La lección de Rivas, el diputado testimonial

Por Fernando Gonzalez

Tenía que haber una bocanada de oxígeno en medio de las miserias políticas que depara la campaña electoral. La asunción de Jorge Rivas como diputado nacional, tetrapléjico desde hace un año y medio tras haber sido golpeado salvajemente por una banda de delincuentes en el Gran Buenos Aires, le dio un respiro a una sociedad agobiada por estadísticas económicas falsas, candidatos que se proponen a cargos que jamás van a asumir y discusiones que nunca van al fondo de las urgencias ciudadanas.

Rivas se sobrepuso a la tragedia y nos da ahora una lección de vida. Ocupará su banca de legislador para hacerla valer con su alma, con su vista y con algo de su tacto, los sentidos que apenas puede usar debido a uno de los tantos episodios de inseguridad que, afortunadamente, no terminó con su existencia.

Los hijos, la esposa y los amigos de Rivas le dieron ayer al Parlamento –y a la política argentina de los últimos tiempos– una dimensión humana que hacía tiempo no se veía en el ejercicio áspero del poder.

De ese testimonio conmovedor que se vio en el Congreso deberían aprender tantos candidatos de compromiso escaso que se proponen para una función en nombre del pueblo que nunca van a honrar.

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