es la convicción de las partes de que juntas lograrán una solución. Si los romanos no la hubiesen tenido, la centuria se hubiese parecido más a un lechón que a un armadillo.

■ Lo que une a los miembros es la confianza y la comunicación.

Los romanos eran grandes oradores y sus arengas tan importantes como las armas. Para que el equipo funciones se debe recordar los valores y los códigos que le dan su espíritu. Además de con los líderes, la empresa necesita practicar el dialogo horizontal, consensuar la visión de la realidad, de riesgos y oportunidades, y cómo manejarlos.

■ Cuidar al otro.

Una persona puede trabajar mejor cuando los demás la cuidan y apoyan. El soldado romano podía asestar el puntazo, porque todo el equipo lo protegía. En la práctica, el feed back, la comprensión y el apoyo son vitales. El stress viene más de la soledad, la frustración y la incertidumbre que del trabajo excesivo.

■ Más importante que el desempeño individual es el grupal, pero ¿quién se ocupa de eso?

En la centuria romana, el centurión. En la empresa: ¿quién evita que ante el miedo se armen bandos, intrigas y cabildeos que alejen la concentración de los objetivos comunes?.

El CEO debe resistir la tendencia natural de concentrar poder, muy común en crisis. Debe apoyarse en RR.HH y pedir consejos o estrategias. Un asunto tratado en equipo y profesionalmente, da mejores resultados que una improvisación.

A los romanos les sirvió para construir un imperio. Del mismo modo, si revisamos, con la perspectiva que nos ofrece la historia, podremos descubrir cuanto influyeron los excesos y abusos, es decir la falta de apego al bien hacer, a la hora de su caída.

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