Lealtades y refunfuños

Por: Norberto Firpo.

Todo el mundo guarda recuerdo de la sarta de lisonjas que don Kirchner -en adelante, el Marido- supo tributar a Carlos Menem.

Todo el mundo tiene presente que no menos encomios prodigó a Eduardo Duhalde, mediante una pringosa tracalada de abrazos, palmoteos y cumplidos, sobre todo a contar del álgido momento en que Duhalde lo rescató del céfiro patagónico y lo consagró candidato presidencial.

Un poco absorto, todo el mundo lo ha escuchado, tan irascible como de costumbre, discurrir acerbamente contra el vicepresidente Julio Cleto Cobos (en adelante, Rh No Positivo) y contra muchos otros ex correligionarios que huyen del kirchnerismo, a los que endilga este aforismo: "No sé por qué traicionan? El que traiciona una vez, traiciona siempre".

Parece evidente que el ínclito hacedor del Frente para la Victoria desconoce (o ha olvidado) que la política niega el significado que la Real Academia Española concede a la palabra "traición".

El mataburros respectivo dice que comete traición quien quebranta la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener, y que el delito de traición a la patria involucra a ciudadanos civiles y militares que prestan favores al enemigo.

En la gelatinosa materia política, siempre tan versátil y macarrónica, siempre tan frívola y zafia, el significado de "traición" no se compadece con la irrisoria disposición que muestran muchos políticos y que consiste en mudar, alegremente, de camiseta partidaria.

Nadie tiene obligación de mantener militancia activa en tal o cual partido; nadie debe verse forzado a ser fiel y leal -para siempre- a tal o cual corriente partidaria, entre otras razones, porque la ideología de los partidos políticos es habitualmente casquivana, se acomoda a la orientación de los vientos populares, se adecua a las oportunidades y circunstancias. Los Kirchner y sus más cercanos prosélitos no deberían ignorar que el peronismo ha sido siempre muy sensible a las oportunidades y circunstancias, y que por eso no hay en la historia patria un partido (o movimiento) más veleta. De modo, compañeros, que no cometan la ligereza de motejar de traidor a cuanto peronista aparentemente descarriado se aparte del actual rebaño oficialista, acaso arrepentido o avergonzado de haber suscrito la infusa teoría de la transversalidad.

Con su verba inflamada -un poco aflautada, a veces-, el gran promotor de las candidaturas testimoniales gusta arremeter contra su polícromo ramillete de adversarios, individuos a los que considera "destituyentes", o sea, en el lenguaje de los políticos, vulgares golpistas. Caramba: sólo una lengua ágil, bien entrenada para la diatriba, puede inferir semejante exabrupto.

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