Lavagna, el regreso

Roberto Lavagna volvió a acercarse al calor del peronismo. Retomó sus conversaciones con Eduardo Duhalde, le regala consejos económicos al gobernador Daniel Scioli cada vez que se los pide, y hace dos semanas se reunió con el jefe político del PJ porteño, el kirchnerista Víctor Santa María, para hablar sobre la posibilidad de que se involucre en la reconstrucción del peronismo en la Ciudad.
El economista mantiene, sin embargo, un perfil bajo. Cree que no es momento para críticas destructivas, sino para observar y analizar los últimos movimientos del matrimonio Kirchner en el Gobierno, en silencio y a lo lejos.

Esta semana pasó sus días en San Pablo, donde participó de un encuentro junto al ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega. Y el lunes volverá a esa ciudad, invitado por la poderosa FIESP (Federación de Industrias del Estado de San Pablo).

A Lavagna le sienta el poder, le gusta, lo disfruta ….,tanto como una buena milanesa con mucho ajo y perejil, su plato preferido.

De la mano del entonces ministro de Economía José Gelbard, en 1973 manejó la Dirección de Política de Precios, durante el último gobierno de Juan Domingo Perón.

Renunció días antes del golpe de Estado de 1976, y se recluyó durante esos años en Ecolatina, la consultora que fundó y que es hoy referente de su sector.

En los ‘80, se acercó a Antonio Cafiero, pero a pesar de su camiseta peronista terminó votando a un radical en el regreso de la democracia. Raúl Alfonsín lo cautivó tanto como para convertirse en su secretario de Industria en 1985, cuando el bipartidismo aún marcaba el ritmo de la política en la Argentina.

Pero Lavagna no sólo sabe fluir en el poder, sino que también huele el aroma de su decadencia. Por eso, en 1987 se fue del gobierno alfonsinista, en desacuerdo con la gestión de Juan Sourrouille.

Regresó a Ecolatina y se opuso desde allí al menemismo en los ‘90, hasta que se acercó al Frepaso de Carlos Chacho Alvarez y asesoró a los equipos de campaña de la nueva Alianza. Paradojas de la política, en 1999 no votó al candidato peronista Eduardo Duhalde, sino al radical Fernando de la Rúa.

Y como apostó a ganador, De la Rúa lo compensó con la embajada argentina ante la Unión Europea. Quería volver a Bruselas, donde 30 años antes había llegado un día, gracias a una beca para estudiar Econometría. En las callecitas belgas conoció a su actual esposa, Claudine Marechal, una estudiante belga con quien se casó en 1970 y tuvo 3 hijos.

Nacido en 1942, en la ciudad de Buenos Aires, Lavagna es producto de la escuela pública e hijo de una familia de clase media nada acomodada del barrio de Saavedra. Su padre, Angel Juan, era obrero tipógrafo y su mamá Blanca, ama de casa. Pasó su adolescencia en el Comercial José Manuel Estrada de Morón, a donde se mudó la familia.

Desde la embajada en Bruselas, observó atónito el proceso de derrumbe de la Argentina en 2001. No pasó demasiado tiempo hasta que recibió la llamada de Eduardo Duhalde, aquel candidato que no había votado años antes. Pero aceptó la oferta y el 26 de abril de 2002 juró como ministro de Economía del gobierno de transición del bonaerense.

Quiso ser presidente en el 2003, pero el peronismo no terminó de digerir sus idas y vueltas con el radicalismo en el pasado. Néstor Kirchner lo confirmó en Economía a regañadientes, hasta que ganó sus votos propios en 2005 y lo echó como uno de sus primeros actos de independencia política.

Fue tentado luego por el kirchnerismo para ser candidato porteño, pero no aceptó. Prefirió volver a sus antiguas simpatías con los radicales, aunque esta vez no le fue tan bien. En 2007 la UCR no tenía un líder con el carisma suficiente como para pelear la Presidencia, y Lavagna no tenía un partido detrás capaz de enfrentar a los Kirchner. Así nació UNA (Una Nación Avanzada), una sociedad por conveniencia que llevó a los radicales a apoyar por primera vez en su historia a un candidato peronista en elecciones a presidente.

Fue la confluencia de dos estilos que chocaron de inmediato, a pesar de los planes a largo plazo y los pocos actos en conjunto que compartió con los boina blanca.

En octubre de 2007, Roberto Lavagna obtuvo 3.290.320 votos (16,89%), el tercer lugar, luego de Cristina Kirchner y Elisa Carrió. Y al otro día se divorció sin palabras del radicalismo.

Tres meses después, el hasta ese momento opositor Lavagna se sacó una foto en la puerta de la Quinta de Olivos con Néstor Kirchner. El motivo del encuentro era la reorganización del peronismo, pero ese regreso no prosperó.

Desde entonces, el economista decidió reconstruir la relación con quien en definitiva lo lanzó al estrellato. Volvió a su esencia duhaldista y a quienes fueron sus amigos en las épocas en las que gobernaba el bonaerense, como Daniel Scioli. Y, en los hechos, hay varios lavagnistas trabajando en el gobierno de la provincia.

"Está pensando en estrategias nacionales, en los grandes temas", le dijo uno de sus colaboradores a Weekend.

Lavagna piensa en políticas de Estado, pero también espera. Cree que Duhalde es el único que puede rearmar al partido, que hay que tomar distancia pública, pero estar atento. Espera y sueña con volver a palpar, una vez más, el poder. z we

El observador

*Retomó sus conversaciones con Eduardo Duhalde y le da consejos económicos al gobernador bonaerense Daniel Scioli.

* Quiere mantener bajo su perfil, mientras analiza los últimos movimientos de la pareja presidencial.

* No descarta involucrarse en la reconstrucción del peronismo porteño.

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