El largometraje del poder muestra escenas de kirchnerismo explícito

Por Walter Brown

Uno viaja por el mundo. El otro ejerce el poder. Tal como lo soñaron apenas un año atrás, cuando cumplieron con la ceremonia del traspaso de la banda presidencial, el matrimonio Kirchner se da el gusto por estas horas de moverse en el terreno en el que más cómodo se siente. Cristina, frente a las cámaras, en el desarrollo de las relaciones internacionales. Néstor, tras bambalinas, en el control del Gobierno y la sujeción del aparato partidario.

Sobre el cierre del año, cuando las urgencias políticas y financieras se sienten con mayor fuerza, las escenas de kirchnerismo explícito se suceden sin pausa. La Presidenta acumula millas con sus periplos por Estados Unidos, África, Chile, Rusia y, la semana próxima, Brasil, que alterna con los lanzamientos de medidas ancladas en la fórmula preferida por el universo K: control de precios + créditos al consumo + obra pública = Navidad feliz.

Su esposo se rodea del Gabinete, la CGT, los gobernadores y los legisladores que aún le responden para prometer el pago de la deuda, confrontar al campo y la prensa, bajar línea sobre el futuro electoral del oficialismo y, fundamentalmente, hacer que los anuncios de la mandataria transiten sin sobresaltos por el Congreso.

Lejos parece hoy el voto “no positivo” con el que Julio Cobos sacudió la estructura política del tándem presidencial, al punto de hacerlos pensar en un alejamiento extemporáneo del poder. Aquel trago amargo llevó al ex presidente a redoblar el rigor con el que vigila que sus indicaciones se cumplan al pie de la letra. Voto por voto, fue asegurándose la aprobación del paquete anticrisis en Diputados, para evitar que las críticas opositoras al blanqueo de capitales agriete la mayoría oficialista. Lo mismo hará con los senadores, a quienes siguió de cerca para conseguir la extensión de la emergencia económica y el impuesto al cheque. Todo bajo un control cada vez más cerrado, aunque ello signifique perder aliados. En definitiva, es el único escenario en el que el kirchnerismo se siente fuerte.

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